Tumaco

Tumaco: la gente y el oro en la Costa Pacífica

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En las llanuras inundables y los manglares de la Costa del Pacífico, entre Esmeraldas en el Ecuador y Buenaventura en el Valle del Cauca, vivieron por mil años, entre el 700 a.C. y el 350 d.C. sociedades de pescadores, agricultores, recolectores de frutos marinos y cazadores que navegaron en el mar y trabajaron los metales. De las arenas de los ríos obtuvieron oro y platino que transformaron en pequeños y delicados adornos como colgantes, diademas y narigueras... o en anzuelos. Construyeron sus viviendas sobre plataformas artificiales para protegerlas de las inundaciones.

Figuras humanas de cerámica se encuentran descabezadas en basureros, entierros y cerca al mar, como si hubieran sido rotas en un ritual. Tienen adornos insertados en la piel, orejeras y narigueras, y deformaciones craneales, símbolo de rango social. Se ven escenas de maternidad, erotismo, enfermedades y vejez. Los caciques, representados en grandes y adornadas figuras de cerámica, dirigían la vida económica y ceremonial.

Tumaco en la exposición del Museo del Oro

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En las llanuras inundables y los manglares de la costa del Pacífico, entre Esmeraldas en el Ecuador y Buenaventura en el Valle del Cauca, vivieron durante mil años sociedades de pescadores, cazadores y agricultores que navegaron en el mar y trabajaron los metales. Los arqueólogos fechan su presencia desde el 700 a.C. hasta el 350 d.C. Otras sociedades sin orfebrería ocuparon luego la isla de El Morro y la llanura costera, y permanecieron hasta la Conquista.

La gente del manglar

Sobre islotes rodeados de bosques de manglar las antiguas comunidades de Tumaco construyeron montículos y en ellos sus viviendas y enterramientos. Pescaron, recogieron frutos de mar, cazaron aves y pequeños mamíferos. Para cultivar en las llanuras del litoral adecuaron las tierras con zanjas y camellones. De las arenas de los ríos obtuvieron oro y platino que trabajaron por lo general en pequeños y delicados adornos.

Las viviendas, de planta rectangular y techo a dos aguas, se levantaban sobre plataformas artificiales que las protegían de las inundaciones. Los navegantes se desplazaban en canoa a lo largo de las costas, de isla en isla e incluso hacia las llanuras, ya que la marea alta facilitaba la navegación al inundar los manglares, las bocanas y los esteros. Pesas para red en piedra y anzuelos de oro se encuentran con frecuencia y son evidencia de las actividades de pesca.

También es frecuente encontrar figurinas de cerámica en basureros, entierros o cerca al mar. La mayoría de ellas aparecen descabezadas como si hubieran sido rotas en un ritual. Tema principal de los alfareros, la figura humana es siempre realista, con adornos insertados en la piel, orejeras y narigueras, y con marcadas deformaciones craneales, símbolo de rango social.

Las figuras de cerámica eran por lo general pintadas pero han perdido el color con el paso del tiempo. Sellos y rodillos eran los utensilios utilizados para pintarse el cuerpo.

En 1756 Fray Juan de Santa Gertrudis visitó la Costa Pacífica y relató su experiencia en el libro “Maravillas de la naturaleza”:

“Hállanse allí por lo regular varias figuritas hechas de barro con mucha perfección… Hállanse también hechas de oro con los ojos de esmeraldas, hállanse también unas cuentecitas de oro hechas de filigrana, tan chicas como la cabeza de un alfiler…”

También escribió Santa Gertrudis:

“Llaman a este pueblo La Tola porque todo está lleno de tolas que quiere decir montones de tierra… Son entierros de los indios antiguos, y como ellos se enterraban con cuanto tenían, en alguna se ha encontrado bastante riqueza…”

Caciques y chamanes

El privilegio de ser enterrados bajo montículos de tierra correspondía a los caciques, quienes dirigían la vida económica y ceremonial de comunidades numerosas y organizadas. También eran destacados por el uso de objetos suntuosos como colgantes, diademas y narigueras de oro, que los acompañaron en sus tumbas. En La Tolita algunos montículos o tolas contienen ollas superpuestas en forma de columna, llamados timburas.

El chamán era en estas sociedades el hombre de conocimiento, el encargado de la comunicación con el mundo espiritual. Es posible que sean chamanes los personajes que vemos portando máscaras de felinos. En efecto, el jaguar (Felix concolor) y el puma (Leo onca) simbolizan en el pensamiento amerindio el poder y la fuerza masculinos, así como la destreza y sagacidad del animal cazador y guerrero, que el sacerdote busca apropiar en su rol de mediador de la comunidad ante los distintos mundos cosmológicos.

Varias escenas de la vida cotidiana fueron representadas en la cerámica de Tumaco. El tema de la maternidad es recurrente, así como las enfermedades, el erotismo y la vejez.

Tumaco: vivir en el manglar

Cuando se mencionan los manglares, llega a nosotros la imagen de una serie de árboles con grandes raíces que afloran sobre el agua, a veces secos y en ocasiones frondosos. Resulta difícil imaginar al hombre viviendo en un ambiente con estas características, sin embargo, la existencia de algunas gramíneas, helechos y esporas de algas indica la presencia de áreas pantanosas donde la baja acción del ciclo de mareas, el arrastre y la sedimentación, hicieron posible el asentamiento humano y el cultivo de algunas plantas.

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Esta presencia está registrada hace más de dos mil cuatrocientos años, entre el sitio de Esmeraldas en el Ecuador y Buenaventura en Colombia, región que fue habitada de forma permanente por sociedades que se adaptaron a estos ecosistemas.

En las áreas pantanosas donde crece el manglar, existen “islotes”, depósitos arenosos consolidados en medio del agua salada, que son zonas secas de forma plana llamados firmes, que fueron utilizados para levantar montículos artificiales sobre los cuales construyeron sus viviendas y cementerios.

En cerámica representaron sus casas y algunas estructuras especializadas destinadas a rituales y ceremonias. Las viviendas en general son de plano rectangular a cuadrado con techo a dos aguas. Los arqueólogos han podido verificar esta información con el hallazgo de restos de construcciones como un fragmento de bahareque encontrado cerca de los campos de cultivo en el sitio El Gran Cebú y fragmentos con marcas de caña encontrados en la zona baja del río Guayas.

Por las particularidades del territorio, su alimento se basó en la explotación de los recursos que brinda el manglar, como moluscos y crustáceos que se enredan en sus raíces y crecen allí; numerosas aves y peces.

Sobre la pesca artesanal prehispánica en estuarios tenemos algunos datos como el del uso de pequeñas canoas, redes con pesas de piedra y anzuelos de oro y concha. Es una tradición que se conserva en la actualidad con el uso de “potrillos a vela”, como se conoce en Ecuador y Perú a estas embarcaciones.

Para preparar los peces debieron utilizar descamadores donde se incrustaban pequeñas piedritas que facilitaban el desprendimiento de las escamas. Su diseño básico es en forma de pez, posiblemente inspirado en el áspero escamado de algunas de las especies, entre la que se destaca el pez erizo.

También cultivaron el maíz y la yuca, en parcelas agrícolas dispuestas alrededor de los asentamientos. Con relación a la agricultura, en las costas ecuatorianas el cultivo del maíz ha sido fechado hacia el 3200 a.C. en sitios como Loma Alta y San Isidro, mientras que para la costa sur de Colombia la introducción de este cultivo, así como el de la yuca, se da durante el primer milenio antes de Cristo. Esta información se obtuvo a través de los registros de polen, realizados por los arqueólogos en el desarrollo de sus excavaciones en sitios como la Cocotera, en el río Bubuey (Cauca).

De acuerdo con las representaciones en cerámica también debieron consumir otras especies como armadillos (Dasypus novemcinctus), micos (cebus sp.) y faras o chuchas (Didelphys sp).

La expresión del poder en Tumaco - la Tolita

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Los grupos Tumaco-La Tolita conformaron sociedades con centros políticos y económicos que alcanzaron el nivel de cacicazgos. Estos centros son la isla de La Tolita, parte de Tumaco y el área de Santiago-Cayapas (Ecuador), los cuales mantuvieron nexos culturales y económicos con otros grupos a lo largo de la Costa Pacífica a través de redes de intercambio a corta y larga distancia, tanto de alimentos como de objetos suntuarios, importantes para las élites.

En los poblados mencionados, las élites fueron capaces de movilizar individuos para la construcción de tolas o montículos, las cuales pudieron ser vistas como “templos montículos” ocupando los espacios arquitectónicos más importantes dentro del poblado. Las tolas fueron utilizadas como bases para edificaciones o sitios a cielo abierto donde se llevaban a cabo prácticas religiosas. Igualmente fueron utilizadas como lugares de enterramiento, de acuerdo con las inhumaciones encontradas en ciertas áreas de los montículos.

Los arqueólogos han encontrado en las tolas evidencias de fogones, talleres y huellas de postes así como entierros en urnas y fosas con ajuares diversos con cerámica, concha y metales, que reflejan el rango alcanzado por los miembros de estas sociedades.

Otro rasgo importante de estas sociedades es la invención y desarrollo de diversas técnicas metalúrgicas, de formas y de símbolos. La metalurgia fue un vehículo a través del cual los grupos sociales expresaron diversas ideas fundamentales de su pensamiento religioso, muchas de las cuales aún se encuentran en los pueblos indígenas de Colombia.

Tumaco: el ciclo de la vida

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Antes de la llegada de los españoles, la cultura sexual de los pueblos americanos se expresaba con menos inhibiciones y un poco más de naturalidad que hoy en día. Esto se puede observar en algunos objetos de cerámica, oro y lítico que lograron sobrevivir a la censura impuesta por la Corona española. El erotismo previo a la Conquista comprende una amplia gama de usanzas y costumbres que escandalizaron a misioneros y evangelistas y que, aún hoy, dificulta su puesta en escena. Sin embargo, si la naturaleza en este lado del mundo estaba divinizada e incluía la sexualidad como propiciadora de vida, el sexo también hacia parte del culto a lo divino y religioso. Rostros extasiados, mujeres voluptuosas en actitud de entrega, figuras fálicas o posturas sugestivas en el juego amoroso de la pareja, son prueba elocuente de que el sexo no se reducía a su función reproductora, sino que tenía un valor lúdico y desprejuiciado, que fue representado con mucha estética ampliando la descripción de las costumbres de estos pueblos, convirtiéndose en una herramienta más para la arqueología en su afán de conocer los hábitos de sociedades extintas.

Entre estos pueblos se destaca la sociedad Tumaco-La Tolita, que entre el 700 a.C. y el 350 d.C. desarrolló una sensualidad muy especial de la cual solo quedó el testimonio de una cerámica naturalista, expresiva y de gran nivel estético, que atribuía importancia primordial al arte amatorio. Exaltaron la fertilidad valiéndose del falo como símbolo principal, generador de vida y de poder; representado como asa en recipientes ceremoniales, como soporte en incensarios o como mango de rodillos o descamadores.

Las figuras en cerámica, como medio de comunicación, retrataron diferentes escenas del ciclo de la vida y, así como lo hicieron con el arte erótico, también dejaron testimonio de la vida familiar en figuras realistas que muestran el momento del parto, a la madre acompañando a su bebé después del nacimiento, cuando lo amamanta o cuando lo carga en sus brazos o sobre sus hombros.La vejez y en sí el proceso de cambio o envejecimiento fueron representados en detalle con los efectos que deja en el cuerpo el paso del tiempo, como las arrugas, la piel ajada y las espaldas encorvadas. Estas marcas que indican un estado del alma y el cuerpo se observan en figuras, máscaras y colgantes que muestran ancianos y que nos hablan sobre la función social tan importante que tuvieron en esta sociedad.

Para la gente del manglar, la muerte fue generalmente percibida como un proceso de alejamiento progresivo de este mundo al mundo de los muertos. Asociada con el caimán y la serpiente, que rigen los dominios acuático y terrestre, las figuras mitad hombre y mitad caimán ejemplifican el paso, a través del agua, al mundo de los muertos.Pero dentro de ese orden sagrado y natural también se manifiestan situaciones que interfieren con el transcurso normal del ciclo de la vida: las enfermedades y las anomalías genéticas. Estos grupos sociales representaron una amplia gama de patologías con suficiente detalle como para que hoy en día a los investigadores les sea posible diagnosticar lo que padecieron en el pasado. Se reconocen la leishmaniasis cutánea, la tuberculosis, la sífilis, el enanismo, la parálisis facial, el síndrome de Morquio y el síndrome de Down, entre otros.

Bibliografía comentada Tumaco-La Tolita

Todos los textos divulgativos del Museo del Oro están respaldados por la investigación científica realizada por la Subdirección Técnica del Museo y por la bibliografía académica arqueológica y antropológica. En esta página los curadores del Museo del Oro recomiendan artículos y libros científicos académicos sobre esta región arqueológica expuesta en el Museo. Intentan establecer una bibliografía mínima según su criterio y destacan lo que permanece relevante y vigente. A diferencia de los artículos divulgativos, como el web del Museo del Oro, los artículos científicos están escritos para un público especializado.

Buscadores en bibliotecas físicas: Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República | Biblioteca del Instituto Colombiano de Antropología e Historia

http://www.banrepcultural.org/blaa http://www.icanh.gov.co/?idcategoria=4519

Tumaco – La Tolita

BOUCHARD, Jean François. 1982-83. Excavaciones arqueológicas en la región de Tumaco, Nariño, Colombia. En: Revista Colombiana de Antropología, 24, Instituto Colombiano de Antropología, Bogotá. Págs. 125-335.

Este artículo de Bouchard es uno de los primeros intentos de delimitar geográfica y cronológicamente el complejo Tumaco – La Tolita a partir de las evidencias del momento. Y aunque actualmente las fechas que manejaba Bouchard hace décadas son discutidas, el artículo presenta un buen resumen con las características que definen el complejo. JPQ


PATIÑO, Diógenes. 1999. Agricultura prehispánica y sociedades complejas en Tumaco, Colombia. En: Arqueología del Área Intermedia. No. 1. Págs. 49-83. Colombia.

El autor sostiene que las evidencias arqueológicas sobre las pautas de asentamiento, la explotación económica, el intercambio, los bienes de prestigio y la especialización artesanal permiten afirmar la existencia de cacicazgos en Tumaco – La Tolita, al menos para la fase Inguapí II (c. 300 a.C. – 100 a.C.). JPQ


RAMÍREZ, Ángela. 2003. El concepto de estilo en arqueología: análisis estilístico de figurinas antropomorfas Tumaco-La Tolita, un estudio de caso. Monografía, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. (Manuscrito)

Ángela Ramírez argumenta la falta de criterios para definir el complejo arqueológico Tumaco-La Tolita como una estructura social contundente, dado que los arqueólogos han interpretado las variaciones de los rasgos estilísticos y tecnológicos como posibles hiatos de fases culturales, basados principalmente en las similitudes y diferencias de las figurinas antropomorfas y zoomorfas. Ramírez hace énfasis en que las distintas excavaciones arqueológicas han evidenciado que el complejo Tumaco-La Tolita no es de origen local (en la Costa Pacífica colombiana), aun cuando sí se reconoce el desarrollo de estilos autóctonos. JPQ


SALGADO, Héctor, David STEMPER y Rolando FLÓREZ. 1995. Sociedades complejas en el litoral pacífico: fragmentos de historia reconsiderados desde La Bocana. En: Cristóbal GNECCO, Ed., Perspectivas Regionales de la Arqueología del Suroccidente de Colombia y Norte de Ecuador. Universidad del Cauca, Popayán. Págs. 130-163.

En este artículo los autores delimitan el complejo Tumaco – La Tolita entre el área que va desde el bajo río San Juan y el río Calima en la costa pacífica caucana por el norte, hasta la ensenada de Atacames en la provincia de Esmeraldas en el Ecuador. JPQ


VALDEZ, Francisco. 1993. Símbolos, ideología y expresión de poder en La Tolita, Ecuador. En: R. TOWSEND, Ed., La Antigua América. El arte de los parajes sagrados. The Art Institute of Chicago – Grupo Azabache, México. Págs. 229-243.

El autor plantea que el complejo Tumaco – La Tolita estaba organizado en cacicazgos, con base en una estructura jerarquizada de la comunidad, bajo la imposición de un grupo dominante que sustentaba el poder en la ideología simbólica. Enfatiza en la importancia regional de La Tolita como lugar de peregrinación ceremonial, donde la importación de bienes exóticos rituales jugaba un papel determinante y que fue perdiendo protagonismo a la sombra del surgimiento de centros locales menores. JPQ