Personajes de la Conquista a América

Quiénes fueron

Lope de Aguirre

Conquistador español, nacido en Oñate, Guipúzcoa entre los años 1511 a 1515 y muerto en 1561 en Barquisimeto, Venezuela.

Ambrosio Alfinger




Ulm (Alemania), 14?? - Chinácota (Santander, Colombia), 1533. Militar. Aunque antes varios alemanes ya habían pisado suelo santandereano durante la Conquista, la historia registra a Ambrosio Alfinger como el primero. Como pago por antiguas deudas contraídas para financiar las continuas guerras y como prenda de garantía por nuevos préstamos para llevar a cabo la conquista y colonización del recién descubierto territorio americano, los reyes de España conceden en 1528 una capitulación a los hermanos Bartolomé y Antonio Welser, dos conocidos banqueros alemanes de la época. Se trataba de una concesión en la que Carlos V permitía la exploración comercial del territorio americano. Ese mismo año, entonces,

Ambrosio Alfinger parte en representación de los hermanos Welser hacia Santa Ana de Coro, único asentamiento europeo en la apenas recién creada provincia de Venezuela. Al mando de una expedición formada por casi cuatrocientos hombres se embarca en una empresa de conquista más que de colonización, a pesar de que el contrato de los Welser con la Corona española estipulaba la fundación de nuevas ciudades y centros militares. Alfinger funda Maracaibo y explora el lago con el mismo nombre, a los alemanes incluso se les ofrece la gobernación de Venezuela, pero después de no encontrar oro allí los expedicionarios deciden aventurarse por territorio de lo que posteriormente sería la Nueva Granada.

La prioridad de los hermanos Welser y de Alfinger era comerciar y reunir riquezas. Con tres barcos la expedición parte en búsqueda del tesoro de El Dorado siguiendo el curso del río Magdalena. En 1530 llegan a las tierras que actualmente forman los departamentos del Cesar y de Norte de Santander en Colombia, y abriéndose paso por el Valle de Upar la expedición llega en 1532 hasta la Sabana de los Caracoles, lugar donde hoy se encuentra Bucaramanga.

Tras la muerte de cientos de hombres a causa de enfermedades y enfrentamientos con tribus indígenas, Ambrosio Alfinger toma la decisión de regresar a Santa Ana de Coro con el botín de oro que hasta el momento había logrado conseguir. Pero antes de alcanzar a emprender regreso, en mayo de 1533, es atacado por los indios chitareros y alcanzado por una flecha que atraviesa su garganta, en territorio conocido hoy como Chinácota, entre Pamplona y Cúcuta, donde muere tras cuatro días de agonía. Se necesitarían trescientos años para que la presencia alemana en Santander causara un verdadero impacto cultural y económico. Sin embargo, de la expedición de Alfinger quedan las bases sobre las cuales se funda el municipio de Silos, en el Norte de Santander.

(Imagen tomada de: http://www.chinacota.com/HISTORIA/PETROGLIFOS/ALFINGER.html)

Fray Esteban Asensio

Cronista franciscano nacido en España, en la región de Navarra, en 1527. Fray Esteban Asensio vino al Nuevo Reino de Granada en 1561, en compañía del escritor fray Pedro Aguado. Sus primeros años aquí los ocupó en la obra misionera comenzada por los franciscanos once años atrás. Sus dotes de organizador le merecieron que los pocos miembros que entonces constituían la organización franciscana del Nuevo Reino, lo nombraran Custodio de la misma y lo enviaran en 1565 como su representante ante el Capítulo General de la Orden (que se celebraría en la ciudad de Valladolid), con el encargo de tramitar la elevación de la Custodia de San Juan Bautista (nombre con que se conocía entonces la organización franciscana), al rango de Provincia. Esto fue conseguido efectivamente por fray Esteban, así como otros privilegios para la que desde 1565 se denominó Provincia de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada.

A su regreso a Santafé de Bogotá, en los primeros meses de 1566, fray Esteban procedió a convocar a los frailes a capítulo para la elección del primer ministro provincial. En los siguientes años continuó ejerciendo un papel protagónico, destacándose como fundador de los conventos de Muzo (1566) y Anserma (1572), Guardián del convento de San Francisco de la capital y Definidor provincial. En 1575 el provincial fray Pedro Aguado viajó a España, dejando a fray Esteban como su reemplazo, pero varios religiosos inconformes se sublevaron y lo depusieron del cargo con violencia.

En 1586 fray Esteban fue enviado nuevamente como representante de la Provincia a España, con el fin de tramitar varias concesiones en favor de la misma y una nueva expedición de frailes que vinieran a colaborar en la tarea misionera, lo que efectivamente consiguió. Sin embargo, por orden expresa del ministro general de la Orden se le impidió su regreso sin que se conozcan los motivos de tan drástica decisión, y a pesar de sus conmovedoras súplicas y de las influencias que interpuso para que se le permitiera regresar al Nuevo Reino de Granada, el cual consideraba como su verdadera patria.

Probablemente murió en el convento de Salamanca, al cual había estado ligado antes de zarpar para América. Su importancia para la historia de Colombia radica en haber escrito en 1585 una relación sobre el estado general de la organización franciscana en el Nuevo Reino de Granada, destinada a una historia general de la Orden Franciscana que proyectaba el ministro general, fray Francisco de Gonzaga, y que efectivamente salió impresa en Roma en 1587, bajo el título De origine Seraphicae Religionis Franciscanae. El original de la relación de Asensio fue descubierto en Livorno (Italia) por el historiógrafo español fray Atanasio López, y publicado en la revista Archivo Ibero Americano de 1921. Contiene numerosas noticias importantes y curiosas sobre el Nuevo Reino de Granada en el período 1550-1585, y datos autobiográficos. Su descripción del Salto del Tequendama debe ser la primera que se hizo, al igual que la enumeración de las tribus y lenguas de los indios del Nuevo Reino de Granada.

LUIS CARLOS MANTILLA

Bibliografía

MANTILLA R., LUIS CARLOS. Los franciscanos en Colombia, tomo I: 1550-1600. Bogotá, Kelly, 1984

Rodrigo de Bastidas




Navegante y descubridor español (Triana, Sevilla, 1460 - Santiago de Cuba, 1527). Vecino de Triana, Rodrigo de Bastidas gozaba allí de bienes y ejercía el cargo de notario. En 1500, habiéndole concedido la Corona española una cuarta parte de las ganancias que obtuviera en las Indias, fletó dos naves y, en octubre del mismo año, partió de Cádiz en busca de oro y perlas, en compañía de Vasco Núñez de Balboa y de Juan de la Cosa, experto marinero que había acompañado en sus viajes a Alonso de Ojeda y a Cristóbal Colón.

Bastidas descubrió el litoral Atlántico colombiano desde el Cabo de la Vela, donde había llegado Ojeda, hasta el lugar llamado Nombre de Dios (posiblemente cerca al golfo de Urabá). Fue el primero en tocar las costas de Riohacha y de Santa Marta, donde fundó la ciudad años más tarde (julio 29 de 1526); le dio el nombre de Magdalena a las Bocas del río al que arribó el día que se festejaba la conversión de la Santa; estuvo a punto de naufragar en las hoy Bocas de Ceniza; navegó hacia el occidente, tocando en Galerazamba, Cartagena, Islas de Barú, La Fuerte y Tortuguilla; pasó a la bahía de Cispatá y río Sinú y luego al cabo Tiburón, en el golfo de Urabá. Enrumbó luego hacia Santo Domingo, a causa de averías en sus buques; allí llegó en 1502, después de naufragar en las costas de La Española y perder una gran parte de su cargamento.

Francisco de Bobadilla le entabló un juicio que lo llevó preso a España, donde fue absuelto de todos los cargos (1503). El descubrimiento de la costa de Urabá le mereció de los reyes una renta anual sobre lo que producía (almojarifazgo). Bastidas consiguió una cédula real o capitulación [con las capitulaciones la Corona pretendía fundar pueblos, establecer familias de colonos, traer ganado y semillas para cultivos, y mano de obra esclava negra (un tercio de mujeres); a cambio de lo cual, el gobernador obtenía sueldos, títulos honoríficos y participación en los rendimientos económicos], firmada en Madrid en noviembre 6 de -1524, para fundar la provincia y puerto de Santa Marta, en el sitio que eligiera entre el Cabo de la Vela y las Bocas de Ceniza, en un territorio sin límite hacia el interior del país y unas 80 leguas sobre la costa.

Debía establecerse formalmente con un número de 50 vecinos. En 1526 partió de Santo Domingo, su lugar de residencia y donde era comerciante, con el teniente general Pedro Villafuerte, Rodrigo Alvarez Palomino, el contador real Juan de Ledesma y otros capitanes, como Antonio Díez de Cardoso y Juan de San Martín. Bastidas tuvo una política de respeto, humanidad y amistad para con los indios; mantuvo relaciones pacíficas con sus vecinos, los indios tagangas, dorsinos y gairas.

Excursionó a las tierras de Bonda y Bondigua, donde consiguió bastante oro. Tenía prohibido a su tropa utilizar brutalmente a los indios y despojarlos de sus bienes. Sin embargo, su gobierno duró poco, pues Bastidas se vio enfrentado a la tercera revuelta de las ocurridas en el siglo XVI, con el grito de Viva el Emperador y la libertad, que no hemos de morir aquí como esclavos en poder de ese mal viejo. Aprovechando una noche uno de sus subalternos, quien había conjurado con el teniente Juan de Villafuerte, apuñaló gravemente a Bastidas en su bohío. El anciano gobernador mejoró un poco y partió para Santo Domingo, pero los vientos lo llevaron a Santiago de Cuba, donde murió en junio o julio de 1527.

Para reemplazarlo como gobernador, el "común" eligió al teniente general Rodrigo Alvarez Palomino; la Audiencia de Santo Domingo designó temporalmente al licenciado Pedro Badillo y, finalmente, el emperador Carlos v nombró a García de Lerma para el cargo.

Bastidas tuvo un hijo, Rodrigo, que fue deán de la catedral de Santo Domingo, a donde trasladó las cenizas de su padre, y luego primer obispo de Venezuela.

DIANA LUZ CEBALLOS GÓMEZ

Bibliografía

RESTREPO TIRADO, ERNESTO. Historia de la Provincia de Santa Marta. Bogotá, Colcultura, 1975. RODRÍGUEZ FREILE, JUAN El carnero. Medellín, Bedout, 1973. Edición crítica: Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1979.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Sebastián de Belalcazar




Conquistador español (Belalcázar, en los límites entre Extremadura y Andalucía, ca. 1480 - Cartagena de Indias, abril 30 de 1551). Sebastián de Belalcázar o Benalcázar, cuyo nombre de familia era Moyano, tomó el apellido del lugar donde nació, como era costumbre en la época. Leñador, sus padres fueron labradores de su propia tierra. Tuvo dos hermanos, de los cuales el mayor se hizo cargo de Sebastián, cuando quedaron huérfanos.

Algunos sostienen que cuando Cristóbal Colón se alistaba en Sevilla para emprender su tercer viaje en 1498, Belalcázar se alistó en él y consiguió pasaje para radicarse en Santo Domingo. Otros sostienen que tomó lugar en la expedición de Pedrarias Dávila, y que de Santo Domingo fue al Darién, bajo el mando de Vasco Núñez de Balboa. Viajó a Nicaragua en compañía de Francisco Fernández de Córdoba y, como premio a su labor, fue nombrado alcalde de la ciudad de León, recién fundada.

De regreso a Panamá, Belalcázar resolvió ir a la conquista del Perú; aportó treinta hombres y seis caballos y se alistó con sus amigos Francisco Pizarro, como jefe, y Diego de Almagro. Allí prestó importantes servicios. Organizó una expedición propia, originada en las noticias que le dio un indio en Latacunga (Ecuador) sobre los ritos religiosos que incluían ofrendas de oro, alhajas, esmeraldas y baños de oro, que se arrojaban a las aguas de una laguna, Guatavita. Pizarro, su jefe, se mostraba receloso de este plan; no obstante, Belalcázar salió de San Miguel a fines de 1533. Se internó en la actual provincia de Loja, y después de pasar la cordillera con mucho trabajo, sometió al jefe indio Rumiñahui (o Ramiñahui); llegó a Riobamba y pasó luego a Quito, que había sido quemado por sus habitantes.

El 28 de agosto de 1534 fundó San Francisco de Quito, después de haber fundado Santiago de Guayaquil. En 1536 inició viaje al norte, pasando por las provincias de Pasto y Popayán; pasó por la cabecera del río Grande de la Magdalena y en su reconocimiento de las tierras llegó a Anserma. Regresó a la villa que había establecido Juan de Ampudia, bajo su mando, y la trasladó al valle de Lilí para tener un punto estable entre el interior y la costa del Pacífico, hacia donde quería salir. El 25 de julio de 1536, cimentó la villa de Santiago de Cali y nombró un teniente gobernador, Miguel López Muñoz, en vez de cabildo o ayuntamiento, quien trasladó la villa de Santiago de Cali al lugar en el que hoy se encuentra y se encargó de conformar, en el nuevo sitio, el cabildo.

En diciembre de 1536 Belalcázar fundó la ciudad de Asunción de Popayán. Cuando dejó organizado el gobierno de Cali y Popayán, partió hacia el norte con una nueva expedición, a través de la cordillera Oriental, hasta llegar a la Sabana de Bogotá, donde se encontró con las expediciones de Gonzalo Jiménez de Quesada, que había llegado por el Magdalena, y Nicolás de Federmán, que venía del oriente. Belalcázar le propuso una alianza a Nicolás de Federmán para despojar a Gonzalo Jiménez de Quesada del territorio que había conquistado, alegando que estaba en jurisdicción de Pizarro, invitación que Federmán rechazó. Quesada se negó a acceder a los reclamos de Belalcázar, y después de mediar los capellanes de ambas expediciones, convinieron en ir a España para zanjar sus disputas. En marzo de 1539, Quesada, Belalcázar y Federmán partieron de Santafé, rumbo a la Península.

De allí regresó Belalcázar en 1541, con los títulos de Adelantado y Gobernador Vitalicio de Popayán. En ausencia de Jorge Robledo quien respondía en España a un juicio entablado por Pedro de Heredia, este último se dirigió a la villa de Antioquia por la ruta de Urabá, descubierta por Francisco César, donde pidió rendición al alcalde Pimentel, quien se negó, reiterando que era representante legal de Sebastián de Belalcázar. Mientras tanto, Belalcázar se encontraba en Quito, auxiliando al gobernador del Perú, Cristóbal Vaca de Castro.

Al regresar a Popayán, como Robledo trataba de independizarse, lo declaró desertor; Mandó al capitán Juan de Cabrera a recuperar Antioquia y encargó a Miguel López Muñoz para que fundara una población con el propósito de dominar a las tribus de la región: Santiago de Arma (1542). Cabrera recuperó Antioquia y dominó a los soldados de Heredia, al que puso a disposición de Belalcázar, quien lo envió a Panamá, donde fue juzgado y absuelto por la Real Audiencia. El 5 de octubre de 1546, en la Loma de Pozo, el mariscal Jorge Robledo fue ajusticiado, por la pena vil de garrote, delante de las tropas de Belalcázar y por orden suya, a causa de enfrentamientos por el poder y el control de la futura Gobernación de Antioquia. La viuda de Jorge Robledo y los enemigos de Belalcázar le entablaron un juicio, pospuesto mientras éste colaboraba en la pacificación del Perú. Sin embargo, en 1560, Francisco Briceño, juez de residencia, le ordenó a Belalcázar presentarse a Cali, donde lo suspendió de sus funciones y lo tomó preso. El juicio fue duro y secreto, y su sentencia fue la condena a pena de muerte. Belalcázar apeló al Consejo de Indias, y mediante el pago de una fianza, quedó libre para ir a España.

Enfermó en el viaje por el río Magdalena y murió en Cartagena el 30 de abril de 1551. Pedro de Heredia, aún gobernador de Cartagena y antiguo contendor, le dio cristiana sepultura y sobre su tumba escribió un sentido epitafio [Ver tomo l, Historia, pp. 91-108].

DIANA LUZ CEBALLOS GÓMEZ

Bibliografía

AVELLANEDA NAVAS, JOSÉ IGNACIO. Los Compañeros de Federmán, cofundadores de Santafé de Bogotá. Academia de Historia. Bogotá. Tercer Mundo, 1990. LEMAITRE, EDUARDO. Breve historia de Cartagena, 1501-1901. Bogotá, Banco de la República, 1979. OTERO D'COSTA, ENRIQUE. Comentos críticos sobre la Fundación de Cartagena de Indias. 2 Vols. Bogotá, Banco Popular, 1983.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Pedrarias Dávila




Aunque no se conoce el año exacto en qué nació, los documentos parecen estar de acuerdo en que debió haber ocurrido hacia el año de 1440 en Segovia, España, bajo el nombre de Pedro Arias Dávila; su muerte se encuentra registrada en 1531 en la población de León en Nicaragua.

Este aristócrata, cortesano, se crió en la corte española donde fue conocido como “El galán” y “El gran justador”, sobrenombres que fueron remplazados por fray Bartolomé de las Casas, quien al observar su crueldad con los indígenas en la Castilla de Oro, lo apodó “Furor Domini” o “La ira de Dios ;Participó en las guerras de Granada junto a los Reyes Católicos, y se destacó en las campañas del norte de África en las que adquirió la fama de guerrero que años más tarde, en 1513, ocasionaría su nombramiento como Gobernador de Castilla del Oro.

Enviado por el rey Fernando al Nuevo Mundo, la expedición que dirigiera Pedrarias fue una de las más grandes y mejor organizadas hasta ese entonces. Llevando consigo el Requerimiento para la pacificación del territorio redactado por el jurista Juan López de Palacios Rubios, Dávila desembarcó en el Darién a mediados de 1514 con más de mil tripulantes que el poblado de Santa María la Antigua no estaba en capacidad de alojar ni alimentar, situación a la que se sumaron la crueldad desplegada por los capitanes de Pedrarias hacia los indígenas, y la rivalidad que surgió de inmediato entre Balboa y el nuevo Gobernador, y que solo terminaría hasta enero de 1519 con la decapitación de Balboa en Acla.

Siete meses después de la muerte de Balboa, Pedrarias fundaría la ciudad de Panamá, primer emplazamiento español sobre el Mar del Sur que tenía doble objetivo: servir como trampolín marítimo para el hallazgo de un estrecho de mar por Centroamérica, y servir de base de operaciones para extender la conquista por Castilla del Oro.

Documentos relacionados en la Biblioteca Vitual

Consulte el documento "Cómo fue proveído Pedraria Dávila de la Gobernación de Castilla del Oro", publicada en el libro "Lecturas de Historia Colonial I. Descubrimiento y Conquista del Nuevo Reino de Granada (1492-1542), editado por Germán Colmenares y Jorge Orlando Melo

Consulte el documento "Instrucción dada por el rey a Pedrarias Dávila para su viaje a la provincia de Castilla del Oro" publicada en el libro "Lecturas de Historia Colonial I. Descubrimiento y Conquista del Nuevo Reino de Granada (1492-1542), editado por Germán Colmenares y Jorge Orlando Melo

Pascual De Andagoya

Este conquistador y cronista español nació en la provincia de Álava, España, en 1495. A los 19 años, partió a América de Indias con la expedición de Pedro Arias de Ávila que contaba con alrededor de dos mil hombres y veintidós naves. Arribaron al Darién con el propósito de colonizar Centro América. Andagoya fue de inmediato privilegiado con un repartimiento de indios y desposó a Fue así, como en 1519 fundó la ciudad de Panamá, en la que se asentaron inicialmente 400 colonos. Con esto se ganó la confianza de su capitán y éste le encomendó una nueva misión: debía ir hacia el sur, explorarlo y obtener toda la información que pudiera conseguir sobre esas tierras.

Entre 1521 y 1523 desciende unas 50 leguas por el litoral que hoy pertenece a Colombia y se instala en San Juan como gobernador. Allá oyó noticias de una tierra rica en minerales a la que llamaban Pirú o Birú y emprendió su intento por conquistar las tierras que hoy son del Perú. Logró confirmar la existencia del Imperio Inca, recolectar una gran cantidad de oro y de otras joyas y reclamar como suyas y de la Corona Española largas extensiones de tierra a lo largo del río San Juan, pero tuvo un accidente y debió volver a Panamá, en donde informó a Francisco Pizarro y a Diego de Almagro del imperio del que había oído hablar. Fueron ellos junto a Hernando de Luque quienes lo reemplazaron en esa empresa, debiendo antes cancelarle una suma ya que Andagoya había reclamado las tierras para él. Pedrarias había enviado antes a Juan Batusto a continuar la expedición de Andagoya, pero éste murió antes de alcanzar su objetivo.

Algunos dicen que Balboa ya había oído hablar de esas tierras pero otros sostienen que Andagoya fue el primer español en tener noticias del Perú pues a Balboa sólo le dieron noticias sobre los indios del noroccidente colombiano.

En 1529 Andagoya fue desterrado de Panamá por el Gobernador Pedro de los Ríos, quien tuvo algunos problemas con él y después de cinco años se fue a vivir a Santo Domingo, en donde por segunda vez contrajo matrimonio. Un tiempo más tarde, volvió a Panamá como teniente, cuando el gobernador era Francisco Barrionuevo. Luego fue nombrado visitador de indios, demostró ser duro y recio en el trato con ellos, volvió a España y en 1539 fue, por ello, recompensado por Carlos I . Le dieron el título de gobernador y adelantado de la jurisdicción del río San Juan que comprendía las tierras del Darién hasta el Perú. Fundó en 1940 el poblado de Buenaventura y debió volver a España pues el licenciado Vaca de Castro le aconsejó hacerlo para solucionar los problemas de jurisdicción que estaba teniendo con Belalcázar en Cali y Popayán.

Cuando regresó a España, dejando altas deudas, lo hicieron prisionero. A los cinco años volvió a América con el pacificador Pedro de la Gasca con quien emprendió una campaña en contra de Gonzalo Pizarro. Finalmente, fue herido en combate y murió en junio de 1948.

Bibliografía

"Andagoya, Pascual de", Enciclopedia Microsoft Encarta 99. 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

Andrés Díaz Venero de Leiva




Primer presidente de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, nacido en Castilla, un sitio ubicado cerca al puerto de Laredo, muerto en Madrid, el 1 de julio de 1578. De noble abolengo,. fue descendiente de la familia de Asculi y de los condes de Baños. De vasta educación, fue convictor mayor del Colegio de Santa Cruz en Valladolid, en 1548, y fiscal y oidor del Consejo de Contaduría de Castilla en 1554. En marzo de 1563 partió de España, atracó en Cartagena a finales de ese año, y llegó a Santafé en febrero de 1564, donde se posesionó como primer presidente de la Audiencia del Nuevo Reino de Granada (1564-1574). Su objetivo principal fue tratar de hacer eficientes la Real Audiencia y la Real Justicia. Pidió a los oidores cuentas de gastos de justicias, de las condenas y les exigió buenas relaciones entre ellos, pues tenían enemistades que entorpecían el buen. funcionamiento del gobierno, para lo cual estableció que los oficiales registraran todos los datos en el futuro. La Corona ordenó y Díaz Venero de Leiva ejecutó el juicio de residencia al oidor Melchor Pérez de Arteaga (a quien le levantó cuarenta y un cargos, resultando culpable de inmoralidad pública y de excederse como visitador de Cartagena) y a todos los trabajadores de la Audiencia que tenían acusaciones en su contra: porteros, receptores, procuradores, escribanos de cámara.

Resolvió serios casos judiciales, como la condena a muerte del soldado Francisco Bolívar, quien la mereció por crueldades con los indios; y la muerte de Jorge Voto en Tunja (1571), maestro de danza y músico, a manos de Pedro y Hernán Rivera, hijos del capitán y conquistador Pedro Bravo de Rivera, quienes fueron azuzados por Inés Manrique, conocida como Inés de Hinojosa. Allí viajó el presidente a investigar la causa, condenando a don Pedro a ser degollado y a la horca a don Hernán y a doña Inés. Díaz Venero de Leiva envió al fiscal Diego García de Valverde a la Gobernación de Popayán y al oidor Juan López de Cepeda a las de Cartagena y Santa Marta, como visitadores de las mismas, debido a los desafueros y violación de las Leyes Nuevas de 1542, leyes que delegaban en la Real Audiencia la autorización de nuevas conquistas a los gobernadores, quienes, según él, obraban de tal forma por su poca experiencia, su falta de educación y la gran distancia que los separaba de la Audiencia. Se opuso a las expediciones, no autorizando la de Diego de Ospina a Antioquia y la de Diego Vargas, en busca de El Dorado, a los Llanos Orientales; con esto cerró el proceso de extensión de la conquista y los atropellos de los conquistadores, que sometían a los indios y los instaban al pillaje en los pueblos que conquistaban; en vez de ello, se debían establecer las bases de colonización. Como consecuencia, el 29 de abril de 1572 se autorizó por el presidente la fundación de la Villa de Leiva, para complacer la solicitud de algunos labradores que disputaban la mano de obra indígena a los encomenderos de Tunja. Venero de Leiva ordenó las relaciones entre los indios y los encomenderos en lo concerniente a la omisión de las disposiciones de protección de la Corona; decretó pena por venta secreta o pública de encomiendas; tasas de tributo; acumulación de servicios especiales personales de indios a encomenderos, sin salario a cambio; abolición del servicio personal; provisión de forrajes, combustibles y pastoreo por parte de los indios.

No modificó el trabajo en las minas hasta 1570, año en que estableció seis granos de oro diarios, herramientas, comida y siete horas de trabajo al día con descanso para comer. Prohibió el que se trasladase a los indios a climas diferentes y el que se los ocupase en trabajos distintos a los que tenían por nacimiento y crianza. Para hacer cumplir estas normas, estableció el cargo de Defensor de Naturales en cada asiento de minas, y reguló la explotación de la plata en Mariquita y la de esmeraldas en Muzo. La abolición del servicio personal, después de la visita a San Sebastián, Tocaima, Ibagué y Mariquita realizada por el oidor y visitador general del Nuevo Reino de Granada, el licenciado Diego de Villafañe; abolición proclamada mediante un auto de este oidor, el 28 de octubre de 1574, ocasionó un tumulto o motín de los encomenderos, pues se imponía una pena de mil pesos de buen oro para quienes lo incumpliesen o cien azotes para quienes, sin ser encomenderos, no tuvieran con qué pagar. Los encomenderos dirigentes del motín fueron procesados y, finalmente, absueltos. Venero de Leiya trajo cuarenta sacerdotes dominicos; con fray Juan de los Barrios, primer arzobispo del Nuevo Reino de Granada, construyó cuarenta iglesias, entre las cuales inició la construcción de la catedral de Santafé en 1572; construyó escuelas y misiones; estableció el monopolio del tráfico comercial para la Corona. De él dijo Juan Rodríguez Freyle, ayudó mucho a la conversión de los naturales, que, a pedimento del prelado, mandó hacer iglesias en los pueblos de indios, en que se les decía misa, y predicaba y ha predicado en su lengua hasta el tiempo presente, de que se ha seguido grande utilidad a toda esta provincia y las demás sus vecinas, con mucho aprovechamiento como es notorio>,.

Aprovechamiento, sobre todo, para la Corona, que tuvo en Díaz Venero de Leiva un funcionario que trató de aplicar sus políticas a cabalidad. Casado con María de Ondegardo (Hondegardo) y Zárate, tuvo nueve hijos. En 1574 le siguieron un juicio de residencia, dirigido por Francisco de Briceño, en el que las principales acusaciones tenían relación con actos de avaricia de doña María, por sus intrigas ante la Audiencia con el fin de obtener favores para quienes la regalaban. Doña María de Ondegardo solicitó del rey, en 1583, una recompensa por los servicios prestados por su marido a la Corona. Andrés Díaz Venero de Leiva regresó a España a finales de 1574. Nombrado miembro del Consejo de Indias, murió en Madrid, el 1 de julio de 1578 [Ver tomo l, Historia, p. 136].

DIANA LUZ CEBALLOS GÓMEZ

Bibliografía

RODRÍGUEZ FREYLE, JUAN. IV. El carnero [1638]. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1984.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Documentos relacionados en la Biblioteca Virtual

Consulte el texto "Andrés Díaz Venero de Leiva: primer presidente y organizador del Nuevo Reino de Granada", publicado en Credencial Historia N°32.

Nicolás de Federmán





Conquistador alemán (ULm, antiguo reino de Wüitemberg, ca. 1501 - muerto posiblemente en España, ca. 1542). Nicolás de Federmán (o Federmann, Féderman o Frederman) era alto, robusto y ágil, y lo apodaban "Barba Roja". Realizó expediciones de conquista auspiciadas por comerciantes y banqueros de Augsburgo: los Welser. A su servicio, Federmán fue enviado primero como factor a Sevilla y después vino a América, para ayudar al gobernador de Venezuela Ambrosio Alfinger. El 22 de octubre de 1529 salió de Sanlúcar de Barrameda, y llegó a Venezuela en enero de 1530. Nombrado teniente de gobernador, capitán general y alcalde mayor de Coro, Federmán salió con su primera expedición, el 12 de septiembre de 1530. Recorrió desde Coro hacia el occidente, por los actuales Barquisimeto, Araure, El Baúl y San Felipe; pero acusado de haber realizado la expedición sin autorización, fue condenado al destierro de las Indias durante cuatro años. Viajó a España y en agosto de 1532 pasó a Augsburgo, en Alemania, donde escribió una narración de su primer viaje a América, titulada Indianische Historia (Historia indiana), publicada por su cuñado en 1557, donde intentó describir yacimientos auríferos. En 1532 Federmán volvió a firmar contrato con los Welser, y en julio de 1534 fue nombrado, por real cédula de Carlos v, para suceder a Ambrosio Alfinger como gobernador de la provincia de Venezuela y el Cabo de la Vela. No obstante, al año siguiente, sin posesionarse aún, fue sustituido por Jorge Spira (o Espira). Federmán y Spira prepararon juntos la expedición, y llegaron a Venezuela en febrero de 1535. En Coro decidieron separarse y organizaron dos grandes expediciones. Federmán siguió hacia el Cabo de la Vela, como teniente de gobernador de Spira, pasando por Maracaibo, pero se devolvió y llegó a los llanos del Casanare, tratando de evadir el invierno. En 1536, probablemente cerca a la desembocadura del río de la Hacha, fundó una población llamada Nuestra Señora de las Nieves.

En los intervalos de buen tiempo, Federmán cazaba indios hasta en la región de Paraguachóa, para usarlos como cargueros. Cerca de Coro había recogido otros, aproximadamente quinientos, a quienes había llevado amarrados al Cabo de la Vela. Esto le valió ser acusado en Santo Domingo, en 1540. En la defensa, Pedro de Limpias confirmó los cargos, lo que no fue óbice para que lo declararan inocente, y que más bien resume, según José Ignacio Avellaneda Navas, la cruda realidad de la época sintetizada en los siguientes argumentos de la defensa: a) Declara que para poder ir Féderman en seguimiento del gobernador Espira, necesitaba de indios que le sirviesen a él lo mismo que a los soldados; b) que por esta razón Féderman lo envió a que los recogiera donde los encontrara; c) que éstos eran indispensables para "que les lleven e ayuden a llevar los mantenimientos e otras cosas necesarias para las entradas"; d) que "se usa e acostumbran llevar los dichos indios acollarados e aprisionados a lo menos hasta sacallos de sus tierras, porque si de otra manera los llevasen, se huirían e se quedarían los cristianos sin servido"; e) que "ni herró, ni vendió, ni hizo esclavo alguno de los dichos indios, ni era parte de podello hacer [...]"; f) que "ni ha hecho ni consentido hacer mal tratamiento a los indios; antes siempre los ha amparado e defendido e les ha hecho e mandado hacer muy buenos tratamientos".

Aunque ya había sido declarada herética la proposición de que los indios no tenían alma y eran incapaces (1537), aún no se habían promulgado las Leyes Nuevas que los protegían (1542). Federmán prosiguió, entonces, al alto Meta y se ubicó en Nuestra Señora de Fragua para herrar los caballos, reorganizar herramientas y descansar. Llegó hasta el páramo de Sumapaz, bajó siguiendo el río Fusagasugá y arribó a Pasca y luego a Bosa, donde se encontró con enviados de Gonzalo Jiménez de Quesada, quien se había enterado de su llegada. El encuentro fue amistoso y animado por trompetas y tambores, que lo hicieron solemne. Pactaron por diez mil pesos en oro y convinieron en que los soldados que llegaran de Venezuela, tendrían iguales derechos a los del Nuevo Reinó. Federmán no quiso aliarse con Sebastián Belalcázar para' despojar a Quesada de los territorios conquistados. Hubo desencuentros entre los tres conquistadores, pero pactaron la paz y llegaron en febrero de 1539 a Santafé, en medio del contento de las gentes a su mando, que coincidían más o menos en número y en sacerdotes, aunque no en sus atuendos: las de Belalcázar se ataviaban con seda y grana, las de Federmán usaban pieles, y las de Quesada lucían telas indígenas y mantas. En ese mismo año partieron los tres hacia España; tardaron treinta días en alcanzar la ciudad de Cartagena y llegaron a San Lúcar de Barrameda en julio. Los conflictos religiosos en Europa y la reforma luterana en Alemania hicieron que se prohibiera la entrada de naturales de aquel pais a las Indias sin licencia, lo que impidió que Federmán recibiera algún nombramiento. Al parecer, Federmán falleció en Valladolid, España. Según algunas fuentes, al llegar a Europa Federmán se dirigió hacia Gante, donde se encontraba Bartolomé Welser, y como el informe de su gestión no satisfizo a sus jefes, fue encarcelado. En 1541 se le permitió trasladarse a Madrid para defenderse ante el Consejo de Indias, pero murió antes de conseguir su libertad [Ver tomo 1, Historia, pp. 90, 100-101].

DIANA LUZ CEBALLOS

Bibliografía

AVELLANEDA NAVAS, JOSÉ IGNACIO. Los Compañeros de Federmán, cofundadores de Santafé de Bogotá. Bogotá, Tercer Mundo, 1990. FERDERMAN, NICOLAS DE. Historia indiana. Traducción directa del alemán de Juan Friede. Madrid, Aro, 1958. FRIEDE, JUAN. Vida y viajes de Nicolás de Federmán. Bogotá, Bucholz, 1960. LEMAITRE, EDUARDO. Breve historia de Cartagena, 1501-1901. Bogotá, Banco de la República, 1979.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

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Pedro de Heredia




Conquistador español (Madrid, ca. 1520 - ca. 1555). De familia noble, en su juventud Pedro de Heredia se trabó en lucha con seis contendientes, de donde salió mal herido en la nariz ,ésta le fue arreglada por un médico famoso de la Corte, pero Heredia, en venganza, mató a tres de sus atacantes y tuvo que huir a las Indias para evadir la justicia que lo reclamaba. Se estableció en Santo Domingo y se dedicó a las labores agrícolas. De allí pasó a Santa Marta como teniente del gobernador Pedro Badillo, donde se enriqueció por el intercambio con los indios de baratijas (cascabeles, espejos, gorros colorados) por oro. Llevó a España sus riquezas y capituló en la Corte la conquista y población de la costa de Tierra Firme, desde las bocas del Magdalena hasta el río Atrato. Las capitulaciones fueron firmadas el 5 de junio de 1532, en Tordesillas, por la reina doña Juana La Loca. Heredia desembarcó en la bahía de Cartagena el 14 de enero de 1533. El l de junio fundó la ciudad de Cartagena y se lanzó a una nueva expedición, con muchos esclavos negros, en la que descubrió los sepulcros de los sinúes. En el territorio Finzenú, gobernado por una cacica, al igual que en muchos otros de América, enterraban a los muertos con sus bienes y el cementerio consistía en un templo adornado con estatuas grandes de madera, encubiertas de oro, colocadas una frente a otra y de las cuales pendían hamacas, donde los indígenas colocaban ofrendas a los dioses. Heredia saqueó las sepulturas y extrajo enormes cantidades de oro por muchos años, tanto que originó en los indios un refrán que decía: desgraciado el Pirú [Perú], si se descubre [primero] el Sinú. Heredia realizó muchas incursiones personalmente y por intermedio de otros. El obispo de Cartagena, fray Tomás del Toro, lo acusó ante la Corte, que envió a juan de Badillo a residenciarlo. Este era socio de Heredia y estaba descontento con él, así que lo encarceló con don Alonso, su hermano, pero los Heredia pagaron una fianza con el oro que habían traído de Antioquia. Pedro de Heredia viajó a España, donde lo absolvieron, y regresó con el título de Adelantado.

Siguió en sus incursiones conquistadoras hasta que el pirata Baal se tomó Cartagena con sus franceses, y Heredia tuvo que pagar dos mil pesos de buen oro, por intermedio del obispo, lo que aceleró su segundo juicio de residencia. El doctor Juan de Maldonado, nombrado fiscal de la Real Audiencia, fue enviado desde España a tomarle residencia a Pedro de Heredia, gobernador de Cartagena, debido a las muchas acusaciones que pesaban sobre él, por los abusos cometidos durante su gobierno. Maldonado le levantó 289 capítulos por diferentes cargos, entre los que se cuentan contravenciones a las leyes, apropiación de fondos que entraban a la Caja Real por las penas de Cámara, envío fuera del país de oro sin quintar, nepotismo en el otorgamiento de cargos y encomiendas, entorpecimiento en las deliberaciones del cabildo, y maltrato a indios y caciques por haberlos aperreado y quemado vivos. Sobre este último cargo, se le acusó, además, de ásperos tratamientos de indios y encomiendas de pueblos de Vuestra Alteza y grandes excesos de muertes y cortamientos de labios y orejas y tetas. El proceso se extendió de 1553 a 1555, cuando se le encontró culpable, privándosele, por lo tanto, de la gobernación. Heredia apeló y se fugó, pero tratando de llegar clandestinamente a España, se ahogó en la travesía. Pedro de Heredia es, tal vez, el paradigma de la maldad del conquistador, estereotipo que se ha aplicado sin más a todos los conquistadores.

Bibliografía

Friede, Juan. Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. Bogotá, Banco Popular, 1976. Gómez Pérez, María del Carmen. Pedro de Heredia y Cartagena de Indias. Sevilla, csic, 1984. Lemaitre, Eduardo. Breve historia de Cartagena de Indias. Bogotá, Banco de 1~ República, 1983. Otero D'Costa, Enrique. Comentos críticos sobre la fundación de Cartagena de Indias, 2 Vols. Bogotá, Banco Popular, 1970.

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Gonzalo Jiménez de Quesada




Conquistador español, fundador de Santafé de Bogotá (Córdoba o Granada, 1509 - Mariquita, febrero 16 de 1579). El origen de Gonzalo Jiménez de Quesada es un misterio; documentalmente no se ha podido constatar si nació en Córdoba o en Granada, y si su origen era judío. Existen pruebas fidedignas de que estudió y se licenció en Derecho en la Universidad de Salamanca, y que ejerció como abogado en la Real Audiencia de Granada hasta el momento de enrrolarse y viajar a América, a mediados de 1535, con la expedición de Pedro Fernández de Lugo y su hijo Alonso Luis de Lugo, quienes habían contratado con la Corona española la gobernación de Santa Marta (sin embargo, según algunas fuentes, antes de embarcarse hacia América, Jiménez de Quesada estuvo en Italia, como parte de las tropas españolas que luchaban allí).

Jiménez viajaba con el cargo de teniente de gobernador para administrar justicia, nombrado en noviembre 10 de 1535, en el puerto de Santa Cruz. En calidad de tal, participó en una expedición "pacificadora" a la Sierra Nevada de Santa Marta; sin embargo, y debido a la precariedad que se vivía en la ciudad, Jiménez decidió, tres meses después de su llegada al puerto, organizar una excursión hacia el interior de la gobernación, con la intención de alcanzar el Perú. En las instrucciones de la expedición que debía emprender Jiménez de Quesada quedó estipulado que el contingente, en su ruta hacia el Perú, debía procurar la paz con los indígenas que hallase en el transcurso y la obligación de pedirles oro para consolidar el proceso de conquista. Si los aborígenes se negaban a pactar la paz y a colaborar con la causa española, el capitán general podría emprender contra ellos una guerra a sangre y fuego, la llamada "justa guerra", que permitía apropiarse de los bienes de los enemigos e incluso esclavizarlos. La expedición salió el 5 de abril de 1536.

Un grupo de 670 hombres iba por tierra y otro, menos numeroso, por agua; Jiménez de Quesada se encargó del que iba por tierra. Tenía que alcanzar el río grande de la Magdalena, rodeó entonces la Sierra Nevada y llegó a Valledupar, pasó luego a Chiriguaná, Tamalameque y Sompallón. Después de un período de no percibir mayores recolecciones de oro, el ejército, ya bastante mermado, continuó su ruta por el Magdalena a San Pablo, Barranca y Cuatro Brazos o La Tora (actual Barrancabermeja). En San Pablo fueron alcanzados por bergantines al mando de Diego Hernández Gallego, que les suministraron armas, víveres y medicinas, facilitando un poco la continuación de la expedición. A medida que se adentraba en el nuevo territorio, el ejército expedicionario iba teniendo noticia de que existía un activo comercio de sal entre los indígenas habitantes de las inhóspitas sabanas y los de la inmediata sierra, donde, según decían los aborígenes, existía una "laguna de sal", la cual llamó la atención de los intrusos, que decidieron buscarla.

Esto implicó ascender la cordillera y desviarse, aún más, del ansiado Perú. El primer pueblo que tocaron los conquistadores, el 9 de marzo de 1537, en su periplo hacia la Sabana de Bogotá, fue La Grita, en las proximidades de Vélez, donde, además, comenzaba el territorio de lengua chibcha. Luego entraron a Guachetá, Lenguazaque, Cucunubá, Suesca, Nemocón, Tausa y Zipaquirá, pueblos en los que recogieron jugosas cantidades de oro y esmeraldas, sin mayor resistencia por parte de los indígenas.

El 22 de marzo penetraron al valle de Los Alcázares, como llamó Jiménez a la sabana dominada por el cacique Bogotá, también llamado Zipa. Este envió ejércitos a frenar el avance de los españoles, pero las huestes de Jiménez de Quesada siguieron su avasalladora intromisión, y luego de algunas escaramuzas y de unas fallidas incursiones en busca del Zipa, avanzaron hasta Chocontá y Turmequé, desde donde tuvieron noticia de los promisorios Llanos Orientales. Descubrieron, además, Tunja, Sogamoso y Duitama, los valles de Sáchica, Zaquenzipa y la laguna de Tota, donde obtuvieron fabulosos tesoros. En Tunja, Jiménez capturó al cacique Bogotá, y con él un rico tesoro de oro y esmeraldas. También exploraron el valle de Neiva, lo que implicó recorrer Pasca y el páramo de Sumapaz, y extenderse hasta el actual municipio de Altamira. Mientras tanto, Hernán Pérez de Quesada, hermano de Jiménez de Quesada, trató de conquistar la Provincia de las Amazonas sin éxito.

Los resultados económicos de la expedición fueron más que buenos: en sólo la provincia de Tunja se recogieron 182 536 pesos de oro fino, 29 806 pesos de oro bajo y 836 esmeraldas. Se procedió entonces a repartir el tesoro obtenido, el 6 de junio de 1538, entre los 178 individuos que formaban el ejército comandado por Jiménez de Quesada. Luego de hacer los pagos de deudas: salario al cirujano, costo de medicinas, plomo, hilo para ballestas, arcabuces, hachas, azadones, clavos, etc., las obligatorias donaciones a las iglesias de Santa Marta, el pago de misas por las almas de los difuntos y la obligatoria erogación del quinto real, se dividió un total de 148 000 pesos de oro fino, 16 964 pesos de oro bajo o de chafalonía y 1455 esmeraldas. El 6 de agosto de 1538 Jiménez de Quesada declaró la conquista del territorio en favor de los reyes de España. No obstante, sólo en enero de 1539, ante la presión de las fuerzas del nuevo Zipa, llamado Sagipa, decidió construir una ciudad de españoles, siendo elegido el sitio de Teusacá, donde hoy se asienta Bogotá. En dicha erección contribuyeron los indígenas de Guatavita. Esta conformación, que implicó un proceso de conquista definitivo, coincidió con la llegada de los ejércitos expedicionarios de Sebastián de Belalcázar, proveniente del Pení, y del alemán Nicolás de Federmán, que venía de Coro (Venezuela), quienes exigieron, a nombre de Francisco Pizarro, conquistador del Perú, y los banqueros alemanes Welser, derechos sobre los territorios recién descubiertos. Comenzaron, entonces, una serie de conversaciones y negociaciones en las que Jiménez de Quesada mostró una nueva faceta de su carácter: la de político, pues supo zanjar las diferencias con los capitanes invasores y llegar a un acuerdo: Federmán y Belalcázar dejaron en la región a 222 individuos que, unidos a los 178 que poseía el licenciado, construyeron el grupo básico de colonización del altiplano. Así mismo, los dos conquistadores le cedieron una buena cantidad de animales domésticos, aves de corral y herramientas necesarios para consolidar el establecimiento definitivo.

Tanto con Federmán, como con Belalcázar, Jiménez llegó al convenio de que la propiedad jurídica del nuevo territorio sería establecida por la Corte de Madrid, y que en el caserío recién construido se formaría un cabildo. Los territorios y los indígenas serían repartidos en encomienda, entre las huestes conquistadoras y la Corona. Así, una vez Jiménez de Quesada organizó la conquista de los nuevos territorios y dejó un gobierno establecido, en cabeza de su hermano, se marchó con Federmán y Belalcázar a España para adelantar en la Corte las gestiones de reconocimiento del territorio por él descubierto. Desde Santafé partieron hacia Cartagena, puerto del que zarpó el licenciado en julio de 1539; sin embargo, sólo hasta el 29 de noviembre de ese año se presentó en la Casa de Contratación de Sevilla, donde entregó el quinto real consistente en 11 000 pesos de oro (aproximadamente 70 kilos) y 575 esmeraldas.

Cuando Jiménez de Quesada llegó a España, el ambiente en la Corte era francamente hostil a los conquistadores, pues por ese entonces fray Bartolomé de las Casas adelantaba su defensa en pro de los indígenas. Por otra parte, Jiménez tuvo que enfrentar un pleito con Alonso Luis de Lugo, heredero de Pedro Fernández de Lugo, por la parte del botín que le correspondía de la conquista del nuevo territorio. También tuvo que enfrentar un litigio con la Casa de Contratación, pues además de no haberse presentado inmediatamente después de su llegada, parecía que no había declarado el total de lo recogido en la expedición al altiplano andino. Además, existían pruebas concluyentes de maltratos y abusos contra los indígenas, y se le imputó, con sobrada razón, el vil asesinato de los caciques Bogotá "el Viejo" y Sagipa. Las autoridades sevillanas le embargaron a Jiménez de Quesada sus bienes; pero el 26 de diciembre de 1540 el licenciado logró que se los devolvieran. En éstas, como en otras querellas judiciales, don Gonzalo supo salir victorioso, pues manejaba con propiedad los códigos y la pluma. Así, pese a estos problemas, Jiménez de Quesada pudo conseguir que el Consejo de Indias expidiera algunas disposiciones para la administración civil y religiosa de los territorios recién descubiertos. Por ejemplo, obtuvo que a Santafé de Bogotá y a Tunja se les otorgaran sendos títulos de ciudades, que se nombraran ocho corregidores para cada una de las nuevas localidades, y que se tasaran los impuestos sobre el oro que debían pagar los conquistadores. Sin embargo, las irregularidades cometidas en el proceso de conquista del altiplano fueron objeto de una tenaz persecución de las autoridades, especialmente del fiscal Juan de Villalobos, por lo que a partir de la segunda mitad del año 1541 Jiménez tuvo que ausentarse de España y vivir prácticamente en la clandestinidad hasta fines de 1545, cuando se presentó en la Corte para defenderse y solucionar los pleitos pendientes lo que le tomó hasta fines de 1546.

En julio de 1547 se instaló la Real Audiencia de Santafé de Bogotá, coyuntura que aprovechó Jiménez para retornar al Nuevo Reino pero con poderes que antes no poseía. Obtuvo, entonces, los títulos de regidor más antiguo del Cabildo de Santafé, mariscal de la provincia del Nuevo Reino de Granada, un escudo de armas y se le prometió el de adelantado. Se le concedió una pensión vitalicia de 2000 ducados anuales y se le devolvieron sus encomiendas de Sogamoso, Guatavita y Fontibón, que había perdido debido a los problemas judiciales que tuvo que afrontar. De este modo, a fines de 1550 Jiménez de Quesada viajó al Nuevo Reino de Granada y llegó a Cartagena a fines de febrero de 1551. A los pocos meses partió hacia Santafé de Bogotá, donde llegó a principios de junio. Aunque don Gonzalo era miembro del Cabildo de Santafé, sus actuaciones en ese organismo de gobierno fueron poco menos que opacas, a excepción de un sonado juicio de residencia que adelantó contra el doctor Juan Maldonado, su lugarteniente Jorge de Quintanilla, sus tenientes y oficiales.

Por un tiempo se dedicó a la profesión de abogado y desde que retornó a la ciudad sede de la Audiencia, llevó una vida "desarreglada", de la que obtuvo crecidas deudas que lo llevaron a vivir en un estado permanente de penurias económicas, al punto que a los sesenta años, y como una forma de solucionar sus afanosos problemas, emprendió la conquista del mítico "Dorado" al oriente de los Andes, empresa en la que se arruinó definitivamente y casi acabó con su vida.

Jiménez de Quesada fue un conquistador especial: a diferencia de la mayoría de sus colegas, era instruido, sabía leer y escribir y por añadidura era abogado. No fue un militar destacado, ni emprendió grandes empresas de ese género, pero con el descubrimiento y conquista del Nuevo Reino de Granada, Jiménez logró para España el dominio de la tercera gran cultura americana: la chibcha o muisca. Por lo tanto, junto con Hernán Cortés (México) y Francisco Pizarro (Perú), Jiménez de Quesada es uno de los grandes conquistadores de América. A1 igual que muchos de sus similares, cometió grandes desafueros que le significaron infinidad de problemas judiciales, pero a diferencia de ellos el licenciado y mariscal siempre supo salir bien librado. Sin embargo, la búsqueda del Dorado y la conquista de los Llanos Orientales fueron su obsesión y perdición.

Para adelantar su expedición, en julio de 1560 Jiménez ofreció gastar 50 000 pesos de oro, cantidad que no poseía. El 25 de julio de 1569, luego de nueve años de negociaciones, quedó concluida la capitulación entre el adelantado y la Real Audiencia. En este contrato se le otorgó a Jiménez el gobierno de un extenso territorio: 400 leguas de longitud y latitud entre los ríos Pauto y Papamene, el derecho de usufructo para él y un heredero, la concesión del título de marqués o conde de la tierra que ocupare, así como el de alguacil. Finalmente, tenía el derecho de otorgar encomiendas y tierras, distribuir aguas y señalar ejidos y linderos de las poblaciones, siempre y cuando no fueran en perjuicio de los naturales. También se le permitió introducir 500 esclavos negros, dotar dos barcos, importar granos, reses y caballos de España. A este proyecto emprendido por Jiménez se apuntaron varias personas, y como había un superávit de población, el enganche para la expedición fue fácil. No existe ninguna referencia documental sobre la fecha de partida de Santafé hacia San Juan de los Llanos, lo cierto es que en diciembre de 1571 ya se había iniciado y en 1573 ya había concluido, con un saldo totalmente negativo, pues tanto el adelantado como sus compañeros no conocían la zona a donde iban.

Una vez se conoció el fracaso de la expedición conquistadora, los comerciantes y encomenderos que la habían financiado comenzaron a apremiar al anciano conquistador, y sus bienes fueron embargados. Jiménez emprendió entonces otro pleito, que al igual que en ocasiones anteriores y pese a lo avanzado de su edad, se caracterizó por su beligerancia. Perdido el litigio por el fundador, logró obtener de la Audiencia la misión de pacificar a los indígenas Gualí, de la región aledaña a Mariquita. Inició esta empresa hacia fines de 1573, y obtuvo relativos éxitos pues logró fundar la ciudad de Santa Agueda, pero a costa de un gran número de vidas de españoles e indígenas. Hasta su muerte, Jiménez de Quesada permaneció en la zona de la gobernación de Mariquita, al frente de sus innumerables pleitos, en los que siempre quiso salir bien librado y, sobre todo, defender y legitimar el derecho que sobre las tierras conquistadas tenían los conquistadores.

Otro aspecto interesante de la vida de Jiménez de Quesada es su afición por la poesía, testimoniada por Juan de Castellanos en las Elegías de varones ilustres de Indias, y su actividad como escritor. Su obra más conocida es El Antijovio, refutación a un libro contra los españoles, del italiano Paulo Jovio, arzobispo de Nochera. Según consignó Jiménez de Quesada en el prólogo, escribió esta obra, de 55 capítulos, entre el 29 de junio y el 30 de noviembre de 1567. Se conservan, además, Indicaciones para el buen gobierno (1549), Memoria sobre los descubridores y conquistadores que entraron conmigo a descubrir y conquistar este Nuevo Reino de Granada (1576) y algunas cartas y cláusulas de su testamento; el resto de su obra está perdida.

JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO

Bibliografía

Friede, Juan. Gonzalo Jiménez de Quesada a través de documentos históricos. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1960. Friede, Juan. El adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada, 2 Vols. Bogotá, Carlos Valencia editores, 1979. JIMÉNEZ DE QUESADA, GONZALO. El Antijovio. Estudio preliminar, Manuel Ballesteros Gaibrois. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1952.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Juan Antonio Mon y Velarde




Oidor de la Real Audiencia y visitador de Antioquia, nacido en Mon, principado de Asturias, España, en agosto de 1747, muerto en Cádiz en 1791. Juan Antonio Mon y Velarde, el futuro reformador de la estructura agraria, minera y monetaria antioqueña, estudió artes en la Universidad de Oviedo, fue colegial en el Mayor de San Salvador de la Universidad de Salamanca y se graduó como bachiller en cánones y leyes. Ocupó el cargo de director general de Obras Públicas de Nueva España y era oidor de la Real Audiencia de Guadalajara, cuando en 1778 el rey lo nombró para que ocupara el mismo destino en el Nuevo Reino de Granada. Mon llegó a Santafé a fines de octubre de 1781 y participó en las decisiones que adoptó la Audiencia con relación al movimiento de los Comuneros, entre ellas la sentencia de muerte contra José Antonio Galán y otros participantes en la insurrección. En 1785 Mon y Velarde fue enviado como juez visitador a la Provincia de Antioquia, a raíz de la solicitud formulada por su gobernador, Francisco Silvestre, quien consideraba necesaria la presencia de un funcionario dotado de la autoridad necesaria para zanjar los pleitos que allí tenían lugar y aumentar el recaudo de las rentas provinciales. En general su gestión suscitó agudas polémicas debido a las reformas que introdujo. A1 iniciar su labor, que le implicó asumir la gobernación, sometió a juicio a los amotinados en 1781 y 1782, y luego procedió a depurar la administración. Posteriormente reorganizó las rentas de aguardientes, degüello y tabaco, con lo cual su producto se elevó considerablemente.

Consultó a los cabildos antioqueños sobre las medidas que requerían y, sobre la base de sus respuestas, promulgó su Auto del Buen Gobierno. En agosto de 1786 Mon y Velarde visitó las minas de oro de San Pedro, y estudió su funcionamiento; luego expidió un Nuevo Código de Minas, que sustituyó el preparado en el siglo XVI por el gobernador Gaspar de Rodas (1577-1595). Con este Código el visitador dio respuesta a la recuperación minera que se venía dando en Antioquia desde hacía tres décadas. Aunque sus disposiciones en esta materia fueron muy elogiadas por José Celestino Mutis y José D'Elhuyar, al parecer nunca se pusieron en práctica; sin embargo, las reformas monetarias y agrarias que emprendió estimularon indirectamente al sector minero, con lo cual el incremento de su Producción no sólo se mantuvo, sino que aumentó. En lo relativo a la política monetaria, Mon y Velarde adoptó varias medidas entre las que sobresale la introducción de la plata como patrón monetario. A1 respecto el visitador ordenó que las monedas de este metal fueran aceptadas en todas las transacciones, las cuales, hasta ese momento, se venían haciendo con oro en polvo. En su conjunto y vistos sus resultados a largo plazo, tales disposiciones facilitaron el comercio local, estimularon el crecimiento de los mercados domésticos y la expansión de los sectores minero y comercial y, en particular, el comercio de importación. Para superar los problemas que presentaba la estructura agraria antioqueña, Mon y Velarde dio vía libre a la fundación de nuevos pueblos, en los que se entregaron tierras a los pobladores pobres de la provincia, utilizando para el efecto propiedades de particulares que no estaban siendo adecuadamente explotadas.

En cumplimiento de su programa de población, durante su gobierno se fundaron los asentamientos de Carolina, San Carlos, San Luis de Góngora (Yarumal) y San Antonio del Infante (Don Matías). El traslado de población excedente de los valles a las zonas de colonización mejoró las condiciones de los nuevos propietarios y favoreció también a las elites mineras, comerciantes y agrícolas, ya que dinamizó los mercados e incorporó nuevas áreas a la producción minera. Además de estas medidas, que a mediano y largo plazo tuvieron un gran impacto sobre la estructura económica antioqueña, Mon y Velarde ordenó el levantamiento de un censo de riqueza; reorganizó las actividades de las oficinas públicas y dispuso el arreglo de los archivos y de las escribanías; promovió la creación del Obispado de Antioquia; introdujo las primeras semillas de anís a la provincia, estimuló las siembras de cacao y algodón, ordenó la creación de graneros públicos; fomentó la construcción y el mantenimiento de las vías de comunicación y puso en ejecución diversas obras de beneficio común en las villas de Medellín y de Antioquia (Santafé de Antioquia). Su labor, sin embargo, generó las quejas de los propietarios afectados directamente por las expropiaciones de tierras en áreas de colonización. En 1788 el visitador abandonó la provincia y se dirigió a Cartagena, donde además de preparar las "Ordenanzas para el arreglo y buen tratamiento de los indios de los pueblos de la comprensión de esta provincia", elaboró varios informes relativos a la provincia de Antioquia. A mediados de 1789 regresó a Santafé de Bogotá, donde continuó desempeñando su cargo de oidor, hasta febrero de 1790, cuando se dirigió a Quito, donde había sido nombrado como presidente y comandante general de la provincia. En mayo de 1790 se le promovió para que ocupara una plaza togada en el Supremo Consejo de Indias, cargo que no alcanzó a desempeñar porque murió en Cádiz, quince días después de haber regresado a España [Ver tomo l, Historia, pp. 129 y 216].

MARTA HERRERA ÁNGEL

Bibliografía

OSPINA, TULIO "El oidor Mon y Velarde. Regenerador de Antioquia". Repertorio histórico, año 2, N- 9-11 (Medellín, septiembre 1918). RESTRPO SÁENZ, JOSE MARIA. Biografías de mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671 a 1819). Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952. ROBLEDO, EMILIO. Bosquejo biográfico del doctor Juan Antonio Mon y Velarde, 2 Vols. Bogotá, Banco de la República, 1954.

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Francisco José De Montalvo




Caballero de la Orden de Santiago, alcanzó el título de brigadier en 1795 y el de mariscal de campo en 1810. Llegó a Riohacha el 30 de mayo de 1813, habiendo recibido el nombramiento de virrey el año anterior, cuando se encontraba en La Habana. Al final de este año es nombrado capitán general de Venezuela.

En marzo de 1814, se lleva a cabo una batalla naval en la Ciénaga Grande, donde los españoles, al mando de Montalvo, vencen a los republicanos. Busca llegar a algún entendimiento con el gobernador de Cartagena, pero éste no acepta ninguna negociación.

En 1815 recibe la noticia de la llegada de Pablo Morillo y la toma de la isla Margarita. En julio El Pacificador llega a Santa Marta, de donde parte Montalvo con él, al frente de la campaña de reconquista. Crueles medidas tomó Montalvo contra los patriotas, con ocasión del sitio de Cartagena, a fines de 1815. A mediados de julio de 1816, pasa a Santafé a tomar posesión como virrey de la Nueva Granada.

MARIANO MOLANO

Bibliografía

LOZANO LOZANO, JUAN "El doctor José Antonio Montalvo". Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, N- 488 (1970), pp. 68-70.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

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Consulte el texto "Virreyes de la Nueva Granada", publicado en la Revista Credencial Historia.

Pablo Morillo




General español (Fuentesecas, jurisdicción de Toro, provincia de Zamora, mayo 5 de 1775 - Barges, Francia, julio 27 de 1837), jefe de la Expedición Pacificadora que vino a reconquistar América. No hay total consenso entre los historiadores sobre el lugar y la fecha de nacimiento de Pablo Morillo y Morillo; mientras autores como Francisco Xavier Arambarri y Andrés Révesz sostienen los datos anteriores (y que fue bautizado el 7 del mismo mes), Constancio Franco afirma que Morillo nació en Fuente de Malva, en la Provincia de Toro, el 27 de octubre de 1777; según otros autores, fue en Toro, en la Vieja Castilla, en 1777 ó 1778. Hijo de Lorenzo y María, hidalgos venidos a menos que se desempeñaban como labradores, Morillo aprendió a leer y a escribir en su niñez, con lo cual se colmaban las aspiraciones intelectuales de las gentes del vulgo en ese momento.

Hasta 1795 ejerció el oficio de pastor. En 1796, por influencia de un amigo de su padre, fue enviado a Salamanca, con el fin de hacer algunos estudios que pronto dejó para ingresar al servicio de las tropas de la Marina Real, en la que sucesivamente fue soldado, cabo y sargento. Su valor e inteligencia le permitieron un rápido ascenso en la carrera militar. Contaba con algo más de 20 años, cuando contrajo matrimonio por vez primera, con Joaquina Rodríguez, quien falleció en El Ferrol en 1805, cuando Morillo tenía 30 años. Morillo participó en el sitio de Tolón y, en 1805, en calidad de sargento, en la batalla de Trafalgar; estuvo presente también en la de Bailén; poco después combatió en Extremadura y en el sitio y rendición de la plaza de Elvas. Adquirió en poco tiempo los grados de teniente y capitán, en 1812 ya ostentaba el título de coronel y en 1813, el de mariscal de campo. Morillo puso su formación militar, así como su experiencia y arrojo, al servicio del rey Fernando VII cuando fue nombrado jefe de la Expedición Pacificadora, organizada con el fin de reconquistar los pueblos americanos. Esta expedición salió de Cádiz, con más de 10 000 hombres, en febrero de 1815, rumbo a las provincias del Nuevo Mundo. En América les correspondió librar una lucha mucho más peligrosa, mucho más cruel que la que habíamos sostenido hasta el momento, según palabras del propio Morillo. Morillo llegó en los primeros días de abril de 1815 a las costas orientales de Cumaná, e inició la reconquista de Venezuela. En julio del mismo año, la Expedición Pacificadora arribó a Santa Marta y desde esta ciudad proyectó su plan de reconquista de la Nueva Granada; éste se inició con el sitio de Cartagena, llevado a cabo entre el 17 de agosto y el 5 de diciembre. Con la conquista de Cartagena, MoriIlo inició la más grande represión al pueblo granadino, conocida como el "Régimen del Terror". En este mismo año contrajo segundas nupcias, esta vez con María Josefa del Villar, oriunda de Cádiz, hija de José Gabriel del Villar y Urtuzáustegui y de Josefa Narcisa del Villar. Se casó por poderes, pues él se encontraba en Cartagena de Indias, mientras ella estaba en España; en la ceremonia fue representado por el señor José Ramón de Muxica. El 24 de abril de 1816, desde Ocaña, Morillo dictó un decreto por medio del cual ofrecía la libertad a los esclavos que denunciaran o presentaran a algún cabecilla revolucionario.

Esta medida realista atrajo a sus filas a muchos negros, que se unieron a la defensa del rey. El 26 de mayo del mismo año, Morillo llegó a Santafé de Bogotá, negándose a aceptar el recibimiento que la capital le había preparado: las calles estaban engalanadas con arcos de triunfo y banderas españolas. En Santafé de Bogotá, Morillo hizo gala de la crueldad que sería el distintivo de sus actuaciones en América. Llevó al patíbulo a figuras tan prominentes como Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Joaquín Camacho, José Gregorio Gutiérrez, Liborio Mejía, Miguel Pombo, Jorge Tadeo Lozano, Crisanto Valenzuela, José María Cabal, José María Dávila y Antonio Baraya, entre otros. A las víctimas les fueron confiscados sus bienes y sus viudas e hijas fueron condenadas al destierro. La actuación de Morillo en Santafé, según la opinión de Daniel Florencio O'Leary, hizo más daño a la causa realista que la derrota más desastrosa. Se enajenó para siempre el afecto del pueblo granadino a un sistema con el cual los habían reconciliado, después de su separación de España, la inexperiencia y las locuras de sus nuevos gobernantes [...] Morillo, al recuperar el país, pudo haber destruido, por muchas generaciones, el espíritu revoltoso; pero su excesiva crueldad, ejercida indistintamente, produjo el efecto contrario. A finales de 1816 Morillo partió para Venezuela dejando a Juan Sámano al frente del gobierno de la Nueva Granada. El año 1817 lo pasó tratando de recuperar las posiciones perdidas en Venezuela. En marzo de 1818 se enfrentó contra el ejército comandado por Simón Bolívar en la batalla de La Puerta, también conocida como El Semen, en la cual fue gravemente herido; sin embargo, logró vencer. El Pacificador Morillo pasó casi un año tratando de reponerse de esta herida. El 7 de agosto de 1819 las tropas realistas comandadas por José María Barreiro fueron vencidas por Bolívar y su ejército, en la batalla de Boyacá; Sámano huyó precipitadamente de Santafé. Notificado Morillo del triunfo patriota, escribió al gobierno de Madrid: Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates [... ] Los llanos de Barcelona, los de Apure y Casanare, todos están en poder de los rebeldes [...] La suerte de Venezuela y de Nueva Granada no puede ser dudosa [...] Estos prodigios, que así pueden llamarse por la rapidez con que los han conseguido, fueron obra de Bolívar y un puñado de hombres [... ] Si llegamos a sucumbir y se pierde la Costa Firme que es la América militar, no la volverá jamás a recuperar el Rey nuestro señor, aunque para ello se empleen treinta mil hombres. Morillo, quien en varias ocasiones había pedido refuerzos a España, vio truncadas sus esperanzas cuando supo que la revolución de Rafael del Riego había restablecido en su patria el espíritu liberal de la Constitución de 1812.

En abril de 1820, en lugar de tropas, armas y dinero, recibió la orden de establecer la paz en las colonias por medio de un armisticio. Este fue firmado por comisionados de Morillo y Bolívar en la ciudad de Trujillo, el 25 de noviembre. EL 27 del mismo mes Morillo se entrevistó con el Libertador en la población de Santa Ana, y el 17 de diciembre viajó a España. Los títulos de conde de Cartagena y marqués de La Puerta le fueron concedidos a Morillo por Fernando VII, en reconocimiento a las acciones durante el sitio de Cartagena y la batalla del Semen; el decreto, firmado el 17 de diciembre de 1819, decía: En consideración a los dilatados y distinguidos servicios del teniente general don Pablo Morillo, general en jefe del ejército expedicionario de Costa Firme, se ha dignado el Rey nuestro Señor concederle merced de título de Castilla, libre de lanzas y medias anatas, para sí, sus herederos y sucesores, con la denominación de conde de Cartagena, marqués de la Puerta. A su regreso a España, Morillo observó una conducta ambigua. Luchó al lado de Fernando VII por el restablecimiento de su poder absoluto, y éste lo nombró jefe de sus fuerzas de defensa. Posteriormente, se adhirió a los constitucionales y logró que, en 1823, el nuevo gobierno provisional de la revolución lo nombrara comandante general de Galicia y las Asturias y jefe del Cuarto Ejército que debía luchar en contra de los franceses que buscaban restablecer el absolutismo en España. Cuando el rey Fernando ocupó de nuevo el trono, destituyó a Morillo de todos los cargos que tenía. En junio de 1824 emigró a Francia. Entre 1826 y 1830 escribió en varios diarios y publicó dos obras: Memorias sobre la campaña en América y Táctica militar. Murió el 27 de julio de 1837 a las once de la noche, en el balneario de Barges. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Luz-SaintSauveur, departamento de los Altos Pirineos, en agosto de 1843, y trasladados a Madrid y sepultados en el cementerio de San Isidro. Sobre su lápida hay una inscripción que dice: El excelentísimo señor Don Pablo Morillo, Conde de Cartagena, Marqués de la Puerta, Teniente General de los Ejércitos Españoles, Gentilhombre de Cámara de S.M., Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos VI, de la de S. Fernando, de la de Isabel la Católica, y otras por acciones de guerra. Falleció el 27 de julio de 1837, en Barges, lugar de Francia. Los restos mortales trasladados por el celo y cariño de su amante esposa, en 2 de septiembre de 1843, yacen depositados en este panteón en obsequio y conservación de su buena memoria. R.I.P. Pablo Morillo murió pobre y María Josefa, su viuda, debió acudir a la reina para pedir ayuda como madre, tutora y curadora de los cinco hijos menores, a quienes su padre nada ha dejado de intereses y sí solo sus gloriosas acciones que imitar. María Josefa murió en París, el 10 de enero de 1875 [Ver tomo l, Historia, pp. 161-162, 273286] .

GILMA RÍOS PEÑALOZA

Bibliografía

AMBARRI, FRANCISCO XAVIER. Hechos del general Pablo Morillo en América. Publicaciones de la Embajada de Venezuela en España. Murcia, Talleres de Ediciones Tipográficas del Sureste, 1971. COBARICO BRICEÑO, JORGE. "Antonio Nariño y Pablo Morillo. Creadores del periodismo castrense en nuestro país". Cromos, noviembre 30 de 1970, pp. 10-11. FRANCO V., CONSTANCIO Leyendas históricas. Bogotá, Imprenta a vapor de Zalamea Hnos., 1885. MORILLO, PABLO. Memorias. Traducción, Arturo Gómez Jaramillo. Bogotá, Incunables, 1991. REVEZ, ANDRÉS. El teniente general don Pablo Morillo. Primer Conde de Cartagena. Madrid, El Gran Capitán, 1947.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

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Jorge Robledo




Conquistador español, nacido probablemente en Ubeda, muerto en Loma de Pozo, Caldas, 1546.

Al parecer de familia noble, sólo se encuentran referencias precisas de Jorge Robledo desde el momento en que auxilió a Francisco Pizarro, cuando se disponía a salir para Cajamarca (Perú). Participó con el ejército de Sebastián de Belalcázar en la conquista del Perú, de donde pasó al sur de la actual Colombia y a Cali; donde el gobernador Lorenzo de Aldana le dio orden de explorar la provincia de Anserma. Acarreó sus abastecimientos en canoas por el río Cauca. Fundó, en 1539, en el valle de Umbrá, sobre una colina, la Villa de Santa Ana de los Caballeros, después llamada Anserma.

Hizo los repartos de indios, por orden de Aldana, después de la fundación, que se esperaba fuera importante por la riqueza de sus minas; pero por su ubicación y por lo poco amigable de sus moradores, se la trasladó diez leguas al norte con el nombre de Anserma Nuevo, quedando la antigua con la denominación de Anserma Viejo. Desde allí empezó su campaña: envió al capitán Melchor Suer de Nava a Caramanta; Robledo se dirigió hacia donde el cacique Ocusca, quien intentaba atacar Anserma; después de pacificarlo, envió a Ruy Vanegas a reducir a los indios pirzas y sopías, y al capitán Gómez Hernández al Chocó. Sin embargo, estas incursiones no rindieron frutos. Robledo pasó el río Cauca por Irra y sometió a los indios carrapas (ubicados en Filadelfia, Neira, Aranzazu y Tapias) y picaras. Peleó con los indios pozos, cuyo cacique Pirameque resultó herido; al vencerlo, siguió hacia Pácora, donde combatió con los paucuras y su cacique Pimaná.

Pasó a Arma, donde venció la fuerte resistencia de los indios que guerreaban, ellos y sus banderas, enjaezados con piezas de oro. Robledo llevaba sabuesos en sus correrías, lo que lo hacía más temible. Se encaminó hacia Quimbaya con Suer de Nava, y el 9 de agosto de 1540 fundó San Jorge de Cartago. Buscó la aprobación de Pascual de Andagoya, quien, para afianzarla, le ofreció a su cuñada como esposa, matrimonio que no se realizó por el deceso de la mujer. Como gobernador de Popayán, Robledo salió para Cali a reconocer a Belalcázar como gobernador de Cali, pero éste había enviado a Pedro de Ayala a llevar la real cédula que refrendaba el nombramiento de Robledo en el gobierno de Popayán, y en la que se le pedía que cambiara el nombre de San Jorge por el de Santa Ana.

Las relaciones de Robledo y Belalcázar no eran muy buenas; a pesar de ello, el primero le escribió manifestando su respeto y obediencia, a lo cual respondió Belalcázar con apoyo y auxilios para su campaña. De Cartago, Robledo pasó a Pácora y luego a Arma. El valle, llamado de Aburrá por los indios y de San Bartolomé por los conquistadores, hoy Medellín, fue descubierto por el capitán Jerónimo Luis Tejelo, quien, acompañado por algunos hombres, se había separado de Robledo, por orden suya. Este se les unió en el lugar y juntos arribaron a Heliconia, donde encontraron sal. Siguiendo su expedición, encontró el río Porce; avasalló las tierras del cacique Curumé y siguió a Ebéjico, de donde se devolvió a fundar la ciudad de Santa Fe de Antioquia en 1541, en el valle de Ebéjico.

En 1542 Róbledo partió hacia España por San Sebastián de Urabá, y Pedro de Heredia lo acusó de usurpar sus fueros. Luego lo encarceló, quitándole sus riquezas, y lo envió a España con un proceso de rúbrica. Allí Robledo fue absuelto de los cargos de usurpación de jurisdicción entablados por Heredia en Cartagena, y recompensado con el título de mariscal. Regresó a Cartagena con su esposa María de Carvajal, y en 1546 partió hacia Antioquia, donde apresó al representante de Belalcázar y se apoderó del gobierno. Trató de hacer lo mismo en su recorrido por Arma, Cartago, Anserma y con el mismo Belalcázar, quien se encontraba en Cali, pero sin éxito. Por medio de misiva y mandato del visitador Miguel Díaz de Armendáriz, el emisario del mariscal Robledo entregó al gobernador de Popayán una carta en la que se ordenaba a Belalcázar que no saliera de la ciudad de Cali y reconociera la autoridad de Robledo en Antioquia, a lo que éste se negó. Este enfrentamiento tuvo sus altibajos, pues Robledo veía por momentos sus errores y pedía la paz; no obstante, Belalcázar arremetió contra él, lo encontró en la Loma de Pozo, al occidente de Pácora (actual departamento de Caldas), y el 5 de octubre de 1546 lo condenó a muerte. La condena se ejecutó en el lugar, a garrote; es decir, atándolo a un palo con una argolla al cuello se le agarrotó hasta ahogarlo. Con él fueron ajusticiados el maestre de campo Hernán Rodríguez de Souza, Baltazar de Ledesma y Juan Márquez Sanabria. Según Pedro de Cieza de León, se sepultaron los cuerpos y la cabeza de Robledo se expuso a modo de escarnio [Ver tomo 1, Historia, pp. 104107]. DIANA LUZ CEBALLOS GÓMEZ

Bibliografía

ROBLEDO, EMILIO. El mariscal Jorge Robledo. Bogotá, ABC, 1945. 2á ed.: Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, 1955. Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Juan Sámano





Gobernante y militar español (Santander, 1754 - Panamá, julio de 1821), último virrey del Nuevo Reino de Granada, a quien le correspondió afrontar en nombre de España, la culminación de la independencia y el triunfo patriota en la Campaña Libertadora. De distinguida familia de su ciudad natal, desde muy joven Juan Sámano se dedicó a la carrera militar; en 1771 era cadete, y teniente ocho años después. En 1789 alcanzó el grado militar de capitán, y en 1810 era coronel, cuando mandaba el batallón Auxiliar. En las tierras americanas, Sámano trabajó en Puerto Rico y en Cartagena de Indias en su etapa inicial. Regresó a Navarra (España), donde luchó contra los franceses, a órdenes del general Ventura Caro; en uno de los combates fue herido en ambos muslos. El gobierno español nombró a Sámano como gobernador de Riohacha; allí rechazó un ataque de los ingleses, en el año 1806. De Riohacha pasó a Santafé de Bogotá, donde llegó con 30 soldados pardos de caballería en 1809. El 20 de julio de 1810, el coronel Juan Sámano comandaba el batallón de línea Auxiliar en Santafé de Bogotá.

Tenía fama de ser enemigo acérrimo de los americanos. Su segundo en la autoridad del mando militar era José María Moledo, quien con otros militares oficiales no sólo simpatizaron con la revolución, sino que tomaron parte en ella. El 20 de julio de 1810, Juan Sámano permaneció en su cuartel toda la noche, vigilado por Moledo y por Baraya, quienes habían jurado obedecer a la Junta.

El 21 de julio en la madrugada, el coronel Sámano prestó juramento ante el presidente de la Junta, don José Miguel Pey. Por orden de la Junta Suprema de Santafé y a instancias del pueblo, Sámano fue relevado en el comando del batallón Auxiliar y fue reemplazado por el teniente coronel José María Moledo. A Sámano se le expidió un pasaporte para que saliera del Nuevo Reino de Granada. Regresó a España, donde fue comisionado para pacificar la región de Quito y Guayaquil. Volvió a América por la vía de Panamá y Guayaquil, y contribuyó a la dominación de Quito que se había revolucionado desde el año 1809. Desde Quito dirigió las operaciones militares españolas contra los patriotas del Nuevo Reino de Granada.

En el año 1813 fue nombrado por el gobernador Toribio Montes, como jefe de la expedición española para el dominio de la Nueva Granada por el sur. El 1 de julio de 1813 ocupó Popayán, y desde allí intimó al gobierno patriota para que Cundinamarca y su capital prestaran de nuevo obediencia al rey de España. El 30 de diciembre fue derrotado por el general Antonio Nariño en la batalla del Alto Palacé. Las fuerzas del brigadier Juan Sámano se retiraron al Tambo en espera de refuerzos. El 15 de enero de 1814 ocurrió la batalla de Calibío, en la cual el ejército patriota comandado por el general Antonio Nariño, derrotó a las fuerzas realistas del brigadier Juan Sámano, quien huyó con un reducido grupo de soldados a Pasto; allí fue reemplazado por el mariscal de campo Melchor Aymerich. Las autoridades realistas de Quito reorganizaron las tropas partidarias del monarca español y consideraron que era necesario el cambio en la dirección militar, pues según el gobernador Toribio Montes, el brigadier Sámano tenía un acendrado realismo, mucha práctica militar, pero le faltaban tácticas más audaces para el triunfo de sus tropas. En los primeros años de la pacificación española y del Régimen del Terror, Sámano fue encargado nuevamente de otra expedición realista sobre la Nueva Granada.

El 29 de junio de 1816, derrotó al patriota Liborio Mejía en el combate de la Cuchilla del Tambo, la última de la Primera República Granadina. En el campo de batalla quedaron 250 muertos y en poder de Sámano, 300 prisioneros y todos los elementos de guerra que poseían. El 1 de julio de 1816, las tropas de Sámano ocuparon Popayán. Entre los prisioneros patriotas se encontraba el joven soldado José Hilario. López, quien fue condenado a muerte, pero se salvó por circunstancias inesperadas; López fue presidente de la Nueva Granada entre los años 1849-1853. La victoria de la Cuchilla del Tambo fue muy importante en la vida del brigadier Juan Sámano. El pacificador Pablo Morillo lo designó como comandante general de la Nueva Granada, con sede en Santafé de Bogotá. Sámano llegó a la capital el 23 de octubre de 1816, desde donde ejerció un tipo de dictadura militar, sin sujeción al virrey Francisco José de Montalvo. Lo acompañaron los batallones veteranos primero y segundo del regimiento de Numancia, el primero del rey y Tambo, que formaron la Tercera División del Ejército Expedicionario, al mando del cual Sámano buscó apagar la revolución de la Nueva Granada siguiendo el Régimen del Terror. Estableció tres tribunales: El Consejo Permanente de Guerra, que dictaba las sentencias de muerte contra los patriotas; el Consejo de Purificación, que juzgaba a aquellos insurgentes que en su concepto no fueran merecedores de la pena capital; y la Junta de Secuestros, destinada a embargar los bienes de los comprometidos en el delito de rebeldía. Cada ciudad deploraba la muerte de sus principales hombres y por todas partes se levantó el patíbulo y se llenaron los calabozos; fue la llamada Epoca del Terror.

Entre los patriotas granadinos fueron sacrificados los próceres Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Joaquín Camacho, Frutos Joaquín Gutiérrez, Antonio Villavicencio, Antonio Baraya, Liborio Mejía, Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos, Jorge Tadeo Lozano y muchos otros. Esta táctica del terror utilizada por Sámano en la Nueva Granada, que fue apoyada por el pacificador Pablo Morillo, fue criticada en la metrópoli española, pues llevó al fracaso la pacificación y los intentos de la Corona española por integrar de nuevo el Imperio español. El mariscal de campo Juan Sámano fue nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada en febrero del año 1818, en reemplazo del virrey Francisco Montalvo. Por real cédula del monarca español, se le concedió la condecoración Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo, por sus servicios prestados a España. A1 virrey Sámano le correspondió dirigir desde Santafé la estrategia militar realista contra la Campaña Libertadora de los patriotas.

El 9 de agosto de 1819 tuvo conocimiento del triunfo patriota y la derrota de los realistas en la batalla de Boyacá. Sámano huyó por el camino de Honda y llegó a Cartagena de Indias, donde su autoridad fue desconocida, pues su fama de terror fomentó el odio de los granadinos patriotas a su persona y al régimen español. Estuvo en Portobelo y en Panamá obligó al cabildo a que reconociera su autoridad virreinal. El 21 de enero de 1821 volvió a gobernar el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, desde Panamá. Sin embargo, su gobierno duró pocos meses, pues siendo ya anciano y abrumado por las enfermedades, murió en Panamá en julio de 1821. Allí culminó su vida el último virrey del Nuevo Reino de Granada, a quien le correspondió el Régimen del Terror, el más odiado en la historia nacional [Ver tomo 1, Historia, p. 162 y "Reconquista e independencia, 1816-1819", pp. 269-290].

JAVIER OCAMPO LÓPEZ

Bibliografía

NEGRET, R "Don Juan Sámano. De su hoja de servicios". Archivo del historiador José Manuel Restrepo. Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. XIII, N-s 150 y 151 (agosto y septiembre de 1920), pp. 367-370. LOZANO CLEVES, ALBERTO. Así se formó la Independencia, 2 tomos. Bogotá, Editorial Iris, 1961. MERCADO, JORGE. La campaña invasión de Moritlo. Bogotá, Talleres del Estado Mayor, 1919. RIAÑO, CAMILO. La Campaña Libertadora de 1819. Bogotá, Editorial Andes, 1969.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.