Posición de la guitarra

Cómo es

Se apoya el instrumento sobre la pierna izquierda del guitarrista, y esta pierna descansa sobre un banquito de 12 centímetros de altura aproximadamente. La pierna derecha se separa y asegura así la colocación de la guitarra. A la vez ésta se sujeta con el antebrazo derecho por la parte superior de la curvatura mayor del aro, de modo que así quede bastante asegurada sin necesitar el auxilio de la mano izquierda, que debe quedar libre para correr sin dificultad por el mástil. El cuerpo mantiene una postura natural. Teniendo en cuenta que la vista ha de mirar el papel, los dedos han de acertar las cuerdas y trastes que hayan de pisar. Es casi imposible conseguirlo al principio, pero poco a poco el ejecutante habrá de acertar con cuerdas y trastes sin mirarlos.

El brazo derecho

Ha de mantener firme la guitarra, sin oprimirla, sujeta casi sólo con su propio peso y después de colocado naturalmente sobre el aro; así se consigue no perder la libertad en el manejo de los dedos. El brazo se dirigiré oblicuamente desde la curvatura mayor del aro derecho hasta el borde anterior y curvatura cóncava del mismo, siendo tal su posición que la mano llegue a tocar sin violencia, con los extremos de sus dedos, las seis cuerdas junto a la boca de la guitarra. Esta posición es muy apropiada para que los dedos de la mano derecha puedan pulsar las cuerdas con la fuerza debida, y para que adquieran el hábito de ejecutar movimientos rápidos sin que sea necesario apenas mover la mano. Respecto al uso de las uñas, que pueden obtener mayor y mejor sonido, convendrá alcanzar estas condiciones:

1. Se han de usar pulsando las cuerdas oblicuamente, tendiendo el dedo que las hiera cuanto sea compatible con la fuerza que se ha de emplear, no agarrándolas sino haciendo que se deslice la cuerda por el interior de la uña, habiendo antes tocado con la yema.

2. Las uñas deberán tener una longitud proporcionada, pues las muy largas impiden la agilidad y las muy cortas no permiten suavizar el sonido mediante el deslizamiento indicado. Quienes no deseen usar las uñas deberán pulsar las cuerdas deslizando la yema precisamente necesaria para que el sonido resultante no sea débil, pero nunca, agarrando las cuerdas. Pero cuál sea la cantidad de fuerza que se debe comunicar a la cuerda es difícil de concretar. Entendamos por tanto que si la fuerza fuera excesiva, el sonido resultará áspero y desagradable; y si la fuerza fuera poca el sonido saldrá débil, breve y nada brillante. Entre ambos extremos hay un término medio de fuerza que dará el sonido agradable que se desea, pero también hay ciertos sonidos llenos tanto de vigor, tanto de dulzura. En realidad esto se “oye” pero no “se explica”.

Los dedos de la mano izquierda

Deben pisar las cuerdas con libertad, fuerza y agilidad. La articulación de las falanges del dedo pulgar se fijará sobre la línea media longitudinal de la parte posterior del mástil; la mano se inclinará un poco hacia los trastes por el lado del dedo pequeño y los cuatro dedos, índice, medio, anular y pequeño, deberán estar bastante abiertos de modo que alargando el último hasta el cuarto traste, apenas se mueva la mano. Esta posición dará la amplitud y la flexibilidad suficientes para poder llegar con el dedo meñique a pisar todos los bordones cuando sea necesario, lo cual no se conseguiría fácilmente si el pulgar abraza toda la anchura de la parte posterior del mástil. Los cuatro dedos de esta mano, estando casi paralelos a los trastes, pisarán las cuerdas con gran firmeza poniéndose tan arqueados que la última falange venga a caer perpendicularmente sobre la cuerda pisada, de modo que apoyen solamente la yema.

Beethoven adopta un punto de vista nuevo, al interpretar de modo muy original el antiguo texto litúrgico, ya encontrando correspondencias espirituales personales, sugestiones colectivas, no simplemente musicales (como lo confirma la invocación a la paz, añadida de su puño y letra al final del Agnus Dei). De este modo Beethoven abrirá un nuevo destino a la misa; de ahí en adelante, los autores se ajustarían a las cinco divisiones tradicionales (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei), no sólo con intenciones simplemente litúrgicas o espirituales, sino también tratando de captar las correspondencias profundas de la antigua, con los puntos de vista individuales en la confrontación de la religión y de los misterios de la fe en general.

Cómo citar este texto

Subgerencia Cultural del Banco de la República. (2015). Posición de la guitarra. Recuperado de: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/musica/posicion_de_la_guitarra