Antonio María Valencia

Antonio María Valencia
Información
Nombre Antonio María Valencia Zamorano
Fecha de nacimiento 10/11/1902
Nacionalidad Colombiano
País de nacimiento Colombia
Ciudad de nacimiento Cali
País de fallecimiento Colombia
Ciudad de fallecimiento Cali
Fecha de fallecimiento 22/07/1952
Profesionales Música - Schola Cantorum, París.
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Músico y compositor vallecaucano (Cali, noviembre 10 de 1902 - julio 22 de 1952).

Biografía

Antonio María Valencia era hijo del chelista y pedagogo musical Julio Valencia, de quien recibió una esmerada educación artística y musical, fruto de lo cual recibió a los catorce años una beca por parte del Conservatorio Nacional, beca que no utilizó pues prefirió profundizar en sus estudios. Ya por esa época, el talento de Valencia asombraba a cuantos oían sus interpretaciones pianísticas, dada la precocidad y la profundidad con que expresaba su arte en tales interpretaciones.

Algunos años más tarde, en 1923, Valencia viajó a Europa para proseguir sus estudios. En París, en la famosa Schola Cantorum fue admitido con honores. Una lujosa nómina de profesores conformó en derredor suyo una bien cimentada educación que potenció su enorme talento: estudió composición con Vincent D'Indy; piano superior con Paul Braud; contrapunto con Paul Le Flem; armonía y dirección de conjuntos vocales e instrumentales con Louis Saint-Requier; música de cámara con Gabriel Pierné; orquestación con el famoso músico español Manuel de Falla.

La educación musical de Valencia se complementó de una manera sólida pero sin la rigidez que le impidiera apreciar los avances del campo musical de aquella hora, representados en las audacias del impresionismo y del expresionismo, para entrar en el ámbito del genial Debussy y comprenderlo a cabalidad, de la misma manera que a Albert Roussel y, sobre todo, a Gabriel Fauré, cuya obra ejerciera tan marcada influencia en la de Valencia.

Vida profesional

Al recibir su grado de concertista de piano y de profesor, Valencia recibió la oferta de la Schola Cantorum para que se quedara allí como profesor de piano. Fue un altísimo honor, que Valencia declinó, con base en su convicción de regresar a Colombia para dedicarse a enseñar y a difundir los conocimientos adquiridos en beneficio del desarrollo de la música del país. Antes de regresar, Valencia se presentó en una serie de conciertos que tuvieron como escenario al propio París, el sur de Francia y gran parte de España. Fue gira plena de éxitos y donde su nombre quedó consagrado como uno de los más grandes intérpretes del momento.

Una vez en el país, se presentó en varios escenarios recibiendo el testimonio de admiración de sus conciudadanos, que apreciaron en él sus extraordinarias virtudes y la grandeza de su arte. Después fue nombrado inspector de estudios en el Conservatorio Nacional. Allí Valencia intentó adelantar esa labor que se había propuesto desde Europa, pero su afán y dedicación se estrellaron contra un sinnúmero de dificultades que impidieron cualquier avance. Entonces decidió trasladarse a su ciudad natal, donde después de ingentes esfuerzos y de constantes desvelos, fundó el Conservatorio de esa ciudad, que con el tiempo llevaría su nombre. Era el año de 1933. Tres años más tarde, fue nombrado director del Conservatorio Nacional, cargo que aceptó y ejerció por año y medio, lapso durante el cual llevó a cabo una completa reorganización tanto a nivel técnico como docente. Después Valencia sirvió como inspector general de Bellas Artes para todo el país.

Pero su labor fundamental, la de compositor y pedagogo, absorbió gran parte de su vida hasta que la muerte lo sorprendió intempestivamente, cuando se hallaba en plena actividad y en ejercicio de sus talentos de artista. Era el 22 de julio de 1952. El gran pianista y compositor tenía cincuenta años.

Su obra

La obra de Antonio María Valencia es abundante y variada; en ella se pueden ver fundidas las dos tendencias que caracterizan la problemática de la música culta colombiana, universalismo y nacionalismo, que en Valencia alcanzan alto grado de expresión en dos de sus obras más representativas: el trío Emociones caucanas y la Misa de Réquiem escrita en homenaje al poeta Guillermo Valencia.

En su adolescencia, Antonio María Valencia compuso algunas canciones, entre las cuales se recuerdan Desolación, danza para canto y piano con texto del poeta Andrés Villarraga, Canción de Mayo y Arrurrú, soneto lírico para canto y piano. La creación de Valencia como compositor serio se inició en París, después de haber completado sus estudios de piano. En París escribió dos melodías para canto y piano, de las siete que completarán esta parte de su producción. Ai-je fait un réve? y Est-il mort? se titulan las dos primeras y están escritas sobre textos de Heine y Francis Carco.

Las restantes se basan en textos de Otto de Greiff y llevan por título Tres días hace que Nina, Iremos a los astros, La luna sobre el agua de los lagos y Tarde maravillosa. En lo que se refiere a sus obras corales de carácter religioso, Valencia compuso inicialmente un motete: O vos omnes para cuatro voces mixtas, al cual siguieron siete obras más. Un Avemaría para sopranos, contraltos y tenores; el Domine, salvam fac Rempublicam para coro mixto y órgano; la Invocación a Santa Luisa de Marillac para coro mixto a capella; el Credo Dramático para cuatro voces mixtas y órgano; la Misa breve de Santa Cecilia para cuatro voces mixtas a capella; el Himno Eucarístico para coro mixto, órgano y orquesta; y su famosa Misa de Réquiem para coro mixto a capella, escrita en 1943 y cuya primera audición tuvo lugar durante el sepelio de GuiIlermo Valencia en Popayán, por la Coral Palestrina, dirigida por el autor.

Sus obras corales de carácter profano comprenden las Coplas populares colombianas para cuatro voces mixtas a capella con interludios de piano. Las Canciones indigenistas para coro a cuatro voces mixtas y que se divide en las partes siguientes: Huanuco (Perú), Hawari (canto de amor) para soprano solista y coro de cuatro voces, Kunanti-tutaya(Perú), para tenor solista y coro a cuatro voces solistas, Soy peregrino (Cuenca-Ecuador), para tenor, solista y coro a tres voces iguales, y Pastoral (Bolivia) para soprano, flauta y coro de sopranos, contraltos y bajos.

Otras obras de esta parte de la producción de Antonio María Valencia son el Madrigal ingenuo para coro mixto a capella, cuyo texto se basa en una copla popular, y la Canción del boga ausente para cuarteto vocal, coro mixto a capella y maracas, cuyo texto es un poema de Candelario Obeso, sobre el cual Valencia realizó una extraordinaria interpretación.

Las obras para piano que Valencia tocaba magistralmente y conocía a la perfección, comprenden dos escritas en París: Ritmos y cantos suramericanos números 5 y 8, en cuyo fondo laten el folclor y la temática de la música popular latinoamericana.

Ya en Colombia, el compositor escribió la Chirimía y bambuco sotareño, Berceuse, el Bambuco del tiempo del ruido, Alba fresca y la Sonatina boyacense. La música de cámara está representada en la obra de Antonio María Valencia por el Dúo en forma de sonata para piano y violín; la Égloga incaica para flauta, oboe, clarinete y fagot; la Canción de cuna para violín y piano; y el trío Emociones caucanas para piano, violín y chelo, que se desarrolla en cuatro movimientos: Amanecer en la sierra (Paisaje vallecaucano), Pasillo (Danza suramericana), Interrogante (Lento expresivo) y Final (Fiesta campesina).

En 1942, Antonio María Valencia escribió una obra orquestal basada en su Chírimía y bambuco sotareño dividida en tres secciones: Introducción: moderato marcial; Bambuco: vivo y entusiasta, y Final: muy lento y lejano, lento y presto. La partitura incluye un flautín, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes en si bemol, dos fagotes, dos cornos en fa, dos trompetas en do, tres trombones en do, timbales, piano y quinteto de arcos.

La parte de la obra musical de Valencia que se refiere a la instrumentación y arreglos contiene una orquestación de la Petite Suíte de Claude Debussy, un arreglo para coros y orquesta de la Misa solemne en la mayor de Cesar Frank, una reorquestación del Réquiem de Gabriel Fauré y una transcripción para orquesta del Scherzo-Torbellino del violinista colombiano Ismael Posada Franco.

Para el crítico Andrés Pardo Tovar, la obra musical de Antonio María Valencia halla su más refinada expresión en dos de sus partituras: El trío Emociones caucanas, del cual dice que es su más feliz formulación en lo que se refiere al nacionalismo musical, pues es sin duda una obra maestra, profundamente sincera, admirable, equilibrada y plena de sugerencias poéticas.

En lo que se refiere a su Misa de Réquiem, Pardo Tovar opina que la fusión de los sentimientos y de las técnicas musicales de la alta Edad Media y del Renacimiento avanzado, se logra dentro de un ámbito de exquisito refinamiento que revela plenamente al artista contemporáneo, nutrido de sabias y secretas intenciones retrospectivas.

En cuanto a sus preocupaciones pedagógicas, Valencia escribió el texto titulado Breves apuntes sobre la educación musical en Colombia, producto de sus experiencias en el campo de la enseñanza y de su preocupación por mejorar el nivel de la música colombiana [...]

Intérprete y pedagogo

Como intérprete, como compositor y como pedagogo, Antonio María Valencia puso cimientos muy serios y duraderos al desarrollo de la música colombiana y, como dijo Andrés Pardo Tovar en palabras emocionadas con motivo del homenaje que se le rindió al maestro vallecaucano en junio de 1948: “Porque a semejanza del gigante que robó a los dioses el fuego sagrado para iluminar y redimir a los hombres, el artista vallecaucano ardió en su propia llama para sensibilizar el ambiente nativo y para revelar a sus gentes la existencia de un reino ideal, donde impera la belleza sonora y encuentran su clave nuestros secretos anhelos”.

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