Fernando Charry Lara


Fernando Charry Lara
Información
Nombre Fernando Charry Lara
Fecha de nacimiento 14/09/1920
Nacionalidad Colombiano
Ocupación Poeta y docente
Primaria Colegio de Ramirez
País de nacimiento República de Colombia
Ciudad de nacimiento Bogotá
País de fallecimiento Estados Unidos
Ciudad de fallecimiento Washington DC.
Fecha de fallecimiento 22/07/2004
Profesionales Universidad Nacional de Colombia
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Poeta bogotano. La poesía de Charry Lara hizo parte de una nueva tendencia en la literatura colombiana de los años 40. Su amistad con los poetas españoles Pedro Salinas y Luis Cardoza y Aragón, así como la influencia de las obras de Baudelaire y T.S. Eliot, marcaron sus versos. Sus aportes a la literatura también estuvieron presentes en ensayos sobre poesía y en su trabajo con las revistas especializadas Eco, Mito y Golpe de Dados.

Biografía

Poeta nacido en Bogotá, el 14 de septiembre de 1920. El texto que aparece, a manera de prólogo, en el libro Llama de amor viva, que recoge la obra poética completa de Fernando Charry Lara, es una especie de autobiografía cuyos hitos son las experiencias intelectuales que, según el poeta, han ido marcando su vida; a ellas les otorga tanta validez, como a las más directas y emotivas experiencias vitales. Muy temprano, Charry Lara comenzó a tener una serie de encuentros cuya significación marcó su vocación, sus preferencias y gustos literarios, los temas y presencias que recorren su memoria y sus poemas. Autores, libros, personajes, el mar y ciertas visiones dejaron su huella viva en él. Así, es necesario ver la historia de las vivencias, de su producción poética y crítica, al lado de su biografía oficial.

Estudios

Cuando cursaba los estudios primarios, se despertó en Charry la pasión por la lectura, ante todo por la poesía. Ya adolescente, a través de las afinidades de sentimiento y expresión, halló la poesía de los españoles Luis Cernuda y Vicente Aleixandre; sus voces, como el mismo Charry anota, representaban lo contrario de la oratoria y de la declamación que ya empezaba a detestar en mucha poesía colombiana, hispanoamericana y española. Cuando ya terminaba sus estudios secundarios en el Colegio de Ramírez, conoció a Rafael Maya, y su profesor Rafael Carrillo lo relacionó con Aurelio Arturo, otro de los poetas cuya presencia lo acompañará siempre. Fue él quien lo guió en la lectura, entre otros, de Charles Baudelaire y de T.S. Eliot.


En 1939 Charry ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia, que entonces funcionaba en el antiguo claustro de Santa Clara, y en 1943 obtuvo el título de doctor en Derecho y Ciencias Políticas. Fue director de la Radiodifusora Nacional de Colombia y de Extensión Cultural de la Universidad Nacional; miembro del consejo de redacción de las revistas literarias Mito, Eco y Golpe de Dados de Bogotá; y colaborador de diversas publicaciones literarias de Colombia y del exterior. Es miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua y miembro honorario del Instituto Caro y Cuervo. A través de la cátedra, Charry ha analizado y explicado diversos aspectos de la literatura, preferentemente de la hispanoamericana; ha escrito numerosos ensayos y dictado conferencias en universidades y centros literarios como la Casa de Poesía Silva.

Carrera profesional

En una u otra forma, como poeta o como crítico, su quehacer ha sido siempre la literatura. Como dice Vicente Aleixandre en el prólogo que escribió para el primer libro de Charry, Nocturnos y otros sueños, publicado en 1949, porque vivimos hacemos poesía. Desde su niñez, Charry tuvo una serie de experiencias que lo fueron conduciendo al encuentro con su vocación; uno de sus primeros recuerdos es el de una imagen de José Asunción Silva en su lecho de muerte y la reproducción del manuscrito de uno de sus "Nocturnos". La impresión que sintió debió ser muy honda; Silva ha sido para él, el poeta más entrañable de la poesía colombiana. Muchos años después de aquel encuentro, en 1985, Charry hizo una compilación de estudios críticos titulada José Asunción Silva, vida y creación; y en 1989 publicó el libro, José Asunción Silva. En estas dos obras aparecen ensayos en los cuales analiza la relación de Silva con los simbolistas franceses, con sus contemporáneos, precursores del modernismo, y con la estética de este movimiento que tanto le debe al poeta bogotano. Otra de las primeras impresiones de su niñez, la marcó un personaje a quien tan sólo vio una noche conversando con su padre, y otra cuando lo velaban en el Capitolio. Esa última visión fue la que trasladó, muchos años después, a través del recuerdo, al poema Rivera vuelve a Bogotá: “Un niño que no ha visto un muerto / Y lo ve en un salón entre voces y lámparas / Un niño que contempla turbado / Borrosas nubes / Eternamente solas por aquella frente / Es el extraño que ahora / Cuando han pasado tantos años/ Trae efímeras al recuerdo estas cosas”.


Pronto se aficionó a la música clásica; respecto a las relaciones entre música y poesía, dice: “La relación de la poesía con la música no la quise entonces en algunos poemas, no podría haberla intentado siquiera, como una analogía melodiosa que, por desconocer la esencial naturaleza significativa y reveladora del lenguaje, vendría a considerarla tan falsa como cursi. Sino que, como en otro tiempo se ha señalado, estriba "en la progresión de los grados de intensidad, en los movimientos absolutos de ascenso y descenso, en la alternancia entre carga y descarga" de la emoción poética. Así mismo, pensé desde un comienzo en el consejo de Hopkins de que la poesía debe ser la corriente, la de todos los días, enardecida por la emoción”.


De la etapa de su primera juventud, cuyo límite es quizás el 9 de abril de 1948, hay que destacar la significación que tuvo para él, haber conocido al poeta español Pedro Salinas, quien permaneció en Bogotá durante varias semanas, invitado por la Universidad Nacional de Colombia: “Imposible decir cuánto su presencia encendió en mí el respeto, la alegría, la admiración y el afecto”. También fue muy importante para él la estadía de Luis Cardoza y Aragón en Bogotá, en 1947. Las relaciones de Fernando Charry con estos poetas, con Aleixandre y con Cernuda, continuarán a través de la correspondencia y el envío que ellos le hacían de libros y poemas que aparecían en otros países.


Charry sitúa por los años cuarenta una nueva tendencia en los poetas colombianos: Queríamos ser más asordinados, más subjetivos, más líricos. Así, eligieron a Antonio Machado, a Pablo Neruda, a César Vallejo, a Vicente Huidobro, a Luis Cernuda y a Vicente Aleixandre; en ellos entraron voces más esenciales, despojadas de ornamentos y preciosismos; entre la obra de los poetas vivos colombianos sus preferencias se inclinaban por la de Aurelio Arturo. Este grupo recibió varios nombres: Postpiedracielista y Cántico (éste provenía de los cuadernos publicados por Jaime Ibáñez, donde se divulgaron sus poemas). Más tarde algunos de ellos, entre quienes está Charry Lara, formaron parte del grupo de Mito.

Características de su obra

Alrededor de la revista dirigida por Jorge Gaitán Durán, se reunieron poetas, narradores y ensayistas, como un grupo cuyos miembros compartían una misma concepción del quehacer literario. La poesía de Charry Lara conforma un cuerpo profundamente unitario; en ella el silencio, la soledad, la noche, la vida y el sueño se confunden. En su mundo poético la presencia más viva es la que se presiente; hay un ámbito de misterio donde el silencio no sólo es un motivo que se repite a través de toda su obra, sino que es una voz entretejida entre las palabras, es lo que se calla y que, sin embargo, está lleno de significados y de sugerencias, de presencias y sonidos inasibles: Crece, crece el sonido de la sombra insistente. La sombra, como otra forma del silencio, es constante, es una presencia íntima que está más allá de cualquier contingencia material o temporal. En los poemas de Nocturnos y otros sueños, como en los que conforman la totalidad de su obra, hay un tono de misterio, una música que, ajena a efectos rítmicos logrados por acentos, rimas y sonoridades, surge de lo más hondo de la evocación poética; los colores no brillan, pero hay una luz interior, profunda, que ilumina la atmósfera, la naturaleza, los seres que surgen netos, exactos, despojados de cualquier aspecto ornamental: “Hay una desierta palidez en el aire / traslúcido como en una mañana de la infancia”.


Las formas y los sonidos se amalgaman y la imagen que aparece está sostenida por esa tensión imperceptible entre la materia y su sombra, entre el sonido y el silencio, entre la forma y aquello que la desdibuja: “sordo rumor de bosques, vientos fatigados, polvo de secas hojas y rumores, formas dormidas, vagas voces, palabras y siluetas de humo en la memoria, un trémulo silencio arde sin fin, rumor apagado de los pasos”. Después de catorce años, en 1963, Charry publicó su segundo libro Los adioses, conformado por doce poemas que, en lo esencial, mantienen los mismos elementos estilísticos del libro anterior: la expresión depurada, sobria y cargada de significado, la sensualidad contenida que atraviesa la obra como una fuerza subterránea.
Y de nuevo el sueño y los límites imprecisos que lo separan de la realidad y lo unen a ella, la presencia de la mujer y su salvación a través de la memoria. En 1981 Charry publicó Pensamientos de amante, aquí la ciudad y su deterioro tienen mayor presencia; sin embargo, la expresión poética totalmente depurada, aunque toque el oprobio, se deshace en sombra, en sueño, en rostros casi irreales que surgen del recuerdo o de la pesadilla. Las palabras y la frase poética se han liberado de la organización formal y de la guía que impone la puntuación, logrando así una mayor cantidad de significados posibles que cambian, se amplían, se entrelazan y se refuerzan; se deslizan como una corriente subterránea.


La obra poética de Fernando Charry Lara publicada en 1986 en Llama de amor viva, es una de las más logradas y ocupa un lugar muy importante dentro de la producción, no sólo del grupo de Mito, sino de la poesía colombiana del siglo XX. Sus libros en prosa son: Lector de poesía (1975), Poesía y poetas colombianos (1986) y Poésie colombienne du XXe si cle (edición bilingüe, Ginebra, 1990). [Ver tomo 4, Literatura, pp. 262-263].


Helena Iriarte

  • Esta biografía fue tomada del tomo de Biografías de la Gran Enciclopedia Colombiana del Círculo de Lectores.

Bibliografía

  • Charry Lara, F. (1986). Llama de amor viva. Bogotá: Procultura.
  • Garcia, M. (1989). Fernando Charry Lara. Bogotá: Procultura.

Obras relacionadas

  • Poemas (Colección Cántico, Bogotá, 1944).
  • Nocturno y otros sueños (Bogotá, 1949 - Prólogo de Vicente Aleixandre).
  • Los Adioses (1963).
  • Lector de Poesía (Ensayos críticos, Bogotá, 1975).
  • Pensamientos del amante (Bogotá, 1981).
  • Los poetas de Los Nuevos (Bogotá, 1984 - Estudio crítico).
  • Poesía y poetas colombianos (1986).
  • José Asunción Silva, vida y creación (Compilación de estudios críticos, Bogotá, 1986).
  • Llama de amor viva (Compilación de su obra poética, Bogotá, 1986).
  • José Asunción Silva (Ensayo, 1989).
  • Poésie colombienne du XXe siècle (Edición bilingüe, Tomo 4. Ginebra, 1990).
  • Antología de la poesía colombiana (Compilación y estudio crítico, 1996).

Parientes

María Mercedes Lara Mutis (madre).

Justo Víctor Charry Charry (padre).

Enlaces relacionados en Banrep cultural

[1] Notas biográficas de poetas de Colombia. Fernando Charry Lara.

[2] Autobiografía Fernando Charry Lara.

[3] Algunos poemas de Fernando CHarry Lara.


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