Calima

Calima: la gente y el oro en la Región Calima

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Las colinas del alto y medio río Calima y la parte plana del río Cauca, en el Valle del Cauca, guardan vestigios de casi 9.000 años de poblamiento.

En las vasijas de cerámica de los agricultores del período ilama (1500 a 100 a.C.) se ve el aspecto físico de las personas y sus actividades cotidianas. Seres fabulosos, míticos, que combinan rasgos de humano, felino, anfibio, murciélago y serpiente, buscan apropiar la fuerza, audacia, fiereza y agilidad de estos animales.

Un ajuar funerario del Período Yotoco (200 a.C. a 1200 d.C.) relaciona al cacique que lo usó con los felinos. Un rostro repetido, enigmático e icónico expresaba valores y creencias, y respaldaba el poder y rango de los líderes. En el cementerio de Malagana (200 a.C. a 200 d. C.) máscaras que semejan calaveras o rostros sin vida fueron superpuestas sobre el muerto.

Los entierros de personajes del período Sonso (650 a 1700 d.C.), en sarcófagos con arpones, lanzas y dardos de palma, contrastan con los de los períodos anteriores.

Calima en la exposición del Museo del Oro

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En las colinas del alto y medio río Calima y en la suela plana del río Cauca, en el Valle del Cauca, se observan vestigios de casi 9.000 años de poblamiento: antiguas viviendas, campos de cultivo, cementerios y caminos de sociedades que inicialmente fueron de cazadores-recolectores y luego de agricultores, ceramistas y orfebres. Los arqueólogos dividen esta historia en períodos que denominan Precerámico, Ilama, Yotoco-Malagana y Sonso.

Período Ilama, 1500 a 100 a.C.

Se conoce muy poco sobre la organización social, política y económica de las sociedades que vivieron en la región Calima durante el período Ilama, en los catorce siglos anteriores al inicio de nuestra era. No es claro, por ejemplo, si utilizaron orfebrería. Sin embargo, sus representaciones artísticas sugieren la existencia de relaciones sociales de género, poder y jerarquía. Las vasijas de cerámica destacan los nexos entre los seres humanos y la naturaleza, el mundo cotidiano y el sobrenatural. El aspecto físico de las personas, sus peinados y adornos, sus funciones y actividades cotidianas, pueden verse en esas vasijas de cerámica en forma de hombres que cargan recipientes o de mujeres que amamantan a sus hijos.

Felinos, armadillos, búhos y palomas fueron animales de la región Calima que los alfareros plasmaron en representaciones realistas. Otros seres fabulosos, probablemente míticos, combinan rasgos de humano, felino, anfibio, murciélago y serpiente, tal vez con la intención de hacer propia la fuerza, audacia, fiereza y agilidad de estos animales.

Período Yotoco, 200 a.C a 1200 d.C.

En el primer milenio de nuestra era la población aumentó en el valle de Calima. Las viviendas se construyeron sobre plataformas en las laderas, se abrieron caminos y se despejaron áreas de bosques para adecuarlas al cultivo con tecnologías de camellones elevados y canales de drenaje. Los líderes se rodearon de especialistas que les produjeron objetos suntuarios y vistosos de orfebrería y otros materiales que a su muerte los acompañaron como ajuares funerarios.

Los adornos de este ajuar hallado en una sola tumba relacionan al cacique que los usó con los felinos. En la nariguera, las placas colgantes semejan las manchas del jaguar, las prolongaciones inferiores y superiores son las extremidades del animal y la placa del centro, su rostro.

En estas sociedades el poder de los líderes probablemente no era heredado sino que debía adquirirse con el esfuerzo individual, por lo que los nuevos líderes demostraban su capacidad de convocatoria obteniendo objetos suntuarios cargados de prestigio que subrayaban su dominio económico y político. Al morir y enterrarse con ellos, interrumpían su circulación: quien asumiera el cargo debía iniciar su propio proceso de demostración del poder.

El oro fino se prestaba para elaborar estos adornos porque es maleable y puede ser martillado, repujado, recortado y pulido para crear objetos que juegan con el sonido y los reflejos de luz. En anillos y narigueras de la región Calima, como en la Costa Pacífica, se usó la granulación o soldadura por fusión.

Pero más allá de la tecnología es el simbolismo el que explica la importancia del metal sagrado. Eterno, brillante y amarillo, el oro está relacionado en el cosmos amerindio con el sol que renueva la vida todos los días. Al vestirse de oro, los caciques comunicaban a la comunidad que su poder propiciaba la fertilidad y la vida.

Las figuras de hombres y mujeres muestran los adornos y tocados típicos del período Yotoco-Malagana de la región Calima. Los lóbulos de las orejas se distendían para llevar orejeras en forma de carrete, de las que se suspendían grandes platos de metal. En las diademas usadas en la frente, en los pectorales, y en colgantes cuyo uso no es muy claro, se repite, uniforme y enigmático, un mismo rostro humano dorado. Es un rostro emblemático que lleva puestas una nariguera en forma de felino y orejeras en forma de carrete con colgantes. Este ícono expresaba valores, creencias e ideales de belleza y respaldaba el poder y rango de quienes lo usaban.

Parafernalia ritual

La comunidad se reúne en el ritual para expresar los lazos sociales, políticos, económicos y religiosos que la unen. Los objetos sagrados, los poporos y las máscaras, el uso de bebidas y de plantas asociadas a la divinidad, los bailes, cantos y ceremonias, marcan los momentos más importantes de la vida tanto de los individuos como del grupo social.

Se llama poporos a los recipientes para guardar y llevar la cal usada en la masticación ritual de la hoja de coca. Tienen formas de figuras humanas; de animales como conchas, aves, caimanes y felinos, y de vegetales como maíces, totumos y calabazas.

Máscaras, bastones e instrumentos musicales transformaban a quienes participaban en los rituales en seres fantásticos y poderosos. Los orfebres de las sociedades del período Yotoco de Calima representaron a estos personajes enmascarados en palillos para extraer la cal de los poporos, elaborados mediante la técnica de fundición a la cera perdida.

El cementerio de Malagana, 200 a.C. a 200 d.C.

En 1992, en la planicie del Valle del Cauca, un cementerio de caciques del año 200 d.C. fue objeto de destrucción y saqueo. Excavaciones arqueológicas realizadas en lugares cercanos produjeron información sobre la vida en esa época, pero el conocimiento sobre las circunstancias en que se fue formando este importante cementerio y sobre las personas enterradas en él se perdió para siempre.

En excavaciones cerca de sitios de vivienda los arqueólogos hallaron figurinas femeninas arrodilladas. Formaban parte de conjuntos de ofrendas que quizás tenían relación con la fertilidad y con la reproducción biológica y social.

Objetos de oro y de cerámica de gran calidad y tamaño fueron frecuentes en Malagana. Parecen haber sido elaborados para ser usados únicamente como ajuares funerarios pues no presentan huellas de desgaste. Algunos difuntos fueron enterrados en el rico cementerio de Malagana con varias máscaras superpuestas: símbolos de la muerte, unas semejan calaveras; en otras, el rostro representado no tiene vida.

Período Sonso, 650 a 1700 d.C.

En el período tardío de la región Calima cambiaron la política, la economía y la ideología de las sociedades. La población aumentó y el poder de los líderes no se manifestó ya en la posesión de objetos suntuarios, sino en el control de la producción económica. La gente continuó construyendo sus viviendas sobre plataformas y usando el sistema agrícola de campos elevados, drenados por canales.

Los sarcófagos de madera y los ajuares compuestos por elementos cotidianos de trabajo, como arpones, lanzas y dardos de palma, reflejan el cambio en el significado de los objetos materiales. En la restauración de este sarcófago, fechado por carbono 14 en 1250 d.C., fueron hallados restos de textil, madera y vegetales como semillas de algodón. Se develaron además las huellas del amarre exterior de la tapa. El material orgánico se preservó gracias a que las tumbas estuvieron inundadas con agua estancada, sin oxígeno y por ende sin vida bacteriana que pudiera deteriorarlo.

Ilama: naturaleza y sociedad

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El período Ilama marca el comienzo del uso de la alfarería en la región Calima. Para estas sociedades la elaboración de piezas de cerámica fue una forma de expresar materialmente el mundo que les rodeaba, es decir, los principales aspectos que caracterizaron su vida diaria. Gran variedad de formas humanas y animales así como pasajes de la vida cotidiana como la maternidad o la decoración del cuerpo fueron representados en vasijas de cerámica de gran calidad estética.

Se sabe que estas vasijas fueron depositadas en tumbas como parte del ajuar funerario, razón por la cual es posible que el personaje que muestra la vasija sea el difunto mismo, esto es, hombres y mujeres dedicados a distintas actividades económicas, políticas y religiosas.

Las figuras masculinas llevan un recipiente a su espalda; muestran tocados, collares, brazaletes y pintura corporal sobre el pecho con diseños formados por figuras geométricas. Sus rasgos faciales son exagerados, los labios gruesos, la nariz grande y aguileña y en algunos casos las extremidades superiores e inferiores son robustas y abultadas, lo que les confiere una apariencia fuerte y corpulenta. Algunos tocados tienen forma de cresta y en la cabeza se observan líneas incisas paralelas que semejan un peinado. Algunas de estas figuras presentan una especie de liana a manera de diadema, sugiriendo la utilización de una banda que sostenían sobre la frente, posiblemente fabricada en alguna fibra vegetal, para cargar sus recipientes.

Por su parte las figuras femeninas, de contextura robusta, también exhiben adornos corporales, peinados y collares. En éstas el tema de la maternidad es recurrente.

Llaman la atención figuras con representaciones no tan realistas como las anteriores. En este grupo encontramos cabezas puestas en platos y figuras masculinas con sus extremidades inferiores exageradas.

Al observar las representaciones cerámicas Ilama se descubre también la estrecha relación que existió entre la naturaleza y la sociedad. Animales como la serpiente, el búho o el sapo hacían parte del medio geográfico, mientras que aves como palomas y pájaros carpinteros o mamíferos pequeños como el armadillo, eran empleados como parte de la dieta alimenticia.

Sin embargo, más allá de representaciones realistas, la necesidad de explicar el universo y reafirmar la seguridad material y espiritual del ser humano, así como la intención de establecer comunicación con el mundo sobrenatural, fue expresada por las sociedades del período Ilama a través de imágenes de apariencia compuesta que mezclan la forma humana con rasgos animales y elementos fantásticos . Esta intención probablemente estuvo relacionada con la necesidad de explicar, no sólo la manera como la sociedad concebía su entorno y su propio ser, sino aquellas fuerzas de la naturaleza indispensables para la comunicación con seres sobrehumanos o aquellos acontecimientos producidos por causas desconocidas.

Por un lado, los animales se incorporan al cuerpo de la vasija, formando a su vez las partes del cuerpo mismo: patas, cola, costillas, cabello, tocado, cejas y a veces lengua. Algunos presentan ojos saltones como los del cocodrilo y fauces prominentes como las del jaguar. Por el otro, el hombre se une al animal y se transforma adquiriendo rasgos de animales como el felino, representado por sus fauces y bigotes; el sapo, representado por puntos que semejan la piel de los anfibios o el murciélago, representado por tocados de puntas salientes y colmillos.

Estos seres sobrenaturales recuerdan la integración del hombre y la naturaleza, cuando los humanos adoptan rasgos propios del animal y adquieren de forma simbólica su poder. De la misma manera, el hombre incorpora la naturaleza a la sociedad, cuando asigna a los animales rasgos propios del comportamiento humano y social.

Expresiones de desigualdad social durante el periodo Yotoco - Malagana

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En los valles de los ríos Calima y Cauca, entre el 200 a.C. y el 1200 d.C., las sociedades Yotoco modificaron la forma en la que expresaron materialmente su mundo. Durante este periodo es posible observar el énfasis puesto en la elaboración de suntuosos objetos de oro, hechos principalmente con fines funerarios, que se convirtió en una de las principales formas de expresión de sus relaciones sociales, de su ideología y la diferenciación social.

Los materiales, técnicas, formas y decoración, empleados en la elaboración de los objetos que componen un ajuar, son elementos importantes para entender el estatus, la capacidad económica, el género y la edad de los individuos enterrados en las tumbas. Sin embargo, los objetos de ajuares funerarios por sí mismos no contienen toda la información necesaria para conocer estos aspectos de las sociedades del pasado. La información más valiosa derivada de éstos depende de la forma como han sido excavadas y reseñadas las estructuras funerarias así como la recuperación de su contenido.

Con base en el estudio de los objetos y adornos de los ajuares hallados en tumbas correspondientes al período Yotoco, se ha sugerido que estas sociedades eran jerarquizadas: las tumbas y ofrendas en ellas colocadas muestran diferencias en riqueza y status. La mayoría de las tumbas de este período poseen pocos objetos como ajuar: una o dos vasijas de cerámica, un collar o una nariguera de oro; mientras que unas cuantas contenían piezas que por su suntuosidad posiblemente debieron pertenecer a personajes importantes que gozaban de un rango especial dentro de la sociedad.

A este último tipo corresponde este ajuar hallado en el interior de la cámara (de 1 metro de largo por 40 cm de ancho) de una tumba de 2,40 metros de profundidad, localizada en el municipio de Restrepo y conocida como "la tumba del tigre". Este ajuar estaba conformado por dos colgantes que muestran personajes ataviados con máscaras, tocados, narigueras, bastones de mando y otros objetos, dos orejeras de carrete con fino repujado, varias narigueras anulares, un collar y un par de pinzas. Pero quizá la pieza más sorprendente, tanto por su manufactura como por su acabado, es la nariguera, en la que de manera esquemática fue representada la imagen de un felino con ojos verdes, placas colgantes redondas que semejan las manchas de la piel de este animal y extremidades móviles. Quien usaba esta nariguera ocultaba casi por completo su rostro, situación que sugiere un uso relacionado con actividades de tipo chamánico.

En varias sociedades indígenas americanas contemporáneas, los chamanes tienen la facultad de transformarse simbólicamente en felinos y, en su calidad de guerreros espirituales, expertos en rituales, curanderos, árbitros humanos del mundo sobrenatural, adquieren cualidades como la fortaleza y capacidad de dominar los espíritus, en la misma forma en que un predador domina a su presa. Aunque esta interpretación no necesariamente tiene que ser la misma que tuvo en el mundo prehispánico, este complejo de ideas y asociaciones es sugerente cuando se estudia este ajuar.

En la hacienda La Primavera del municipio de Bolívar fue encontrado otro ajuar de este tipo, el cual está compuesto por seis figurinas antropomorfas en actitud solemne, elaboradas en láminas de oro repujadas que recubren un núcleo de madera y fueron ensambladas con clavos. Cuatro representan hombres sentados o en cuclillas y una, la más pequeña, una mujer de pie. La otra es una zarigüeya construida sobre una lámina circular en cuyo contorno se observan algunos agujeros que debieron usarse para fijar la figura a una pieza mayor. Junto con las figurinas se hallaron dos pares de orejeras, una nariguera y un collar, en miniatura, lo que sugiere que en algún momento hicieron parte de las figurinas. El ajuar incluía, además, nueve narigueras anulares y nueve pectorales circulares. El orfebre resaltó las cabezas, tanto por su tamaño como por los detalles de los tocados. De acuerdo con la datación de una de estas figuras, este conjunto fue elaborado hacia el 430 d.C.

Vida y muerte durante el periodo Sonso

El nombre Sonso corresponde al de una laguna y es un término autóctono que ha sobrevivido desde la época colonial española hasta nuestros días.

Hacia el 650 d.C., aproximadamente, los grupos que habitaron la región Calima sufrieron un cambio en cuanto al desarrollo de sus actividades cotidianas, políticas, económicas y rituales. Sin embargo, características como la construcción de las viviendas sobre aterrazamientos naturales o artificiales en las laderas de las colinas y el sistema y tradición tecnológica de producción agrícola de cultivar sobre camellones, sugieren continuidad con respecto al periodo Yotoco. Además, la gente que vivió durante este lapso, coexistió al parecer con gente del período anterior, ocupando probablemente los mismos lugares de sus predecesores. Durante el período Sonso los asentamientos se encuentran distribuidos a lo largo del Valle del Dorado, que comprende los municipios de Darién, Yotoco, Restrepo y La Cumbre. Allí, la zona usada para la agricultura se restringió a las laderas de las montañas y al extremo del valle.

Durante el período Sonso aumentó la población con respecto al período anterior, razón por la cual, debido a la necesidad de sostener una mayor cantidad de habitantes, aumentó al mismo tiempo la producción de alimentos. Así, una de las características representativas de este período es la importancia que adquirieron las actividades de carácter cotidiano como la pesca, la caza y el quehacer doméstico. Estas quedaron ampliamente representadas a través de objetos de uso cotidiano como vasijas de cerámica, utilizadas para la elaboración, cocción o ingestión de alimentos, así como también por utensilios elaborados en piedra.

Los alfareros del periodo Sonso elaboraron gran variedad de formas cerámicas que incluyeron diversos diseños así como técnicas de decoración. Entre las principales formas encontramos ollas de base alta y cuerpo aquillado, cántaros de tres asas, cuencos, platos, copas, vasos antropomorfos, volantes de uso y sellos que fueron decoradas con diversos motivos geométricos principalmente lineales, elaborados en pintura negativa negra sobre rojo, aplicada sobre la superficie externa.

El cuerpo humano también fue importante para estas sociedades, no sólo por las representaciones hechas en cerámica o los rostros que a ellas aluden, sino por la presencia de sellos con los que se pintaban.

De igual forma, se elaboraron gran cantidad de artefactos en piedra bastante parecidos a los del período Ilama. Entre las principales formas encontramos raspadores y pulidores, utilizados para desarrollar actividades como la producción de otros artefactos en diferentes tipos de material como hueso, concha o pieles de animales, o para el procesamiento de alimentos, es decir, para cortar y despellejar las presas que luego se cocinaban y se servían en vasijas de cerámica. También se han hallado lanzas con punta de proyectil para actividades relacionadas con la caza y la pesca. Dentro del grupo de artefactos utilizados para la pesca, sobresale la elaboración de arpones de tipo “brasileño”, caracterizados por un ensanchamiento hacia un extremo y un orificio redondo para el dedo índice.

Durante el periodo Sonso, la elaboración de adornos en oro se caracterizó por un fuerte cambio con respecto a las formas, diseños y temas representados durante los periodos anteriores.

Estos atuendos y adornos podrían asociarse, al igual que los del periodo Yotoco, con actividades de tipo ritual, chamánico, o de ofrenda, cargados de un gran contenido simbólico. Sin embargo, si se tiene en cuenta que todo objeto hace parte del mundo natural y cotidiano de un individuo y que sólo el contexto histórico, social y cultural en el que se encuentra inmerso determina su significado, podríamos decir entonces que los atuendos y adornos elaborados durante el periodo Sonso son la representación material de una sociedad con características políticas, sociales y económicas distintas a las de períodos anteriores. Investigaciones arqueológicas sugieren tal vez un cambio en la forma como se ejerció el poder político y religioso en estas sociedades tardías. Esto es, un poder menos personalizado, realzado a través de una orfebrería no tan suntuosa, es decir, un poder más institucionalizado y sustentado en aspectos de tipo económico o político, pero no individual. Efectivamente estos adornos elaborados en oro fueron menos grandes y suntuosos, inclusive más pesados, sin embargo no podemos descartar su posible relación con un uso fúnebre o ritual, al tiempo que tampoco podemos dejar de relacionarlos con el mundo cotidiano.

Encontramos una interesante forma de evidenciar el uso probablemente cotidiano de estos adornos en diferentes representaciones de rostros en cerámica que muestran la forma de estas piezas y el lugar que ocupaban en el cuerpo humano. Estas vasijas de cerámica enfatizan la representación del rostro humano a través de máscaras en las que aparecen narigueras anulares como las de oro, pero elaboradas en arcilla, y de figuras humanas esquematizadas en las que los rasgos del rostro y las extremidades apenas se insinúan.

La elaboración de piezas se concentró en la confección de adornos para el rostro, en su mayoría narigueras torzales, anulares y de sección redonda abierta, con forma de letra “n” y que pueden o no, tener remates en los extremos. Las orejeras por su parte fueron hechas de alambres y láminas en forma de horquilla, espirales, láminas y placas colgantes.

Las aplicaciones para piel, usadas principalmente en el rostro, con frecuencia rematan en pequeñas esferas y conos que tienen la forma de un sombrero. Sin embargo, la forma más común es la de terminación circular, que con frecuencia tiene decoración de puntos repujados.

En cuanto a las técnicas utilizadas para su elaboración, tal vez la más recurrente es la del martillado sobre la fundición para la elaboración de objetos laminares planos sobre los cuales se repujaba. En ellos se utilizó oro de alta pureza o en algunos casos, aleaciones de oro y cobre en proporciones variables, utilizado principalmente en piezas que eran elaboradas mediante la técnica de dorado por enchape.

Para la gente de este período, las necesidades colectivas fueron tal vez más importantes que aquellas de tipo ritual e individual. Los objetos hallados dentro de las tumbas y sarcófagos, corresponden a elementos que tuvieron que ver con actividades cotidianas y de subsistencia en las que se involucraba a varias personas. Esto no quiere decir que los bailes, cantos y los suntuosos objetos de ofrenda hechos de oro o cerámica utilizados como medio de representación del poder de personajes especiales o grupos de poder, dejaran de ser empleados durante el acto fúnebre, sólo que no constituyen la manifestación más común.

Muchos cementerios del período Ilama fueron re-utilizados por gente del período Yotoco y más tarde por gente del período Sonso. Se encuentran ubicados fuera de los sitios de vivienda en áreas aplanadas para este fin, en la cima de una cuchilla o en las laderas de colinas. Observamos tumbas de pozo rectangular profundo con cámaras de diversas formas y tamaños que se abren hacia uno de los extremos del pozo y selladas en algunas ocasiones por una pared de troncos hincados en el umbral. En el interior de la cámara se colocaba el cadáver, casi siempre sobre el suelo, acuñado con piedras; en otras ocasiones se disponía sobre esteras de fibras vegetales.

En una proporción mucho menor, se cavaron tumbas de pozo rectangular simple de poca profundidad con una pequeña cámara. El ajuar funerario de estas tumbas generalmente se componía de vasijas de cerámica como cuencos, y ollas globulares; una reducida proporción de tumbas contenía objetos de oro como pequeñas narigueras torzales.

En otras ocasiones, probablemente cuando se trataba de personajes de mayor importancia, se usaron sarcófagos de madera para depositar los cuerpos. Las tumbas que contenían estos sarcófagos medían entre 5 y 15 metros de profundidad y tenían cámaras funerarias donde se colocaba el sarcófago. Como parte del ajuar funerario el cuerpo se acompañaba de objetos de madera como dardos, lanzas y bancos, y de cerámica como cuencos, ollas y cuentas de collar. Los sarcófagos se han conservado hasta nuestros días, porque las tumbas se mantuvieron inundadas y la falta de oxígeno evitó la descomposición de la materia orgánica.