José Solís Folch de Cardona

José Solís Folch de Cardona
Información
Nombre José Manuel Solís Folch de Cardona
Fecha de nacimiento 4/02/1716
Nacionalidad Española
Ocupación Virrey de la Nueva Granada
País de nacimiento España
Ciudad de nacimiento Madrid
País de fallecimiento Nuevo Reino de Granada (actual Colombia)
Ciudad de fallecimiento Bogotá
Fecha de fallecimiento 27/04/1770
Profesionales Mariscal de campo de los ejércitos reales
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Biografía

Tercer virrey del Nuevo Reino de Granada (Madrid, España, 1716 - Bogotá, abril 27 de 1770).

El más joven virrey de la Nueva Granada

El virrey José Solís Folch de Cardona ejerció el gobierno desde el 24 de noviembre de 1753 hasta el 25 de febrero de 1761, cuando entró su sucesor, don Pedro Messía de la Cerda; un total de 7 años y tres meses. Noble de España, don José Solís llegó a Santafé de Bogotá cuando contaba 37 años de edad.

Militar con inclinación religiosa y una vida privada poco conocida

Desde su cuna se dieron signos premonitorios de su vinculación futura a la Orden Franciscana, pues su padrino de bautismo fue un religioso lego del seráfico padre, llamado fray Miguel de Castro, y no un alto personaje de la Corte, como correspondía a su alto rango social. Sobre su vida antes de venir al Nuevo Reino se conoce muy poco, y aun parte de aquello que se sabe anda todavía sujeto a la conjetura, cuando no a la conseja. El mismo Solís, en un escrito autobiográfico, le recuerda al rey Carlos III que los años que le sirvió como virrey, lo hizo con los más fervorosos deseos conformes al carácter del puesto, a la cualidad de mi persona y al desempeño de la sangre y cuna que por la piedad divina merecí heredar de mis padres, y más adelante alude a sus servicios militares al decirle que quien como yo mereció acreditar sus acciones a vista de vuestra majestad con el glorioso mérito de sacrificar su vida en defensa de vuestra real persona. Es posible que con esta frase se refiera a su actividad como coronel del regimiento de caballería Lanceros de Farnesio, que comandó desde el 23 de noviembre de 1736 al 13 de junio de 1747.

Buen gobernante

Todos los biógrafos de Solís coinciden en ponderar sus dotes de mandatario y el carácter progresista de su gobierno, repitiendo como hecho irrecusable que el virrey tuvo particular interés en el progreso material del virreinato, consiguiendo numerosas realizaciones en beneficio de la comunidad: apertura de caminos, construcción de puentes, el incremento de las misiones, el acueducto para la capital, el fortalecimiento de la Casa de Moneda de Santafé, la organización de las Cajas de la Real Hacienda, el inicio de la estadística del virreinato, el restablecimiento de la cátedra de medicina en el Colegio del Rosario, el establecimiento de la comisión que debía fijar los límites entre la colonia portuguesa y el Nuevo Reino de Granada y otras numerosas obras públicas.

Con la opinión pública a su favor

Mas por encima de todas estas obras, Solís, como ninguno otro de los mandatarios de la Colonia, fue amado universalmente por sus súbditos. Uno de los mejores elogios que se hicieron después de que entregó el mando, fue el de los miembros del cabildo civil de Santafé de Bogotá: La prontitud y eficacia de su despacho era tanta, que pasaba de la admiración al pasmo, pues siendo tanto lo que ocurría a su resolución en siete años y tres meses que gobernó este reino, no sabemos que quedase un solo pliego de papel en su mesa de un día para otro. La administración de su justicia e integridad en la distributiva son tan notorias que nos parece ocioso tocarla. Sin embargo, toda la entereza moral y el cúmulo de virtudes que se le pueden atribuir a Sola como mandatario, palidecen frente a la fuerza avasalladora que ha dado en tener en su biografía el episodio de presuntos amoríos con una dama apodada "la Marichuela". No se descarta que el virrey, como joven, soltero y rico que era, hubiese tenido amores e incluso aventuras. Sin embargo, la fuerza documental que podría sustentar este aspecto de su vida es muy débil en comparación con los testimonios abundantes que garantizan la rectitud de su obrar.

Un amorío acaba su carrera

En cuanto a los supuestos escándalos del virrey, se conoce una comunicación dirigida al virrey Pedro Messía de la Cerda por el secretario del rey, don Julián de Arriaga, en la cual le dice: Hallándose el rey enterado de los antecedentes ocurridos en esa capital a los principios del gobierno de su antecesor de vuestra excelencia con María Lugarda Ospina, y que bien reparados en el voluntario retiro de ésta a un convento y la posterior ejemplar determinación del virrey, ha salido después de ésta la referida María del convento en que estaba, renovando con su presencia a ese público la memoria de lo pasado, me manda su majestad prevenir a vuestra excelencia no permita a esa mujer que resida en esa capital, a menos de no ser en la reclusión de un convento, pues si no abraza este partido, quiere su majestad la destierre vuestra excelencia a la distancia que le parezca suficiente para el objeto a que se dirige esta providencia. Si los amoríos a que se refiere esta carta sucedieron en los primeros años del gobierno de Solís, no debieron ser tan escandalosos, ya que en noviembre de 1756, cuando se cumplían los tres primeros años de su mandato en el Nuevo Reino, tanto el cabildo santafereño como el mismo arzobispo dirigieron sendos memoriales al rey pidiéndole prorrogase su gobierno otros tres años, por el gran beneficio que había reportado el tiempo de su administración a la ciudad de Santafé y a todo el Virreinato. Los términos de los memoriales son tan encomiásticos, especialmente el del arzobispo, que dejan la impresión de que Solís era gobernante ejemplar.

Sorpresivo retiro a la vida religiosa

En cuanto a la decisión del virrey de hacerse franciscano, una vez entregó el mandato a don Pedro Messía de la Cerda, es otra de las incógnitas en que han hecho énfasis todos sus biógrafos, extrañándose de semejante determinación. Sin embargo, el paso dado está en consonancia con su vida, pues los referidos informes y otros testimonios dan a su gobierno los adjetivos de tranquilo, suave y justiciero; reconocen su adhesión al real servicio, su buena política, su fomento de las misiones religiosas, y su misma piedad personal. En cuanto a su devoción por la Orden Franciscana, sabido es que era miembro de la Tercera Orden desde antes de venir al Nuevo Reino de Granada y que después contribuyó con mucha generosidad para la construcción del templo de La Tercera en la capital; para el templo de San Francisco de la misma ciudad regaló las campanas y el reloj; que hizo traer de Inglaterra.

Obras y beneficencias

También apoyó decididamente la misión franciscana de los Llanos Orientales, no sólo con ayudas económicas, sino con providencias tendientes a sustentarlas. Finalmente, el argumento decisivo en favor de la auténtica vocación franciscana con la que ingresó a la Orden, es la vida austera, recogida y caritativa con que vivió sus 9 años como religioso, lo que le valió que justamente en el último año de su existencia hubiera sido nombrado guardián del convento de San Francisco de Bogotá. Ya antes, en 1764, con ocasión de la muerte del arzobispo don José Javier de Arauz, el cabildo y ayuntamiento de Santafé, los religiosos de las Ordenes de Santo Domingo, San Agustín y San Juan de Dios, el claustro del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y otras personalidades, dirigieron al rey memoriales para pedirle que se les fiese a fray José de Jesús María (nombre que el virrey tomó en la Orden Franciscana), como sucesor del arzobispo en la silla santafereña.

Juicio de residencia

Sin embargo, no se vio exceptuada de amarguras y sinsabores la vida de Solís, a pesar del universal aprecio de que gozó en el tiempo de su mandato. Primero fue la oposición y el desacato de los miembros de la Real Audiencia, movidos por la envidia hacia dos de sus principales colaboradores: Antonio Monroy, su secretario, y José Joaquín de la Rocha, su asesor. Pero los más graves quebrantos se los ocasionó su juez de residencia. En efecto, el juicio que se le siguió al concluir su mandato fue el más largo, estricto y voluminoso de cuantos se ejecutaron durante el gobierno español en América. El expediente que fue remitido al Consejo de Indias, tras un minucioso interrogatorio que duró más de seis meses y que se llevó a cabo en más de cuarenta lugares distintos del virreinato de la Nueva Granada, sobrepasaba los 20000 folios. Lo que llama la atención de semejantes características es que quien actuó como juez fue Miguel de Santisteban, de quien Solís presumía que era su mejor amigo, a quien más favores había brindado durante su gobierno y uno de quienes más cerca habían estado de su gabinete. La sentencia del juez declaró a Solís culpable en 22 cargos, todos relacionados con defraudación o disipación del erario real. Pero cuando Santisteban profirió la sentencia, el 25 de agosto de 1762, Solís ya había hecho su profesión de religioso en la Orden Franciscana. La sentencia, que llenó de estupor al virreinato, fue apelada por los abogados del ex virrey y paralelamente por el mismo fraile, en una magistral y extensa pieza que dirigió al rey Carlos III, y que apenas ha sido conocida en 1990, escrito indispensable para conocer rasgos de la personalidad del virrey-fraile. El Consejo de Indias, máximo tribunal judicial, pronunció sentencia definitiva el 29 de agosto de 1764, exonerando de todos los cargos a Solís y exaltando el amor, celo, eficacia y prontitud>, con que se había consagrado a la administración en los siete años largos de su mandato.

Fraile franciscano

En cuanto a su vida como fraile franciscano se sabe que permaneció loablemente fiel a su vocación durante 9 años y dos meses. De todo ese tiempo el último año lo vivió como sacerdote, pues como se sabe, por insistentes súplicas de sus superiores, vino a recibir el sacramento de la unción sacerdotal en la ciudad de Santa Marta, en el primer semestre de 1769, por hallarse en ese momento vacante la silla arzobispal de Santafé de Bogotá, que le correspondía. Cantó su primera misa el día de la fiesta de San José, 19 de marzo de 1769.

Muerte

Falleció en el convento de San Francisco de Bogotá, del que era su guardián desde el 21 de enero de 1770, el 27 de abril del mismo año, a causa de un fuerte resfriado que contrajo en los días de la Semana Santa. Tenía 54 años, dos meses y tres días de edad. Su cráneo se conserva en la sacristía del templo de San Francisco de Bogotá, sobre el cual está escrita con tinta la siguiente estrofa: Entre las pompas viví,/ del mundo que al fin dejé,/ sólo el sayal que vestí/ me queda, y las galas que/ a Cristo, en sus pobres dí.

Bibliografía

  • Mantilla, Luís Carlos. La autodefensa del Virrey-Fraile. Bogotá, Editorial Kelly, 1990.
  • Mantilla, Luis Carlos. "La biblioteca del Virrey-Fraile". Thesaurus, Vol. 44 (1989).

Referencias

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