Personalidades del ámbito religioso colombiano

Quiénes son

Fray Juan de los Barrios




Primer arzobispo de Bogotá, nacido en Pedroche, Extremadura, probablemente en 1497, muerto en Bogotá, en febrero de 1569.

Tomó posesión de la silla arzobispal en 1553 y gobernó hasta su muerte, durante 16 años continuos. Como primer arzobispo de Bogotá le correspondió poner los fundamentos organizativos de esta Iglesia, y en ello radica uno de sus mayores méritos.

Se hizo franciscano en la Provincia de los Angeles, donde recibió la ordenación sacerdotal hacia 1521. De su vida en España nada se sabe de cierto, sólo que fue presentado por el emperador Carlos V para obispo de Asunción de la Plata y que fue nombrado por el papa Paulo III el 1 de junio de 1547. Con prontitud se embarcó hacia Asunción de la Plata, pero por causa de un temporal la flota en que viajaba se desbarató y fray Juan se vio forzado a regresar a España.

De nuevo fue presentado por el rey, en esta ocasión para el obispado de Santa Marta en 1551, hacia donde se embarcó, desde San Lúcar de Barrameda, el 4 de noviembre de 1552. Tras un viaje muy azaroso, en el que sufrió toda clase de 'desventuras, como el naufragio de algunos de los barcos que conformaban la flota, el incendio de la nave principal y un ataque de corsarios, desembarcó en las costas de Santa Marta en febrero de 1553.

A pesar de que tomó posesión de su sede samaria, de inmediato pensó en trasladarse a la capital del Nuevo Reino de Granada, tanto por las condiciones miserables en que encontró la ciudad, como por lo despoblada, y porque ya el rey había enviado una cédula real al obispo de Santa Marta para que fuera a vivir a Santafé de Bogotá.

A la capital llegó en julio de 1553. Innumerables fueron las dificultades que tuvo que sortear a fin de cumplir a cabalidad con su ministerio pastoral. Los principales desacuerdos fueron con las autoridades civiles, con quienes chocó frontalmente por causa de la ejecución de las llamadas Leyes Nuevas, en su carácter de obispo y protector de los indios.

La tasación que hizo de los naturales del Nuevo Reino, para librarlos de la tiranía y extorsión en que los tenían muchos encomenderos, despertó en los colonos y algunas justicias reales una reacción muy contraria hacia él. Al Consejo de Indias llovieron las quejas sobre fray Juan, principalmente de la Audiencia Real, que juzgaba intromisión suya en asuntos de incumbencia civil. Esta colisión de autoridades, alimentada por el patronato regio, ensombreció la acción propiamente espiritual del prelado. No obstante, una de sus mejores realizaciones en el campo pastoral fue la promulgación y realización del primer sínodo diocesano, realizado entre el 24 de mayo y el 3 de junio de 1556, en el cual participaron todas las fuerzas vivas de la Iglesia neogranadina. dividido en 10 títulos, el sínodo legisla acerca de la administración de los sacramentos, la enseñanza de la doctrina, la práctica de la misma, los deberes para con los indios y otros puntos. Al tratar de poner en práctica las normas del sínodo, fray Juan encontró gran oposición por parte de la Real Audiencia y, sobre todo, de los encomenderos, a quienes les parecieron sumamente gravosas las obligaciones que se les imponían.

Otra obra emprendida con mucho entusiasmo por fray Juan fue la construcción de la catedral, que por desgracia se desplomó completamente la víspera de su inauguración en 1565. Este hecho descorazonó al prelado, pues había consumido mucho dinero, trabajos y tiempo durante los casi 10 años que había tomado levantarla. Más perdurable fue la obra del hospital de San Pedro, para el que dejó las casas de su morada, contiguas a la catedral. En este hospital debían ser atendidos preferencialmente los pobres de la ciudad.

Sobre las cualidades morales de fray Juan de los Barrios, su primer biógrafo, el franciscano fray Esteban de Asensio, se extiende en ponderaciones. Dice que fue muy aprobado varón en vida y costumbres, hombre pacífico y ejemplar, que predicaba con gran espíritu y que había gobernado con gran santidad y bondad y celo de buen pastor. Afirma que en el comer, vestir, conversación y recogimiento guardaba y seguía las costumbres antiguas de la Orden Franciscana; que consolaba a sus pueblos con sus sermones, que se compadecía de los pobres y necesitados, favoreciéndolos con limosnas. En una frase, resume su carácter firme: Era recto en el gobierno pastoral, teniendo en pie su jurisdicción eclesiástica sin respetos humanos al poderío secular.

Asensio se preciaba de haberlo conocido muy de cerca y de que el prelado lo hubiera tenido por confesor y, además, de que lo solía tomar por acompañado en negocios secretos de Inquisición. Este mismo biógrafo, que escribe en 1585, refiere que el prelado murió repentinamente de la enfermedad de asma, de la cual era muy trabajado, en febrero de 1569. Fray Juan de los Barrios no alcanzó a vestir el palio arzobispal, pues cuando éste llegó, traído por el deán don Francisco Adame, juntamente con las bulas de su nombramiento como arzobispo, hacía poco había muerto .

LUIS CARLOS MANTILLA

Bibliografía

ROMERO MARIO Fray Juan de los Barrios y la evangelización del Nuevo Reino de Granada. Bogotá, 1960.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Pedro Claver




Misionero jesuita español (Verdú, provincia de Lérida, junio 24 de 1580 Cartagena de Indias, septiembre 8 de 1654). Conocido como el "Apóstol de los negros" y el "Esclavo de los esclavos", Pedro Claver fue declarado beato por Pío IX, el 20 de julio de 1850, y canonizado por León XIII, en 1888.

Hijo de Juan Pedro Claver y Mingüela y Ana Corberó y Claver, fue bautizado con el nombre de Pedro Juan y sus padrinos fueron Juan Borrell y Magdalena, esposa de Flavián Colom. Algunos, equivocadamente, dan la fecha de su nacimiento en 1585. En la bula de beatificación de Pío IX, se acepta esta última fecha, pues afirma que entró a la Compañía de Jesús en 1602, a los diecisiete años. León XIII, en la bula de canonización, confirma como fecha de nacimiento el 25 de junio de 1580. También se puso en tela de juicio si se trataba del mismo niño el bautizado con el nombre de Juan Pedro y Pedro Claver, nacido el 24 de junio, lo que se dilucidó al conocer la costumbre seguida en Verdú de bautizar a los niños el día siguiente a su nacimiento. Fue de apellido humilde; su padre, acomodado pero sencillo, era labrador en Verdú. Su infancia transcurrió ayudando a su padre en las labores del campo.

Pedro Claver fue tonsurado el 8 de diciembre de 1595 en la iglesia de Verdú, diócesis de Vich. De aquí partió a Barcelona, donde ingresó a la universidad, en 1526, y tomó cursos de gramática y retórica. El 7 de agosto de 1602 entró al noviciado de los jesuitas en Tarragona, y el 8 de agosto de 1604 profesó votos para ingresar a la Compañía de Jesús. Se dirigió a Palma de Mallorca y el 11 de noviembre de 1605 ingresó al Colegio de Montesión con el propósito de estudiar filosofía con los ignacianos.

Durante tres años fue su profesor el padre Blas Bayllo. Allí encontró a Alonso Rodríguez (también canonizado el 15 de enero de 1888), hermano de 73 años y portero del Colegio Montesión, quien lo dirigió espiritualmente. A los veintiocho años, Pedro Claver terminó el curso de filosofía y regresó a Barcelona, donde esperó, durante dos años, el permiso para ir al Nuevo Reino de Tierra Firme. Comenzó a estudiar Teología en el Colegio de Belén, en noviembre de 1608 hasta enero de 1610, fecha en la que recibió carta del padre provincial José Villegas, ordenándole que se trasladara aprisa a Sevilla para emprender el viaje.

Partió para Cartagena el 15 de abril, a los treinta años, de donde salió a fines de 1610 o principios de 1611, hacia Santafé de Bogotá. Por el Magdalena llegaron a Barranca de Mateo, puerto a pocos kilómetros de la actual Calamar, donde tomó una canoa para llegar a Honda, pasando por Tenerife. Se gastaba un día en esta travesía de 43 kilómetros; de allí a Mompós, otros tres o cuatro días; se seguía después a Nare, y luego cuatro o cinco días a Honda. Continuaron a caballo hasta Santafé, al Colegio de San Bartolomé, donde Pedro Claver sirvió como hermano coadjutor.

Pasó al Colegio de Tunja en 1614, de donde regresó a Santafé en 1615, para emprender el viaje a Cartagena. Allí se ordenó, el 21 de diciembre, de subdiácono; de diácono, el 23 de febrero de 1616, y de sacerdote, el 19 de marzo del mismo año, órdenes que recibió de manos de fray Pedro de la Vega, de la orden de Santo Domingo, siendo el primer jesuita ordenado en Cartagena. El 3 de abril de 1622 profesó votos perpetuos en la Compañía de Jesús y con ellos selló su vida futura, firmando como Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre. Tenía 42 años de edad.

A Pedro Claver le correspondió presenciar durante su vida grandes importaciones de esclavos para los reales de minas, las primeras actuaciones y autos de fe programados por el Santo Oficio de la Inquisición de Cartagena de Indias (febrero 2 de 1614, marzo 13 de 1622, junio 17 de 1626, marzo 26 de 1634 y marzo 25 de 1638, además de otros autos generales y particulares) y las mayores persecuciones y procesos que por brujería se levantaron contra los esclavos negros durante la historia del Tribunal. Aunque creado en 1610 con el fin de extirpar la herejía y perseguir las desviaciones de la fe católica romana entre 1615 y 1650, el Tribunal del Santo Oficio sólo se ocupó decididamente de los asuntos de brujería; así, en la época en qué Claver vivió en Cartagena, se llevaron a cabo los grandes procesos contra las negras y negros de Zaragoza, Tolú y Cartagena.

A Pedro Claver se le adjudican milagros, como los efectos maravillosos de una cruz de nogal, poco mayor que una lezna y hueca, con algunas reliquias dentro y un poco de lignum crucis y tres clavos pequeños de hueso por fuera, que siempre llevaba al cuello y con la cual hacía prodigios. Tenía, además, reliquias que imponía a los enfermos, pues en la época se creía en el poder curativo y el efecto benéfico de las oraciones y cosas santas. Con humildad lavaba las heridas de los enfermos, daba comida a los necesitados y comía en el mismo plato con los pobres.

Bautizó 300 000 negros esclavos y dedicó sus años a servir a los pobres, esclavos y menesterosos, incluidos, entre ellos, los leprosos de San Lázaro. En 1650 enfermó, posiblemente de mal de Parkinson, y murió en 1654, después de cuatro años de enfermedad.

DIANA LUZ CEBALLOS GÓMEZ

Bibliografía

PORRAS TROCONIS, GABRIEL Vída de San Pedro Claver, esclavo de los esclavos. Bogotá, 1954. VALTIERRA, ANGEL. Pedro Claver. El Santo Redentor de los negros, 2 tomos. Bogotá, Banco de la República, 1980. VALTIERRA ANGEL y RAFAEL M. DE HORNEDO. San Pedro Claver, esclavo de los esclavos. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1985.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Agustín de la Coruña




Eclesiástico español, segundo obispo de Popayán, nacido en 1508, muerto en Popayán, el 25 de noviembre de 1589. Según algunos cronistas y biógrafos, se desconoce el lugar exacto del nacimiento de fray Agustín de la Coruña; no obstante, Héctor Espalza Quintero, autor de El ministerio pastoral de Agustín de la Coruña, asegura que era oriundo de Coruña de los Condes, Provincia de Burgos. Según el presbítero Manuel Antonio Bueno y Quijano, los padres de Agustín de la Coruña fueron Fernando de la Coruña y Catalina de Velasco; Espalza se refiere a Diego Fernando Gormaz y Catalina de Velasco como los verdaderos progenitores del fraile. El 24 de junio de 1524, De la Coruña tomó el hábito de los agustinos descalzos en Salamanca, y en 1526 profesó. Cursó estudios de teología en la universidad de esta ciudad, y allí encontró a fray Toribio Mogrovejo (más adelante arzobispo de Lima) y a Ignacio de Loyola. Fray Agustín vino a México en 1533, con otros religiosos de su comunidad, y allí fue catedrático de prima, prior de varios conventos, y en 1560 fue elegido provincial.

Con este carácter, junto con los provinciales de otras órdenes, se dirigió a España con el fin de abogar por la suerte de los indígenas, quienes eran objeto del abuso de soldados y encomenderos. Cuando se encontraba adelantando estas gestiones, se enteró de que había sido designado para regir la diócesis de Popayán, donde llegó a posesionarse en 1566. Ya en su sede episcopal, fray Agustín vivió siempre en la práctica de las virtudes más austeras, manteniéndose de limosnas todo el tiempo que duró su obispado. Sufrió persecuciones constantes por parte de las autoridades civiles de esta ciudad, como la prisión y el destierro a los que fue sometido injustamente por defender a los indígenas del maltrato perpetrado por los encomenderos bajo el auspicio de los gobernadores García del Espinar y Mendoza. Por suerte, le fue restituida su diócesis, y allí continuó siendo el gestor de notables obras de beneficencia, como el apoyo a la instrucción pública y la erección, en 1591, del monasterio de monjas de La Encarnación, primer centro de enseñanza para la mujer en Colombia.

A esta fundación donó todos sus bienes y prebendas. Fray Agustín escribió la Relación de la conquista de las provincias de Chilapa y Tlapa, en México, y es autor de unos cánticos y otros escritos. Sus restos fueron trasladados primero a la catedral de teja y, más tarde, en 1786, a la iglesia de La Encarnación, donde reposan todavía. En el acta de traslado se consigna que, abierto el sepulcro para sacar los restos, se halló una caja de piedra y dentro de ella otra de plomo, con esta inscripción Señor Coruña. La caja de plomo contenía sólo polvo y algunos pedazos de los huesos más grandes. Estas pocas reliquias fueron trasladadas con solemnidad a la iglesia del monasterio, donde se celebraron las honras y el padre Jerónimo de Roa, religioso de San Camilo, predicó la oración. Enseguida se depositó la caja con los restos en el presbiterio.

MARÍA ALEXANDRA MÉNDEZ VALENCIA

Bibliografía

ARROYO, JAIME. Historia de La Gobernación de Popayán, tomo c. Bogotá, Editorial Santa Fe, 1955. BUENO Y QUIJANO, MANUEL ANTONIO Y JUAN BUENAVENTURA ORTIZ. Historia de la Diócesis de Popayán. Bogotá, ABC, 1945. ESPALZA QUINTERO, HECTOR. Ministerio Pastoral de Agustín de la Coruña, Segundo Obispo de Popayán. Bogotá, Centro de Publicaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), 1990. MENDEZ VALENCIA, MARÍA ALEXANDRA. Aspectos de la historia documental del claustro de Nuestra Señora de la Encarnación de Popayán. Popayán, Colegio Mayor del Cauca, 1991. MESA, CARLOS E. Primeras diócesis neogranadinas y sus prelados. Madrid, Editorial Raycar Impresores, 1976.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Documentos relacionados en la Biblioteca Virtual

Consulte el texto "Genealogías del Nuevo Reino de Granada", recopilado por don Juan Flórez de Ocáriz, en donde está presente una recopilación de las figuras eclesiásticas del territorio colonial.

Consulte el capítulo "Fúndase la ciudad de S. vigente de Páez", del libro "Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada".

Lea el libro "Ojeada histórico crítica sobre los orígenes de la literatura colombiana", escrito por Isidoro Laverde Amaya

Lea el libro "La autobiografía en la literatura colombiana", en el capítulo dedicado a don José Manuel Groot.

Juan del Valle y Caviedes

Clérigo español, primer obispo de Popayán, nacido, según un documento anónimo, en Monzoncillo, provincia de Segovia, en fecha desconocida, muerto en Popayán, a fines de 1562. La documentación sobre Juan del Valle es escasa.

Seguramente Del Valle no era su verdadero apellido, por lo que se presume que posiblemente se trataba de un apodo que todavía se estila en Segovia, y que era de uso común para diferenciar entre sí a los nativos del valle de los de la sierra. El etnohistoriador Juan Friede señala que, muy probablemente, el verdadero apellido fuese Sánchez García, según la revisión de documentos originales, en especial, un expediente que reposa en el archivo del Colegio de San Bartolomé de Salamanca, en el que se lee: El 14 de agosto de 1542 solicita ingreso a ese colegio Juan Sánchez García, que ahora llaman maestro "Valle". En el mismo documento hay información sobre los datos personales del solicitante y los requisitos necesarios para el ingreso, pedidos por el licenciado Baltasar de Salazar, colegial de aquella institución; los testigos firmantes fueron, entre otros: Antonio de Martín Blanco, Juan de Verno y Bláso Barroso.

Otras pruebas fehacientes conllevan a pensar que este Sánchez García se trata efectivamente del futuro primer obispo de Popayán: el lugar de nacimiento de Juan Sánchez García es Monzoncillo, en Segovia, el mismo de Juan del Valle; también Sánchez García es bachiller, como lo fue el prelado, y también se le llamaba "maestro" como a Juan del Valle; además, parece ser que Sánchez García sí eran sus verdaderos apellidos, por cuanto se pudo comprobar que éstos eran los de un tal Bartolomé, también oriundo de Monzoncillo y pariente del obispo. Fue posible constatar que los padres del "maestro" Valle fueron Andrés de Sancho García y Catalina, cuyo apellido no estaba claro en la documentación. Friede alude a un documento anónimo de la Colección Muñoz, en el cual reza que el prelado se graduó en Salamanca y París de maestro en teología, y que fue notable predicador y filósofo. Juan del Valle cursó estudios de jurisprudencia en la Universidad de Salamanca entre 1529 y 1532, y en 1536 obtuvo el título de bachiller en Ius civilis, concesión anotada en el libro que corresponde a ese año. Desde 1541 a 1547, Juan del Valle ocupó la cátedra de artes de la Universidad de Salamanca, hecho que concuerda con la declaración del bachiller Luis Sánchez, quien afirmó haber sido alumno de Del Valle. En documento anónimo de la Colección Muñoz se lee que el obispo se graduó de maestro en teología en las Universidades de Salamanca y París, aunque sobre los estudios adelantados en esta última universidad, comenta Friede, no fue posible hallar prueba alguna, por cuanto del archivo de aquella universidad sólo se conservan fragmentos, ya que fue destruido por un incendio durante la Comuna de 1870.

Otras pesquisas adelantadas por Friede fueron infructuosas. También se conoce la fecha en que Del Valle tomó el hábito religioso, aunque según la bula de su nombramiento para el obispado, en 1546, ya había sido nombrado presbítero en Segovia. El ilustrísimo maestro don Juan del Valle, clérigo español, que hizo la erección de esta Santa Iglesia Catedral en Aranda de Duero, en el obispado de Osma, en idioma latino, por orden del emperador Carlos v, y aprobación de Paulo III, en 8 de septiembre de 1547. Y enseguida se vino a América entrando a este obispado y dirigiéndose a Cali en 1548, y como no había recibido la consagración episcopal se fue a Quito a recibirla, pero cuando llegó a esa ciudad ya había muerto su primer obispo, ilustrísimo Señor García Días Arias, por lo que el señor Del Valle regresó a Popayán, llevado en hombros por los indígenas por cuanto en aquella época eran escasos los caballos e intransitables los caminos, y entonces comunicó un traslado de la erección que de su iglesia había hecho en España a los tres primeros capitulares que él mismo había nombrado, haciendo uso de la facultad pontificia y real que había recibido. A su regreso de Quito, pasó al venerable capítulo, que él mismo había nombrado, un traslado de la erección en idioma latino; el venerable capítulo hizo copiar esta erección en las primeras páginas de su primer libro capitular que más adelante desaparecería en el incendio de la casa del deán don Francisco Ramírez Florián,>. La labor de Del Valle como mecenas de la instrucción pública fue encomiable, por cuanto fundó escuelas para los indígenas en todo el territorio de su diócesis, donde se les enseñaba a leer, escribir y contar, la gramática y la "música de voces", antes que don Andrés Díaz Venero de Leiva, primer presidente de la Real Audiencia, emprendiera esta misma labor en territorios de los actuales departamentos de Cundinamarca y Boyacá. A la vez, protegió a los naturales de los abusos de encomenderos y gobernantes. Rigió su iglesia como gobernador, porque no pudo pasar a otra diócesis a consagrarse a causa del mal estado de las vías de comunicación, y porque era muy delicada su salud. Falleció en Popayán, sin haberse consagrado, a fines de 1562.

MARÍA ALEXANDRA MÉNDEZ VALENCIA

Bibliografía

ARAGÓN, ARCESIO. Fastos payaneses. Bogotá, Imprenta Nacional, 1939. BUENO Y QUIJANO, MANUEL ANTONIO Y JUAN BUENAVENTURA ORTIZ Historia de la Diócesis de Popayán. Bogotá, ABC, 1945. FRIEDE, JUAN. Vida y luchas de don Juan del Valle, primer obispo de Popayán y protector de indios. Popayán, Universidad del Cauca, 1961. OTERO, JESUS MARÍA. Escuela de primeras letras y cultura popular española en Popayán. Popayán Talleres Editoriales del Departamento, 1962.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Abad Fray Matias





Religioso franciscano español nacido en la villa de Cueto, provincia de Santander, del arzobispado de Burgos, y muerto después de sufrir el martirio en las costas de Urabá, el 30 de enero de 1649. Fray Matías Abad es considerado el "protomártir" de la provincia franciscana de la Santa Fe de Colombia y el fundador de las misiones del Chocó. Hijo de Toribio Abad y Catalina de Higuera, dejó su solar nativo, y se vino al Nuevo Reino de Granada como civil, en año que se desconoce. Se ejercitó en el oficio de minero en las minas de Santa Ana, jurisdicción de Mariquita, antes de su ingreso a la Orden Franciscana.

De sus antecedentes en la comunidad antes de 1648 solamente se sabe que sirvió el oficio de limosnero conventual, confiado por sus superiores en razón de su virtuoso proceder". En 1648 fray Matías se encontraba en Cartagena como morador del convento de Loreto, conocido como el convento grande de San Francisco; allí trabó estrecha amistad con el gobernador Pedro Zapata, a cuyo favor e influencia se debió el que después pudiera poner por obra su viejo deseo de ir a dar a conocer la fe de Nuestro Señor Jesucristo a los bárbaros infieles que habitan las provincias del Chocó,.

El mismo gobernador ponderaba la ,virtud, talento y discreción, de fray Matías, y su conocimiento de las tierras del Chocó. La ocasión propicia para que se pusiera por obra la acción evangélica del franciscano fue la orden de traslado que le vino a don Pedro Zapata para que, dejando la plaza de Cartagena, se pasara a la de Antioquia, a donde el funcionario se trasladó el 2 de abril de 1648 llevando en su compañía a fray Matías. El 21 de julio del mismo año el misionero ya se encontraba en la ciudad de Antioquia, donde aguardaba ,por horas la inminente entrada a las provincias del Chocó, a donde finalmente se encaminó el 24 de agosto en compañía de fray Miguel Romero, religioso de San Juan de Dios.

Los incidentes del viaje los relató fray Matías en tres cartas de distintas fechas. El encuentro con los indios chocoes fue exitoso, pues resultaron muy receptivos y acogedores, a tal punto que el fraile pudo informar que está fácil la pacificación, refiriéndose a que podía establecerse entre ellos. Se conserva una especie de diario suyo escrito entre el martes 12 de enero de 1649 y el domingo 17 del mismo mes, en el cual iba anotando su navegación por el río Atrato en compañía de 23 indios, buscando salir al mar por las costas de Urabá.

El 30 de enero saltaron a tierra y fueron al encuentro de dos capuchinos que andaban catequizando a los indios de aquella región, pero antes de encontrarlos salieron cantidad de indios urabaes, mortales enemigos de los chocoes, los cuales los embistieron con lanzas, segando las vidas de fray Matías y fray Miguel Romero. Los restos mortales de fray Matías fueron llevados a Cartagena, con la lanza, señal de su martirio, donde fueron venerados por más de dos siglos en el templo del convento grande de San Francisco.

LUIS CARLOS MANTILLA

Bibliografía

Mantilla R., Luis Carlos. Los franciscanos en Los Franciscanos en Colombia, tomo II 1600-1700. Bogotá, Editorial Kelly, 1987, pp. 332-352.

Salvador Jiménez de Enciso




Eclesiástico español, obispo de Popayán, nacido en Málaga y muerto en Popayán, el 13 de febrero de 1841. Canónigo de la catedral de Málaga, y uno de los prelados más ilustrados que ha tenido la Diócesis de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso Cobos y Padilla vino muy joven al Virreinato del Perú con fray José Antonio de San Alberto, arzobispo de Charcas, en la República de Bolivia. Estudió en la universidad de la Real Audiencia de Charcas, donde recibió los grados de bachiller y maestro en filosofía, y licenciado y doctor en Sagrada Teología, Derecho Civil y Canónico. Fue cura en una de las parroquias de Potosí, donde edificó una casa de ejercicios y un asilo de mujeres recogidas. Viajó a España a incorporarse al Colegio de Abogados de los Reales Consejos; allí hizo oposición a varias canonjías en San Isidro, Madrid.

Nombrado canónigo de la catedral de Málaga su ciudad natal, fue a Madrid, y allí fue presentado para el obispado de Popayán, el 14 de febrero de 1815. Comunicó su nombramiento al venerable capítulo de Málaga, el 6 de diciembre del mismo año, y fue preconizado en Roma por el papa Pío VII, el 13 de marzo. Se posesionó del obispado de Popayán el 7 de mayo de 1818, por medio de su procurador, el doctor Manuel Mariano Urrutia y Quijano, canónigo magistral y tesorero electo de la catedral payanesa, en virtud del poder amplio y general que le confirió en Madrid, el 6 de agosto de 1816. En septiembre comenzó a reedificar el colegio seminario, levantando todo lo que las guerras habían destruido, cuando sirvió de cuartel a las tropas.

El seminario reinició labores el 18 de octubre con cuatro directivos: rector, vicerrector, ministro y director espiritual, y treinta colegiales. Este acto fue muy significativo, porque después de diez años de transformaciones políticas y de suspendidos los cursos, se pusieron en ejercicio una cátedra de latinidad, una de filosofía y otra de teología moral. La relación de este acto se imprimió, y un ejemplar fue introducido en una caja metálica, con otros objetos, cuando el obispo Jiménez puso la primera piedra de la nueva catedral que él mismo se empeñó en edificar. Pero la construcción de la nueva Catedral quedó suspendida en 1819, cuando el ejército realista fue derrotado en Boyacá, y Jiménez, junto con su secretario Félix Liñán y Haro, su provisor José María Grueso y todos los superiores del seminario, emigraron a Pasto.

De regreso a Popayán, la escasez de sus rentas y otras circunstancias no le permitieron continuar la obra. El obispo Jiménez fue un hombre muy ilustrado y versado en predicar la palabra divina. En los últimos años de su pontificado emprendió la construcción de la iglesia de Jimena en Popayán, cuya parroquia fundó, siendo su primer cura párroco el presbítero Manuel Inocente Delgado y Fernández.

Aún no se concluía la construcción de la catedral, cuando el obispo enfermó y falleció. Fue sepultado en la bóveda de la iglesia de la Compañía de Jesús, donde permaneció hasta el 9 de agosto de 1851, cuando se exhumó su cadáver para depositar en la bóveda el del obispo fray Fernando Cuero y Caicedo. El presbítero Manuel Antonio Bueno y Quijano depositó los restos de Jiménez en un arca de madera al lado de los que le antecedieron en el obispado, señores Jerónimo Antonio de Obregón y Mena y Angel Velarde y Bustamante. El prelado Jiménez de Enciso consagró en Buga a José María Estévez, obispo de Santa Marta, en 1827; en Cuenca, a Calixto Miranda y Suárez, obispo de Cuenca, en 1829; a fray José Antonio Chávez; de la Orden de San Francisco de Bogotá, obispo de Calidonia in partibus, auxiliar del arzobispo de Bogotá, en 1834. El 25 de marzo de 1835, consagró a Nicolás de Arteta y Calixto, obispo de Quito; y el 28 de junio del mismo año, a Manuel José Mosquera, arzobispo de Bogotá, en la iglesia de San Francisco de esa ciudad. También consagró, el 18 de noviembre de 1818, la iglesia de San Francisco de Bogotá; en 1820, la de San Agustín de Pasto; y en 1828, la de San Francisco de Pasto.

MARIA ALEXANDRA MENDEZ VALENCIA

Bibliografía

Aragón, Arcesio. Fastos payaneses. Bogotá, Imprenta Nacional, 1939.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Fray Fernando De Jesús Larrea




Misionero franciscano, autor místico y lingüista ecuatoriano (Quito, 1700 Cali, noviembre 3 de 1773). Estrechamente vinculado a Colombia, donde fundó dos colegios de misiones, uno en Popayán y el otro en Cali, la memoria de fray Fernando de Jesús Larrea sobrevive al tiempo a través de la célebre Novena de Aguinaldos, de la cual es autor, y que se repite en las navidades colombianas. Hijo del licenciado Juan Dionisio de Larrea Zurbano, caballero de la Orden de Calatravá y oidor de las Reales Audiencias de Santafé de Bogotá y de Quito, y de doña Tomasa Dávalos, quiteña, fray Fernando de Jesús vistió el hábito franciscano en el convento de la Recolección de San Diego de Quito, a los 16 años. Ordenado sacerdote en 1725, fue dedicado a la enseñanza de la filosofía y de la teología. Su carrera de predicador de misiones populares la inauguró en 1732, con ocasión de las fiestas de Quito en honor de la Virgen del Quinche.

Llegó a Popayán en 1739 para revitalizar el convento de misiones que allí había, dedicándose con tal empeño, que vino a transformarlo en el famoso Colegio de Propaganda Fide de la ciudad, que lo considera como su auténtico fundador. En 1742 se dedicó a predicar en misiones populares en el Valle del Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima; pero su obra más importante fue la fundación del Colegio de Misiones de San Joaquín de Cali, en 1757, el cual aún pervive como convento de San Francisco, con las dos iglesias a él anexas y su torre mudéjar. Además de incansable predicador por todos los rincones de Colombia, fray Fernando de Jesús tuvo el carisma de la dirección espiritual, contándose entre sus dirigidas la célebre doña Clemencia Caicedo, fundadora del monasterio y colegio de La Enseñanza en Bogotá, en 1766.

La prodigiosa actividad misionera de fray Fernando se prolongó casi hasta el año de 1770; su muerte se produjo en el convento de San Joaquín de Cali, en 1773, y allí reposan sus venerables restos. Su Novena de Aguinaldos, que aún se recita en Colombia con las numerosas variaciones que se le han hecho a lo largo de dos siglos, fue reimpresa en su edición original en diciembre de 1987, por el Instituto Caro y Cuervo. Manuel Jiménez de la Espada se inclina a creer que el padre Larrea también es autor del Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá. Los Viajes misioneros del P. Larrea, publicado en 1948 por el historiador caleño Alfonso Zawadski, constituyen una narración autobiográfica de las andanzas misioneras de su autor.

LUIS CARLOS MANTILLA

Bibliografía

Mantilla, Luis Carlos. Cali y su convento de San Francisco. Bogotá, 1985.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

San Ezequiel Moreno y Díaz




Eclesiástico español (Alfaro, septiembre 9 de 1848 - Monteagudo, agosto 19 de 1906) y prelado en Colombia, canonizado por el papa Juan Pablo II en Santo Domingo, República Dominicana, el 11 de octubre de 1992, durante la celebración del v Centenario del Descubrimiento de América. Hijo de Félix Moreno y Josefa Díaz, sastres de oficio, padres de cinco hijos (tres mujeres y dos varones), ingresó a los dieciséis años al noviciado de los Agustinos Recoletos en Monteagudo, Navarra, donde cursó los primeros estudios filosóficos y teológicos.

En 1869 fue destinado a las misiones de su orden en Filipinas y ordenado sacerdote en Manila, el 3 de junio de 1871. En compañía de su hermano Eustaquio adelantó labor misionera en las islas de Mindoro y Palawan, en medio de los temidos piratas jaloanos. En esta última isla fue el primer capellán castrense de la guarnición española y en Puerto Princesa, su actual capital, celebró la primera misa que allí se ofreció. En Calapán, Las Piñas, Batanga, Manila e Imus completó quince años de trabajo sacerdotal en Filipinas hasta 1885, año en que regresó a España como prior del convento Monteagudo.

Desde allí emprendió viaje a Colombia a fines de 1888 para dirigir la restauración de la provincia agustina recoleta en el país y, en particular, de los conventos de La Candelaria en Bogotá y Ráquira. y de las misiones en Casanare, cuyo primer vicario apostólico, con sede en Támara, fue Moreno, nombrado por el papa León XIII, a instancias de su amigo el presidente Miguel Antonio Caro en 1893, siendo consagrado en Bogotá e11 de mayo del año siguiente, como obispo titular de Pinara.

Promovido a la diócesis de Pasto, durante la guerra civil de 1895, sólo tomó posesión de su nueva sede en junio 10 de 1896. Allí se vio envuelto en polémicas doctrinarias con los liberales y radicales de Colombia y Ecuador y con el obispo de Ibarra, Federico González Suárez. En este contexto publicó su escrito más famoso: O con Jesucristo o contra Jesucristo o Catolicismo o Liberalismo. No es posible 1a conciliación, de 1898, al cual responderá más tarde Rafael Uribe Uribe con su ensayo De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado (1912).

En 1905 se manifestaron en monseñor Moreno los primeros síntomas de un cáncer palato-na sal. Regresó entonces a España a fines de ese año, y en Madrid fue sometido a dolorosas operaciones que sufrió con serenidad. Volvió a su celda de Monteagudo, donde había iniciado su vida religiosa, y allí murió el 19 de agosto de 1906. El 1 de febrero de 1975 el papa Pablo VI presidió la ceremonia de su beatificación. Dice el historiador Malcolm Deas: Por su correspondencia privada, se ve que en política Ezequiel Moreno no fue un intrigante, fue meramente simplista e incluso naif.

Para Deas, esta posición es el producto de una verdadera obsesión, que lo llevó a afirmar: El liberalismo es pecado, aunque [...] la mayoría de los eclesiásticos de su tiempo no dudaban que el liberalismo era pecado. Dejando de lado los aspectos polémicos de fray Ezequiel, en su homilía de canonización Juan Pablo ~t destacó la entrega religiosa y misionera del nuevo santo y lo presentó como modelo de evangelización en América Latina [Ver tomo 2, Historia, p. 442 y tomo 7, Instituciones, p. 226] .

CAMILO CALDERÓN

Bibliografía

DEAS, MALCOLM. "San Ezequiel Moreno: El liberalismo es pecado". Credencial Historia, N-46 (octubre 1993). SALAZAR, JOSÉ ABEL Biografía de San Ezequiel Moreno Díaz. Bogotá, Editorial Carrera 7, s.f. VALDERRAMA ANDRADE, CARLOS. Epistolario del beato Ezequiel Moreno. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983. VALDERRAMA ANDRADE, CARLOS. Un capítulo de las relaciones entre el Estado y la Iglesia en Colombia, Miguel Antonio Caro y Ezequiel Moreno. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1986.

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Fray Juan de Quevedo




Religioso franciscano, primer obispo del Nuevo Mundo, nacido en Bejorí, en la región montañosa de Burgos, muerto cerca a Barcelona, el 24 de diciembre de 1519. Postulado por el rey Fernando el Católico y nombrado por el papa León x para que inaugurara la diócesis de Santa María la Antigua del Darién, fray Juan de Quevedo se hizo franciscano en la Provincia de Andalucía, de la que llegó a ser ministro provincial. La mayor parte de su vida se desarrolló en Sevilla, donde fue, por lo menos en dos períodos distintos, guardián del monasterio franciscano.

Todo parece indicar que en 1513 fue nombrado predicador de la capilla del rey; sin duda Fernando el Católico, durante su estancia en Sevilla, de febrero a junio de 1511, conoció las prendas de gran orador que adornaban al fraile, las cuales éste confirmó en el ejercicio de su ministerio en palacio, de donde nació la candidatura para la mitra del Darién. Se embarcó hacia el Nuevo Mundo en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, el 11 de abril de 1514, con la expedición que venía a órdenes de Pedrarias Dávila, y arribaron a su destino final el 30 de junio. Acompañaban al prelado seis religiosos franciscanos, con su comisario, llamado fray Diego de Torres, y 17 clérigos. Inicialmente las relaciones entre el obispo y el gobernador Pedrarias fueron cordiales, pero luego comenzaron a enturbiarse, principalmente por causa del juicio de residencia que el gobernador debía hacerle a Vasco Núñez de Balboa, alcalde mayor de la ciudad, de cuyo lado, presuntamente culpable, se puso el prelado. Los sinsabores producidos por esta contienda oprimieron tanto a Quevedo, que apenas a un año de estar en su paupérrima diócesis, solicitó al rey su licencia para volver a España, o para que se le trasladase a la isla de Santo Domingo.

En abril de 1519 fray juan de Quevedo regresaba a su patria, donde habría de morir, el 24 de diciembre del mismo año. Alcanzó, sin embargo, a exponer los problemas que aquejaban la evangelización y el trato injusto a los indios, en la célebre reunión convocada y presidida por el emperador Carlos v en Molíns del Rey, en la cual también estuvo presente fray Bartolomé de las Casas, que después se mostraría tan contrario al obispo franciscano.

LUIS CARLOS MANTILLA

Bibliografía

Egaña, Antonio de. Historia de la Iglesia en la América Española (Hemisferio sur). Madrid, BAC, 1966.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Fray Cristóbal de Torres




Eclesiástico español (Burgos, 1573 Santafé de Bogotá, julio 8 de 1654), arzobispo de Santafé de Bogotá, fundador del Colegio Mayor del Rosario. Hijo de Juan de Torres y de Agueda de Motones, a los dieciséis años se ordenó como dominico. Regentó las cátedras de Artes y Teología en el Convento de San Pablo de Burgos, y de Teología en San Pedro Mártir de Toledo; fue maestro de estudiantes en San Ildefonso el Real de Toro. En 1625 alcanzó el magisterio y fue prior de su Convento de Burgos y definidor en el Capítulo Provincial de Toro. En 1614 recibió una amonestación por un sermón sobre la Virgen, que causó escándalo y motivó su salida de Córdoba. En 1617 fue nombrado predicador real de Palacio por el cardenal arzobispo de Sevilla Diego de Guzmán, cargo en el que fue confirmado por Felipe IV. Fue consejero espiritual del "favorito" del rey don Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma. En 1626 dio el pase para la impresión de la obra Política de Dios, Gobierno de Cristo y Tiranía de Satanás, de Francisco de Quevedo y Villegas, hecho que motivó que Quevedo, en 1633, le dedicara a fray Cristóbal su tratado La Cuna y la Sepultura, para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas. Cuenta el biógrafo de Torres, fray Alberto E. Ariza, O.P.: Vacante la sede metropolitana del Nuevo Reino de Granada por muerte del arzobispo D. Bernardino de Almansa, el rey Felipe IV designó a fray Cristóbal para Arzobispo de Santafé, el 2 de abril de 1634.

Los escogidos para acompañarlo en su nueva misión fueron su hermana Ana María, viuda de Juan de Castellanos; sus sobrinos Roque y Juan Bravo, clérigo el primero y capitán el segundo, doña María Bravo de Torres y su prima Doña María de Isla. También viajaron en su séquito el médico Rodrigo Enríquez de Andrade, don Cristóbal de Aguilar y el licenciado Rodrigo Cerbeleón Santa Cruz. Llegó a Cartagena de Indias entre julio y agosto, y allí, en el templo de Santo Domingo, recibió el sagrado palio, de manos del obispo fray Luis de Córdoba y Ronquillo. En Cartagena se amplió su comitiva con los religiosos Miguel de las Cuevas, don Bartolomé del Río y Portillo, el provincial dominico fray Mateo de Valenzuela y el prior de Cartagena, maestro fray Alonso Hinestrosa Bordas. Debido a las grandes prerrogativas que el patronato real había otorgado a los presidentes, las relaciones de éstos con la Iglesia no eran nada fáciles. El antecesor de fray Cristóbal, don Bernardino de Almansa, había tenido una guerra sin cuartel con el presidente don Sancho Girón de Narváez y con don Martín de Saavedra y Guzmán, quienes fueron apoyados por los jesuitas. Para la fiesta de Corpus Christi, en junio de 1636, Torres escribió una obra que tituló Lengua Eucarística del hombre bueno, exposición de la doctrina del Angélico Santo Tomás de Aquino sobre la Eucaristía. Durante esta celebración, el sermón de un jesuita sobre la comunión de los indios impresionó a fray Cristóbal de tal manera que procedió a convocar una junta de estudio sobre el fomento de ésta. Fruto de los trabajos de la junta, el arzobispo decretó el 25 de noviembre de 1636 una censura por el abuso tan pernicioso que está entablado en las Indias, principalmente en este Reino, de negar la comunión a los indios, casi generalmente, aun en la hora de la muerte. Torres ordenó preparar a los indios para la comunión y examinar (ayudado por los jesuitas Coluccini y Dedal) a los doctrineros en ciencia eclesiástica y lengua indígena, para dejar en cada pueblo un catecismo en idioma indígena y averiguar la validez del bautismo de los adultos. Tan importante fue su labor que el canónigo de Santafé escribió: El señor don fray Cristóbal de Torres, que gobernó este Arzobispado, el año 1636, esto es, cien años después de la conquista, fue el primero que se resolvió a dar la Comunión a los indios. En agradecimiento, los indígenas de Gachancipá le obsequiaron una mitra hecha de paja. El arzobispo apoyó con cien pesos anuales al Asilo de Beneficencia, fundado por el presidente Saavedra y Guzmán.

En 1638, como "auxilio al Estado", envió 5000 pesos al gobernador de Guayana, don Diego López de Escobar, que sufrió saqueo de los ingleses, y costeó el viaje de Francisco Vargas Maldonado y Juan Bravo de Torres, sus sobrinos, para que fueran en ayuda del gobernador. En 1640 el arzobispo fundó la Botica para Indigentes, costeando de su peculio los sueldos del médico (350 pesos),, del cirujano (200 pesos) y del barbero (60 pesos). Su generosidad fue considerada como largueza por el presidente, quien lo acusó ante el rey pidiéndole que ejerciera control sobre el arzobispo. El rey Felipe IV le dio el nombre de "Restaurador del Santísimo Rosario", título que apreciaba más que el de arzobispo de Santafé, debido a su inmensa devoción que lo llevó a introducir el rezo a coros del Santísimo Rosario, costumbre que se extendió a toda España. Sobre el tema dejó escritas dos obras: El Ave María (seis tomos en folio) y Cuna mística. Para perpetuar la memoria, bautizó su colegio con el nombre de Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Respecto a la fundación del Colegio del Rosario, su biógrafo fray Alberto Ariza dice: Apenas llegado fray Cristóbal a su sede, capta la situación de la cultura. La Universidad de Santo Tomás, la primera del Nuevo Reino, si bien está erigida con anuencia de Su Majestad [...] viene entrabada por la Compañía de Jesús que anhela para su Academia javeriana, fundada el 23 de junio de 1623, la categoría de Universidad. Su mente se ilumina con una idea redentora: la fundación de un Instituto de Estudios Superiores, libre de litigios. Tal Instituto ha de ser una réplica del "Colegio del Arzobispo", de la ciudad de Salamanca, bajo la guía del angélico doctor santo Tomás de Aquino. El 1 de abril de 1645, fray Cristóbal de Torres protocolizó su proyecto, que ratificó el 4 de julio; erigió el Colegio, lo puso bajo la dirección de sus hermanos de hábito y designó como rector al aragonés fray Tomás Navarro. El 28 de diciembre de 1653 fue inaugurado el Colegio; el 17 de enero de 1654 se protocolizaron los documentos pertinentes de la fundación. A propósito, la crónica de la fiesta del Rosario en 1855 dice: El Ilustrísimo Señor Don Fray Cristóbal de Torres, Arzobispo de esta Diócesis (de 1635 a 1655) [sic] fundó un Colegio en Bogotá poniéndolo bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario. La Reina de España, Doña Margarita de Austria, bordó con sus propias manos una pequeña imagen en aquella ádvocación, y obsequió con ella al fundador, su antiguo director espiritual, quien la colocó en un altar distinguido del Colegio, y desde entonces hasta ahora que todavía se conserva, se le ha denominado "La Bordadita", patrona del establecimiento. Fray Cristóbal de Torres murió a los 80 años, el 8 de julio de 1654.

MARIA ISABEL VARGAS ARANGO

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.