Virreyes en América

¿QUIÉNES FUERON?

Antonio Amar y Borbón

Virrey de la Nueva Granada nacido en Zaragoza (España), en 1742. A este militar español, a quien se le gratificó con el cargo de virrey del Nuevo Reino de Granada, le tocó afrontar la caída del dominio hispánico en el territorio bajo su mando. En 1762, a la edad de 20 años, Antonio José Amar y Borbón ingresó como cadete en el Regimiento de Caballería de Farnesio, donde obtuvo diversos ascensos, hasta recibir el grado de brigadier, luego de más de 31 años de servicios. Participó en el sitio de Gibraltar, en 1782, y en la guerra contra la Francia revolucionaria. En el curso de este último enfrentamiento se destacó al cubrir la retirada de las tropas españolas hasta Tolosa, en la frontera de Guipúzcoa, en 1794.

En general, sus acciones en el ejército fueron meritorias, como consecuencia de lo cual fue hecho caballero de la Orden de Santiago en 1770, teniente general de los Reales Ejércitos en 1802 y, en ese mismo año, nombrado virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada, con presidencia de la Real Audiencia de Santafé, cargo en el que sucedió a Pedro Mendinueta. El 16 de septiembre de 1803, un par de semanas después de que cesara en Santafé la epidemia de viruela, que se había declarado en septiembre del año anterior, llegaron a la capital el virrey Amar y su esposa Francisca Villanova. La administración del virrey Amar se divide claramente en dos fases, delimitadas por la coyuntura revolucionaria que afectó a España y a sus colonias, como consecuencia de la invasión napoleónica en 1808.

En la primera fase, entre 1803 y 1808, Amar debió asumir las responsabilidades propias y rutinarias de la administración colonial; en la segunda, que se prolongó hasta el 20 de julio de 1810, cuando se dio el grito de Independencia, el mandatario tuvo que afrontar el proceso de desestabilización y fractura del poder hispano en las colonias americanas. Aunque en las colonias, y particularmente en Santafé, hubo consenso respecto al apoyo a Fernando VII, el vacío de poder que se dio a raíz de la crisis de la monarquía ocasionó fricciones, recelos y, lo que es más importante, debilitó a las autoridades metropolitanas y fortaleció políticamente a la oligarquía criolla. Unos y otros desconfiaban de posibles reacciones de apoyo en favor de los franceses. Amar no accedió al deseo de los criollos de organizar cuerpos militares para defenderse de un eventual ataque francés. A1 mandatario le preocupaba la lealtad de los criollos frente a la monarquía.

A su vez, los criollos rumoraban sobre la posible adhesión del virrey y los oidores a los franceses; les disgustaba sobremanera el que no se les diera oportunidad de asumir un papel protagónico en la crisis. La Audiencia, por su parte, no mantenía las mejores relaciones con el virrey. Día a día la situación política que rodeaba al mandatario se hacía más compleja e inmanejable. De otra parte, su estado físico le dificultaba sortear la situación. Desde 1805 Amar se quejaba de sus achaques de salud y de su sordera. A principios de septiembre de 1809, con motivo de la revolución de Quito, Amar convocó en dos oportunidades una amplia junta compuesta por los oidores, los fiscales, empleados civiles y eclesiásticos y miembros de la elite santafereña, para definir las acciones que debían tomarse frente a la revolución quiteña. En la discusión quedó en claro el enfrentamiento entre americanos y españoles, ya que los primeros se opusieron a la propuesta de enviar tropas para reprimir a los insurrectos. El virrey determinó finalmente enviar una comisión de paz para adelantar negociaciones y, al tiempo, tropas para contener el movimiento en caso de que la comisión fracasara. Entre tanto, la situación en la capital se hacía más tensa; fueron apresados y remitidos a Cartagena, Baltasar Miraño y Antonio Nariño, por considerarse que preparaban planes subversivos contra la autoridad.

Por su parte, Camilo Torres difundía su protesta contra el reducido numero de diputados con que contaría América en las Cortes convocadas por la Junta Suprema de Sevilla. La situación del virrey se hizo particularmente insostenible el 20 de julio de 1810, cuando se presentaron los primeros conflictos. Si bien fue nombrado presidente de la Junta Suprema formada en esa fecha, ello no obedeció tanto a su prestigio político, como al hecho de no haber adelantado acciones represivas contra los amotinados. Sin embargo, el 25 de julio se difundió la noticia de que el virrey planeaba un ataque al pueblo y fue encarcelado. Pocos días después, el 1 de agosto, recibió una comunicación de la Junta Suprema de Sevilla, en la que se le informaba que debía entregar su cargo a Francisco Venegas, el nuevo virrey. Tal determinación sorprendió a Amar, quien fue liberado ante su próxima partida, pero pocos días después, el 13 de agosto, se lo encarceló nuevamente debido a las presiones de la población. En esta oportunidad fue conducido a la Cárcel de Corte y la Junta santafereña, que no estuvo de acuerdo con la prisión del virrey, determinó agilizar su salida en vista de las dificultades para garantizar su seguridad personal.

El 15 de agosto Amar emprendió su viaje hacia Cartagena, donde fue puesto preso en La Popa, hasta el 12 de octubre de 1810, cuando se embarcó para España. Debido a que la mayor parte de sus bienes quedaron embargados para satisfacer los cargos que se le hacían, su situación económica al llegar a España era precaria. Además, sus esfuerzos para lograr que la Corona le ocupara en otros ministerios fueron infructuosos, al igual que sus reclamaciones para recuperar los bienes que dejó en Santafé. Se desconocen los hechos que rodearon la vida de este mandatario después de 1819, cuando todavía buscaba que le fueran restituidos sus bienes. Tampoco se conoce la fecha en que falleció [Ver tomo l, Historia, pp. 160 y 234-242].

Bibliografía

  • CABALLERO, JOSÉ MARÍA Diario. Bogotá, Villegas Editores, 1990.
  • HERRÁN BAQUERO, MARIO. El virrey don Antonio Amar y Borbón. La crisis del régimen colonial en la Nueva Granada. Bogotá, Banco de la República, 1988.
  • IBAÑEZ, PEDRO M. Crónicas de Bogotá. Bogotá, Academia de Historia y Tercer Mundo, 1989, tomo II.
  • RESTREPO SAENZ, JOSÉ MARÍA. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671 a 1819). Bogotá, Editorial Cromos, 1952.

Antonio Caballero y Góngora

Arzobispo de Santafé de Bogotá y virrey de la Nueva Granada (Villa de Priego, España, mayo 24 de 1723 Córdoba, marzo 24 de 1796). La trayectoria política del arzobispo-virrey Antonio Pascual de San Pedro de Alcántara Caballero y Góngora, caballero Gran. Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, en el Nuevo Reino de Granada, resulta altamente polémica debido en gran parte al papel que desempeñó para neutralizar el movimiento de los Comuneros de 1781, como negociador de las Capitulaciones con los amotinados.

En 1744, Caballero y Góngora se graduó como licenciado en Teología, en la Universidad de Granada; el 19 de septiembre de 1750 recibió la sagrada orden del presbiterado, y en noviembre del mismo año obtuvo el cargo de capellán real de la capilla de los Reyes Católicos de Granada. Durante 22 años, desde 1753, se desempeñó como canónigo lectoral de la catedral de Córdoba, y en 1755 fue electo obispo de la ciudad de Chiapa, México. Ese mismo año fue promovido a la diócesis de Mérida de Yucatán, también en México, de la cual tomó posesión en 1756. Durante los dos años que allí estuvo, hizo restaurar el Colegio de San Pedro y eximió a los curas párrocos de la contribución que se les exigía para el adorno y arreglo del palacio episcopal.

A su llegada a América, Caballero y Góngora poseía un cuantioso capital y resulta evidente su afición por la lectura, el arte y la numismática, si nos atenemos al inventario de los bienes que llevó a Chiapa: 38 cajas de libros; ricos ornamentos, cálices y vajillas; obras de Murillo, Velázquez, Brueghel, Tiziano, y Rubens; y cientos de monedas, muchas de ellas procedentes de la antigua Roma, formaban parte de los objetos inventariados, algunos de los cuales quedaron posteriormente formando parte del patrimonio del arzobispado de Santafé.

En 1777, cuando ya pertenecía al Consejo del rey, Caballero y Góngora fue propuesto por Carlos III como arzobispo de Santafé de Bogotá, cargo en el que fue confirmado por el Papa. El 5 de marzo de 1779 el arzobispo hizo su ingreso en la capital neogranadina. Al año siguiente, dirigió una carta al rey informándolo sobre las excesivas cargas con que eran gravados los granadinos, originadas, en gran parte, por los méritos que recibían en la Corte los funcionarios que obtenían mayores ingresos para el erario real, problema que generó el descontento expresado un año después por los Comuneros.

En diciembre de 1780 el arzobispo inició una visita pastoral, que incluyó varios pueblos de las provincias de Santafé, Tunja y Mariquita, entre otras; pero la gira tuvo que ser suspendida, al enterarse el dignatario de las protestas que se presentaron a mediados de marzo de 1781 en el Socorro contra las nuevas cargas fiscales. Una vez en Bogotá, el arzobispo procedió a ordenar oraciones públicas y a escribir a los curas y sacerdotes de su diócesis para que mantuvieran subordinados a sus feligreses, mediante pláticas y amonestaciones. Entre tanto, la situación del gobierno se hacía cada vez más crítica, debido a que carecía de medios para hacer frente a los insurrectos.

El 12 de mayo de 1781, cuando el regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, quien en ese momento encabezaba la Audiencia, estudiaba la conveniencia de su permanencia en la capital, al enterarse de la derrota de las tropas virreinales, se recibió la propuesta de Caballero y Góngora de participar en una comisión que saliera al encuentro de los rebeldes para aplacarlos y restaurar la paz. La iniciativa fue aceptada, con lo cual el arzobispo tomó, en la práctica, el control de las acciones gubernamentales, en un momento en el cual se vislumbraba una situación de vacío de poder. Al día siguiente salió hacia Zipaquirá la comisión encabezada por el arzobispo, la cual, después de repetidas negociaciones, llegó al acuerdo que se plasmó en las Capitulaciones, aprobadas el 7 de junio de 1781. El 28 de ese mes, el prelado salió hacia el Socorro para iniciar una gira pastoral, que duró alrededor de un año y que tuvo como fin continuar apaciguando los ánimos de la población. Concluida ésta, a principios de mayo de 1782, el arzobispo se dirigió a Honda para recibir al nuevo virrey, Juan de Torrezal Díaz Pimienta, a quien informó sobre la situación. Pocos días después el virrey falleció y Caballero quedó encargado de la administración virreinal.

El ahora arzobispo-virrey inició su gestión promulgando, el 6 de julio de 1782, el indulto concedido por el rey a los comprometidos en la sublevación. Restaurado el orden colonial, el mandatario debió hacer frente a la epidemia de viruela que afectó al Nuevo Reino en 1782 y 1783. Hizo que José Celestino Mutis preparara una instrucción general, dirigida a quienes voluntariamente se acogieran a la práctica de la inoculación, que mostró ser efectiva. Igualmente, adelantó intensas gestiones para reorganizar la jurisdicción eclesiástica y fortalecer la acción de las misiones entre las comunidades indígenas que aún no habían sido completamente sometidas al yugo español.

Para asegurar la protección del reino contra incursiones extranjeras que trataran de penetrar por la Guayana, comisionó a Antonio de la Torre para que recorriera el territorio y examinara los parajes donde convenía establecer poblaciones. También patrocinó sus viajes por el corregimiento de Pasca, donde se identificaron árboles de quina de muy buena calidad. Bajo su mandato, los proyectos científicos de José Celestino Mutis, quien se convirtió en su confesor, recibieron una amplia acogida. Logró que se autorizara su iniciativa de emprender la que se conoció con el nombre de Expedición Botánica, y que Mutis fuera nombrado para dirigirla. También aprobó Caballero la propuesta de Mutis de traer mineralogistas, lo que tuvo como resultado la llegada al reino de Juan José D'Elhuyar y Angel Díaz, en 1784, quienes aplicaron nuevos métodos de explotación y beneficio de minerales preciosos.

Así mismo, introdujo modificaciones en los planes de estudios universitarios, a fin de fortalecer la enseñanza de las ciencias exactas. Otra gestión de su gobierno que cabe destacar, fue la comisión dada al oidor Juan Antonio Mon y Velarde para adelantar una visita a la provincia de Antioquia, durante la cual se introdujeron importantes reformas económicas y administrativas.

En octubre de 1784, Caballero y Góngora viajó a Cartagena para dirigir las acciones de sometimiento de los indígenas del Darién, proceso que logró concretar en julio de 1787. En enero de 1789, recibió en Cartagena a Francisco Gil y Lemos, su sucesor en la dirección del virreinato, y en abril viajó a España a ocupar la silla episcopal de Córdoba, para la que había sido nombrado en 1788. Días antes de su muerte, en 1796, el rey pidió al Papa el capelo cardenalicio para Caballero [Ver tomo l, Historia, pp. 156 - 158].

Bibliografía

  • CABALLERO Y GONGORA, ANTONIO. "Relación del estado del Nuevo Reino de Granada, año de 1789". En: GERMAN COLMENARES (Comp.). Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, 3 Vols. Bogotá, Banco Popular, 1989.
  • PÉREZ AYALA, JOSÉ MANUEL. Antonio Caballero y Góngora, virrey y arzobispo de Santafé. Bogotá, Ediciones del Concejo de Bogotá, 1951.

RESTREPO SAENZ JOSÉ MARÍA. Biografías de mandatarios y minis.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Juan de Torrezar Díaz Pimienta

Virrey del Nuevo Reino de Granada entre abril y junio de 1781, muerto en Santafé, el 11 de junio de 1781. En España, Juan de Torrezal Díaz de Pimienta fue coronel del regimiento de infantería de Zamora, brigadier de los Reales Ejércitos y caballero de la Orden de Carlos m. Antes de ocupar el cargo de virrey, fue gobernador de la provincia de Cartagena, desde mayo de 1774 hasta noviembre de 178, período en el que promovió la fundación de varias parroquias. Por sus servicios, el rey le otorgó el título de mariscal de campo a comienzos de 1779. Luego de tomar posesión del cargo de virrey, el 1 de abril de 1781, en Cartagena, se dirigió a Santafé, a donde llegó gravemente enfermo, el 7 de junio; cuatro días después falleció [Ver tomo 1, Historia, p. 156].

Bibliografía

  • RESTREPO SÁENZ, JOSÉ MARÍA. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia, 1671-1819. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías


Sebastián De Eslava

Virrey del Nuevo Reino de Granada, natural de Navarra (1684-1759). Teniente General de los Ejércitos Reales y Comendador de Calatrava, Sebastián de Eslava fue nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada en agosto de 1739, cuando se restableció el virreinato por las mismas razones que se tuvieron en cuenta al erigirse por primera vez en 1717: extensión, población, fiscalización, defensa y control. En 1740, por el mes de abril, el virrey Eslava llegó a Cartagena, desde donde ejerció el gobierno hasta el final de su período, sin llegar a conocer el interior del país. Reparó el castillo de Bocachica y los fuertes; en el castillo de San Lázaro fabricó cureñas y explanadas; compuso las armas y aprovisionó municiones para defender a Cartagena, amén del entrenamiento militar. Resguardó en la misma forma a Santa Marta, por Puerto Cabello y la Gaira; fortificó la fortaleza de Arayá, el castillo de San Antonio en la provincia de Cumaná; aprobó la construcción de una fortaleza en el Caño de Limones, dotó el presidio de la Guayana. Debido a que Inglaterra, en lucha por el control comercial de América, declaró la guerra a España en 1739, embargando buques a punto de partir, anunciando represalias y atacando con tropas, Eslava no desempeñó personalmente sus obligaciones como presidente de la Real Audiencia, pues había recibido órdenes expresas del rey para que se residenciara en Portobelo, Cartagena u otro sitio de Tierra Firme. Defender la costa era indispensable, mientras pasaban las hostilidades entre Inglaterra y España. Edward Vernon, parlamentario inglés, almirante de la flota organizada por Inglaterra contra las Antillas y quien había presumido de que era fácil tomarse a Portobelo (Panamá) con pocos barcos, como en efecto lo hizo, atacó el 13 de marzo de 1741 a Cartagena de Indias, con 51 buques de guerra, 135 de transporte y más de 28000 hombres.

El embate fue repelido con éxito por los hombres al mando de Eslava, entre quienes se encontraba Blas de Lezo, famoso por su arrojo. La defensa heroica de la plaza representó uno de los más brillantes episodios de la historia militar de la Nueva Granada y le valió al virrey Eslava que el rey le diera el título de Marqués de la Real Defensa, como reconocimiento por los servicios prestados: Hasta finales de 1748, Eslava no se enteró del cese de las hostilidades entre ingleses y españoles. Durante su administración, el virrey Eslava fundó hospitales, organizó las misiones en algunos lugares, construyó vías de comunicación, promovió la pacificación de los indios motilones, aportando armas, dinero y providencias para defender algunas ciudades como Pamplona y San Faustino, y mantener la navegación por el río Zulia.

En lo religioso, se esmeró por construir veinte iglesias, reparó y amplió otras, protegió las misiones establecidas, e inició las del Darién en la provincia de Panamá. Aumentó los bienes de la Real Hacienda, y en cuanto a la justicia, resolvió con brevedad y rectitud los procesos y dejó llenas las arcas de la justicia a su sucesor. En el juicio de residencia que le entablaron, le hicieron, entre otros, los siguientes cargos: Que no vivía en Santafé para ejercer las funciones de presidente de la Real Audiencia, a lo que respondió que le había sido ordenado, el 2 de septiembre de 1739, residenciarse en la costa de Tierra Firme; le imputaban la omisión de una visita y tasación de indios, a lo que respondió contrariamente; lo acusaban de aumentar el sueldo al teniente de gobernador, doctor don Juan Bautista Beamonde, y otros gastos, de lo cual lo absolvió el Tribunal de Cuentas; también le imputaron algunos nombramientos y seis cargos más, de los cuales fue exonerado: Nombrado virrey del Perú en 1744, renunció con el propósito de regresar a España. Por cédulas reales, Fernando vi le aceptó la renuncia al cargo de virrey del Nuevo Reino de Granada, nombrándolo, a su vez, capitán general de Andalucía , director de la Infantería y ministro de la Guerra, honores a los que se añadió el título de Marqués de la Real Defensa .

Bibliografía

  • Colmenares, Germán (Comp.) Relaciones e informes de Los gobernantes de la Nueva Granada. Bogotá, Banco Popular, 1989. Restrepo Sáenz, José María. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671 a 1819). Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Documentos relacionados en la Biblioteca Virtual

  • Consulte el libro "Crónicas de Bogotá" de Pedro Ibañez, en donde se hace un recuento histórico de los acontecimientos sucedidos en Bogotá desde la Colonia hasta finales del siglo XIX.

José de Ezpeleta

Virrey del Nuevo Reino de Granada, nacido en Pamplona (1741-1823). General, gobernador de Cuba entre 1785 y 1789, mariscal de campo y de la Orden de San Juan de Malta, amante de las letras y las artes, José de Ezpeleta y Beire de Galdeano se posesionó como virrey del Nuevo Reino de Granada en agosto de 1789. En su relación de mando habló de la necesidad de fomentar la agricultura, de proteger las mieles suprimiendo la importación de aguardiente, de la libre exportación, de la rebaja de aranceles y fue el primero que envió a España tributos por 400 000 pesos. Estableció la navegación por el río Atrato para importar y exportar; ejecutó el puente de cal y canto sobre el río Funza o Bogotá, realizado por el ingeniero Domingo Esquiaqui y denominado Puente de El Común; pavimentó la Calle Real con losas; organizó un hospicio donde se daba albergue, trabajo y enseñanza de oficios e industria para formar maestros, y, como no había recursos, él mismo pidió limosna de puerta en puerta; al concluir la obra, montó maquinaria para desmotar, hilar y tejer algodón. En Cartagena, comenzó la canalización del Canal del Dique; terminó los trabajos de fortificación de las murallas de la ciudad, construyendo veintidós bóvedas, y de Boca Grande; reforzó la artillería de los fuertes. En su relación de mando, Ezpeleta insistía en la necesidad de abrir la ruta del Carare (vía importante por el río Opón); se quejaba de que a pesar de que el Consulado de Cartagena tenía orden de realizar los trabajos, hacían intentos sin resultados visibles, pues sólo estaba abierto hasta Vélez. El virrey realzaba la importancia de esta vía, comentando que evitaba los peligros del tránsito por el Magdalena, y reducía el tiempo de transporte de las importaciones que venían de Europa, y de las exportaciones de azúcar y dulces de Vélez, harinas de Leiva, y manufacturas y algodones del Socorro y San Gil.

En el campo de la educación y la cultura, el virrey Ezpeleta fundó escuelas para primaria en Santafé y en algunos pueblos; apoyó la Expedición Botánica; y protegió y estimuló el nacimiento del periodismo bajo la dirección del cubano Manuel del Socorro Rodríguez, quien vino con el virrey y fundó el Papel periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá. El primer número del Papel periódico salió el 9 de febrero de 1791, editado en la imprenta dirigida por Antonio Espinosa de los Monteros, con ocho páginas, y circuló hasta el número 270, semanalmente. También bajo la administración de Ezpeleta, Joaquín Durán Díaz publicó la Guía de forasteros del Nuevo Reino de Granada, libro de 104 páginas. Ezpeleta fundó el teatro en Santafé con la construcción, emprendida por Tomás Ramírez bajo la dirección del ingeniero Esquiaqui, del local para 1200 espectadores que se llamó el Coliseo (hoy teatro Colón), y se estrenó con la comedia El monstruo de los jardines, de Pedro Calderón de la Barca. El jefe de la banda militar del virrey, bajo su auspicio, formó una orquesta con dos violines, dos trompas, dos clarinetes, dos flautas y un bajo. Bajo su administración se establecieron varios círculos literarios, como la tertulia Eutropélica, organizada por Manuel del Socorro Rodríguez, quien había sido nombrado bibliotecario, y publicaba las producciones, en verso y en prosa; en el Papel Periódico. También el círculo literario El Buen Gusto tuvo' una vida prolífica entonces. En este culto ambiente surgió Antonio Nariño, quien había sido nombrado por el virrey Francisco Antonio Gil y Lemos como tesorero de diezmos. El virrey Ezpeleta no sólo confirmó a Nariño en este cargo, a pesar de la oposición del cabildo eclesiástico, sino que, bajo su administración, Nariño fue alcalde ordinario de Santafé. Sin embargo, como Nariño se entregó a fomentar entre el pueblo, por medio de una publicación que hizo en la imprenta del gobierno, el conocimiento de los Derechos del Hombre, y más tarde hizo circular otras publicaciones y pasquines manuscritos, en los que se burlaba del alto gobierno español, se desató en su contra un movimiento de recelo gubernamental, que llevó a la Audiencia a informar al virrey Ezpeleta, mandando un posta hasta Guaduas, sobre lo que pasaba. El virrey vino a Santafé y ordenó que se abrieran tres procesos contra Nariño: uno por la impresión de los Derechos del Hombre, otro por los pasquines, y el último por sedición. El virrey Ezpeleta terminó su gobierno en diciembre de 1796. De regreso a España fue nombrado, egn 1798, virrey de Cataluña. Aprisionado por los franceses en 1809, no volvió a España hasta 1815. El rey Fernando VII lo nombró capitán general de Navarra y le concedió el título de Conde [Ver tomo 1, Historia, pp. 158-159].

Bibliografía

  • COLMENARES, GERMAN (Comp.). "Relación de gobierno del Excmo. Sr. Dn. Josef de Ezpeleta". En: Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, tomo u. Bogotá, Banco Popular, 1989.
  • RESTREPO SAENZ, JOSÉ MARÍA. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671 a 1819). Bogotá, Academia de Historia, 1952.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Documentos relacionados en la Biblioteca Virtual

  • Consulte el libro "Diario de viaje del P. Joseph Palacios de la Vega: entre los indios y negros de la provincia de Cartagena en el Nuevo Reino de Granada, 1787-1788"

Manuel Antonio Flórez Maldonado

Virrey del Nuevo Reino de Granada, llegó a Cartagena el 11 de enero de 1776 y asumió el mando el 10 de febrero siguiente. Comendador de Lopera, de la Orden de Calatráva y teniente general de la Real Armada. Continuó la obra de su antecesor, Manuel Guirior, abriendo al público la Biblioteca. Trajo la imprenta a Santafé, y estableció fundaciones de hospitales y hospicios. Promovió campañas de pacificación contra los guajiros y cocinas y quiso llevar adelante la obra de apertura de caminos en la zona minera de Chocó y Antioquia. En 1778 realizó el segundo censo de población del Virreinato, con 828 757 habitantes. Este mismo año, la Corona expidió el decreto de libre comercio entre España y América, y de las colonias entre sí. Dentro de la política de la Corona por aumentar sus entradas fiscales, se realizó un aumento excesivo de impuestos, que ascendían mucho más ante la necesidad de España para sostener su guerra contra Inglaterra. En este contexto, se creó la Regencia en la Nueva Granada, y para ejercer el cargo fue nombrado Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, quien restableció el impuesto de la Armada de Barlovento y extendió la alcabala a otros productos. Aumentaron los precios en los estancos y no se redujo o eliminó ninguno de los otros impuestos existentes. En 1781 se produjo el levantamiento comunero. Manuel Antonio Flórez gobernó hasta 1782, cuando llegó a Cartagena, el 27 de marzo, el nombramiento de su sucesor, Juan de Torrezal Díaz de Pimienta. Después partió hacia Cuba .

Bibliografía

  • Restrepo Sáenz, José María. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Francisco Gil de Taboada

Virrey del Nuevo Reino de Granada, caballero de la Orden de San Juan, comendador de la Orden Mayor de Puente de Orbigo, jefe de escuadra de la Real Armada, del Consejo de Su Majestad en el Supremo de la Guerra, teniente general de la Real Armada. Nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada, llegó a Cartagena el 6 de enero de 1789. Aunque creyó en la promoción de la industria americana, debió cumplir la orden de importar vinos de España. Expuso las razones que creía convenientes, para el desarrollo del comercio y las industrias del Nuevo Reino y pidió permiso para realizar un tráfico libre de esclavos. Cerró el comercio de harinas con extranjeros, para apoyar a los agricultores del Nuevo Reino. Procuró sanear la Hacienda, racionalizando el gasto público y las inversiones en burocracia administrativa. En su relación de mando se descubre un pensamiento moderno, preocupado por el desarrollo de vías de comunicación, buena administración y mercados regionales capaces de competir. Fue nombrado virrey del Perú a los siete meses de haber iniciado su gobierno en la Nueva Granada.

Bibliografía

  • Restrepo Saenz, José María. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.
  • Colmenares, Germán. (Comp.). Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, 3 Vols. Bogotá, Banco Popular, 1989.
  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

Manuel Guirior

Virrey del Nuevo Reino de Granada entre 1773 y 1776, nacido en la villa de Aoyz, el 23 de mayo de 1708, muerto en Madrid, en 1788. En su juventud Manuel Guirior ingresó a la Orden de San Juan de Jerusalén, y vistió el hábito de caballero en 1720. En 1733 entró a servir como alférez de navío en la Armada, y tras distinguirse en varios combates pudo alcanzar el cargo de jefe de escuadra en 1769. El 2 de diciembre de 1771 fue nombrado virrey del Nuevo Reino, y en abril de 1773 se posesionó. Una de sus principales preocupaciones económicas y sociales fue la producción agrícola. Creía que la principal limitante de esta actividad en el Nuevo Reino era la concentración improductiva de tierras en pocas manos, lo cual, pensaba, podía solucionarse con drásticos correctivos como los que aconsejaba en su relación de gobierno: Sería conveniente se diese con generalidad para que a todos los que tuviesen tierras y no las cultivasen ni las disfrutasen con crías de ganados o sementeras, se les obligue a dejarlas, y que entren otros a disfrutarlas en beneficio común, para evitar por este medio legal observado en las minas y practicable en otros reinos, los graves daños que se experimentan de que algunos por mercedes antiguas, o por otro título, se consideren dueños de inmensas tierras que no labran, ni para ello tienen facultades, ni permiten que otros las cultiven, quedándose yermas, sin que el común ni los particulares logren las ventajas que deberán prometerse de usufructuarlas; y esto mismo sucede en muchas en que en contra de la ley y la razón se han fundado capellanías eclesiásticas, haciéndose espirituales e invendibles>,. Guirior reactivó la producción de harinas al interior del Virreinato, al prohibir el ingreso de harinas extranjeras a Cartagena y demás poblaciones de la Costa. En cumplimiento de órdenes reales organizó el estanco del tabaco, lo que significó que el gobierno colonial pasara a hacerse cargo de la producción y comercio de la hoja. Este hecho causó enorme inconformidad entre los cultivadores de algunas parroquias de la jurisdicción del Socorro. Pese a la oposición de los dominicos, intentó modernizar la educación poniendo en práctica la reforma educativa según el plan de estudios presentado por Francisco Antonio Moreno y Escandón, centrado en las matemáticas y las ciencias naturales. Fundó la biblioteca pública de Santafé, teniendo como base la biblioteca de los jesuitas. Realizó el primer censo de población, redujo los impuestos al comercio interno, propuso la reforma de algunos conventos religiosos, impulsó la minería y se preocupó particularmente por el contrabando. Guirior apoyó la política de agregación de las comunidades indígenas y el remate de las tierras de resguardo. Impulsó también la sujeción de los indios del Darién, guajiros, cocinas, chimilas y motilones, en zonas de frontera de la colonización española o donde la dominación no era muy estable. A finales de 1776, Guirior dejó el mando en manos del virrey Manuel Antonio Flórez y se trasladó al Perú a ocupar el mismo cargo, que desempeñó hasta octubre de 1780, cuando debió embarcarse para España a responder por algunas acusaciones originadas en la pugna que sostuvo con José Antonio Arecha, visitador general de Hacienda y Tribunales del reino [Ver tomo 1, Historia, pp. 153-155].

Bibliografía

  • COLMENARES, GERMÁN (Comp.). Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada. Bogotá, Banco Popular 1989.
  • GIRALDO JARAMILLO, JAVIER. Relaciones de mando de los virreyes de la Nueva Granada. Memorias económicas. Bogotá, Banco de la República, 1954.
  • RESTREPO SAENZ, JOSÉ MARÍA. Biografías de los mandatarios y ministros de la Real Audiencia, 1671-1819. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Pedro Mendinueta

Virrey de la Nueva Granada, nacido el 7 de junio de 1736, muerto en 1825. Teniente general de los Reales Ejércitos, caballero de la Orden de Santiago y Gran Cruz de Carlos III, Pedro Mendinueta y Múzquiz comenzó su carrera militar como cadete del regimiento de infantería en 1756. Vino a América por primera vez en 1763, a organizar los cuerpos de milicias en Cuba y Puerto Rico. Regresó en 1782 y se incorporó al ejército de La Habana en 1783. En 1784 pasó a Nueva España a organizar los cuerpos de milicias provinciales y urbanos, y en 1789 volvió a España. Nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada, el 1 de enero de 1796, sucedió a José de Ezpeleta, de quien recibió el mando en Cartagena, el 2 de enero de 1797; entró en Santafé el 18 de marzo de 1797 y gobernó hasta 1803, cuando fue sucedido por el virrey Antonio Amar y Borbón. Fue estimado por ser trabajador, ilustrado y amable. Proveyó de agua a la capital del Virreinato en su parte occidental, tomándola del río del Arzobispo, hasta el barrio de San Victorino. Mejoró y consolidó la vía de salida de las exportaciones de Tunja, Vélez y otras ciudades del norte; este camino protegía de los riesgos que se corrían a lo largo del Magdalena, desde la boca de su afluente, el Carare, hasta Honda. Mendinueta apoyó las investigaciones en el Virreinato. En julio de 1801 fueron recibidos por el virrey, con gran interés y aprecio, los naturalistas barón Alexander von Humboldt, alemán, y Aimé Bonpland, francés, quienes venían con permiso de la Corona a estudiar la naturaleza y geografía americanas, y con el propósito de confrontar, en los Andes, un mapa de América del Sur desde el Amazonas hacia el norte.

Esta preocupación era notoria en Mendinueta, quien en su "Relación del estado del Nuevo Reino de Granada" insistió, en repetidas ocasiones, en la necesidad de elaborar un mapa exacto del Virreinato, sin el cual muchas de las obras a emprender no eran posibles por el desconocimiento del territorio. José Celestino Mutis pidió al virrey Mendinueta ayuda económica para la construcción del Observatorio Astronómico, dirigida por el arquitecto fray Domingo de Petrés, quien emprendió la obra en 1802 y la concluyó en agosto de 1803. Mendinueta consiguió que la Corte enviara instrumentos para el Observatorio, los cuales fueron montados y administrados por Francisco José de Caldas y empleados en provecho de sus investigaciones. A1 iniciar su gobierno, Mendinueta encontró el ambiente más tranquilo, y comentó en su relación de mando: Los ánimos quedaron disgustados de resultas de las actuaciones y de los procedimientos contra algunos sujetos; se refería al virrey Ezpeleta, de un lado, y a Antonio Nariño y sus amigos, condenados por los acontecimientos políticos de 1794, del otro. El virrey Mendinueta tendría que vérselas con este asunto más tarde, cuando Nariño regresó causando zozobra y dificultades al virrey. Este lo tuvo preso y finalmente lo excarceló, con el pago de una fianza, debido a los serios quebrantos de salud que Nariño padecía. Mendinueta se preocupó por la medicina, nombró catedrático al doctor Miguel de Isla, quien dictaba la teoría de anatomía y, a la vez, disectaba cadáveres en el Hospital San Juan de Dios, incorporando esta práctica a la enseñanza de la medicina, lo que representó una novedad para la educación. Dentro de esta línea de pensamiento, el virrey encargó a José Celestino Mutis un plan para reorganizar la Facultad de Medicina; esta tarea rindió sus frutos en 1804, cuando el plan fue adoptado por el gobierno colonial. La relación del estado del Nuevo Reino de Granada de Mendinueta bien podría servir como material etnográfico; su descripción del reino muestra una visión optimista del país y aprecio por él. En ella critica el retrato de la población hecho por el arzobispo virrey Caballero y Góngora en 1789: Pintura ideal, pero horrorosa, de un monstruo que no existe. A juzgar por ella, se creería ser este un país absolutamente despoblado, sin agricultura ni industria, sin comercio ni comunicación, sin muchas poblaciones regulares en su formación, y de competente vecindario [...] que abunda de gentes míseras, de holgazanes y de facinerosos; que esos hombres, retraídos en las breñas y espesuras, son muchos y un objeto temible para los traficantes, para los pueblos y aun para el gobierno; y en una palabra, se tendrá por una verdadera desgracia la suerte de venir a gobernar este monstruo indomable que a todo lo bueno se resiste. Semejantes descripciones apenas convendrán a los rudos hotentotes o a los bárbaros del Senegal.

Son exageraciones hijas de un celo desmedido, que ciega la vista y confunde la pequeña parte con el grande todo. Mendinueta se preocupó por la reorganización de las jurisdicciones episcopales; propuso la erección de los obispados de Antioquia, Vélez y los Llanos, aunque dada la lentitud de los trámites dentro del sistema burocrático español, fue poco lo que pudo hacer. Se preocupó también por la reducción de indios infieles y reorganizó la Gobernación de los Llanos, haciendo notar que desde el extrañamiento de los miembros de la Compañía de Jesús, en 1767, en aquellos territorios y misiones se notan pocos o ningunos adelantamientos en ellas. Trató de mejorar lo referente al suministro de medicinas a los pobres; reorganizó el hospital San Juan de Dios, de Santafé de Bogotá; dictó providencias para proveerlo de médico y para que un regidor visitara mensualmente el hospital y realizara las visitas médicas, concurriendo también a otras horas extraordinarias, a ver cómo se cumple con las obligaciones del instituto respecto a los pobres; de acuerdo con los informes que el regidor debía rendir al Cabildo, y éste al virrey, se podrían tomar otras medidas. Se interesó, igualmente, por los demás hospitales del reino, recomendando que los pobres sean bien asistidos y las rentas manejadas con exactitud y pureza, y aconsejando visitas en todas las provincias. Fue clara su preocupación por la pobreza de las gentes y por el mal estado en que se hallaba la economía del país a causa de las dos guerras recientes.

La salud pública estuvo en primera línea durante su gobierno; fundó el Lazareto en Bogotá y en 1801 tomó medidas sanitarias para evitar la propagación de una nueva epidemia de viruela; estas medidas rindieron sus frutos, pues la epidemia resultó ser de las más benignas entre las muchas que asolaron al país. Sus planes de buen gobierno fueron muchos, Mendinueta fue un hombre rico en ideas, de espíritu ilustrado y de avanzada; sin embargo, algunos planes se quedaron en el papel por ser aquellos tiempos apurados para el erario público, pues las recientes guerras con el Imperio Británico y con Francia, además de bloquear los mares, impidiendo tanto el comercio de exportación como el de importación, hecho que por sí mismo deterioró la economía, habían fomentado el contrabando y, en consecuencia, disminuido los ingresos estatales por el rubro de impuestos. Aunque Mendinueta y su antecesor, el virrey Ezpeleta, cumpliendo con su deber, se aplicaron a la persecución del contrabando, no lograron mucho en este aspecto; ya no era posible mantenerse aislado del entorno mundial. Al terminar su gobierno, Mendinueta fue nombrado inspector general de milicias, miembro del Supremo Consejo de la Guerra y consejero de Estado en 1807. Durante la invasión francesa fue llevado prisionero, y en 1814, nombrado decano del Supremo Consejo de la Guerra. Se jubiló en 1822 [Ver tomo I, Historia, pp, 159-160].

Bibliografía

  • MENDINUETA y MÚZQUIZ, PEDRO. "Relación del estado del Nuevo Reino de Granada. Año de 1803".
  • GERMÁN COLMENARES (Comp.). Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, tomo m. Bogotá, Banco Popular, 1989. RESTREPO SÁENZ, JOSÉ MARÍA.
  • Biografías de mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671 a 1819). Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Pedro Mesía de la Cerda

Virrey de la Nueva Granada, nacido en Córdoba, España, el 16 de febrero de 1700, muerto en Madrid, en 1783. Marqués de la Vega de Armijo, caballero Gran Cruz de Justicia de la Orden de San Juan, gentilhombre de cámara de Su Majestad, caballero y comendador de la Llave Dorada, Pedro Messía de la Cerda, en su viaje a ocupar el Virreinato de la Nueva Granada, trajo como médico personal a José Celestino Mutis. Hijo de Luis Rodrigo Messía de la Cerda, marqués de la Vega, caballero de Calatrava y veinticuatro de Córdoba, ingresó a la armada como guardia de marina. Al terminar sus estudios, asistió a la conquista de Cerdeña y a la reconquista de Sicilia. En 1719 participó en varios combates contra los ingleses y en 1726 ascendió a alférez de fragata. Después de participar en diversas acciones bélicas y de recibir sucesivos ascensos en su carrera militar, fue promovido a capitán de navío en 1745. En 1753, cuando estaba en Cartagena ocupando un cargo militar que le obligaba a perseguir a corsarios y contrabandistas, tuvo que recibir y agasajar a José Solís Folch y Cardona, quien había sido nombrado virrey en la Nueva Granada y al cual, años más tarde, le recibiría el cargo. En 1755 Pedro Messía fue ascendido a teniente general de la Real Armada, y dos años después se le nombró en el Consejo Supremo de Guerra. En marzo de 1760 fue nombrado virrey del Nuevo Reino de Granada, y ese mismo año, en octubre, llegó a Cartagena para ocupar el cargo. A finales de febrero de 1761 entró a Santafé, donde fue recibido con el ceremonial del caso. En septiembre del siguiente año el virrey viajó nuevamente a Cartagena, al enterarse de que los ingleses habían bloqueado La Habana. Conjurado el peligro, se dirigió nuevamente a la capital a mediados de 1763.

En desarrollo de las gestiones propias de su cargo, Messía se preocupó por el incremento de las reales rentas, en particular por la del aguardiente, que era la que más ingresos proporcionaba, aunque su consumo era señalado como altamente dañino para la población. Impuso igualmente la renta sobre el tabaco, siguiendo las instrucciones reales sobre el particular, y trató de estimular la actividad minera del reino. Bajo su administración se estableció la fábrica de pólvora en la capital y la de salitres en Tunja. Apoyó al gobernador del Darién para controlar las invasiones de los indios cunas. También adelantó campañas contra los indios chimilas y contra los guajiros, que no se habían sometido al yugo español, aunque con poco éxito. Paralelamente buscó promocionar las misiones, aunque tampoco obtuvo mayores resultados. Afrontó el ataque de los indios del pueblo de Coyaima, quienes dieron muerte e incendiaron la casa de un vecino e hicieron huir al corregidor; y apaciguó a la población de Neiva que, en 1767, se había rebelado contra el gobernador provincial. Ese mismo año el virrey hizo cumplir la real cédula de Carlos II que dispuso el extrañamiento de los jesuitas del reino, y dirigió el establecimiento de mecanismos para administrar los bienes que les fueron confiscados. En 1771 el rey atendió su solicitud para regresar a España, una vez se posesionara el nuevo virrey, Manuel Guirior. El 14 de septiembre de 1772 Messía salió para Cartagena y un mes más tarde le entregó el mandado a su sucesor. Diez años después de su regreso a España, en 1783, murió [Ver tomo l, Historia, pp. l52-153 ] .

Bibliografía

  • MESSIA DE LA CERDA, PEDRPO. "Relación del estado del Virreinato de Santafé. Año de 1772. En: GERMÁN COLMENARES (COmp.) Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, 3 Vols. Bogotá, Biblioteca Banco Popular, 1989, tomo I, pp. 123-152.
  • RESTREPO, JOSÉ MARÍA. Biografías de mandatarios y ministros de la Real Audiencia (1671 a 1819). Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1952.

Documentos relacionados en la Biblioteca Virtual

  • Lea el texto "San Felipe de Barajas", en donde se reseña la visita de Messía de la Cerda al puerto de Cartagena de Indias: Puerto y plaza fuerte.

José Solís Folch de Cardona

Tercer virrey del Nuevo Reino de Granada (Madrid, España, 1716 - Bogotá, abril 27 de 1770). El virrey José Solís Folch de Cardona ejerció el gobierno desde el 24 de noviembre de 1753 hasta el 25 de febrero de 1761, cuando entró su sucesor, don Pedro Messía de la Cerda; un total de 7 años y tres meses. Noble de España, don José Solís llegó a Santafé de Bogotá cuando contaba 37 años de edad. Desde su cuna se dieron signos premonitorios de su vinculación futura a la Orden Franciscana, pues su padrino de bautismo fue un religioso lego del seráfico padre, llamado fray Miguel de Castro, y no un alto personaje de la Corte, como correspondía a su alto rango social. Sobre su vida antes de venir al Nuevo Reino se conoce muy poco, y aun parte de aquello que se sabe anda todavía sujeto a la conjetura, cuando no a la conseja. El mismo Solís, en un escrito autobiográfico, le recuerda al rey Carlos III que los años que le sirvió como virrey, lo hizo con los más fervorosos deseos conformes al carácter del puesto, a la cualidad de mi persona y al desempeño de la sangre y cuna que por la piedad divina merecí heredar de mis padres, y más adelante alude a sus servicios militares al decirle que quien como yo mereció acreditar sus acciones a vista de vuestra majestad con el glorioso mérito de sacrificar su vida en defensa de vuestra real persona. Es posible que con esta frase se refiera a su actividad como coronel del regimiento de caballería Lanceros de Farnesio, que comandó desde el 23 de noviembre de 1736 al 13 de junio de 1747.

Todos los biógrafos de Solís coinciden en ponderar sus dotes de mandatario y el carácter progresista de su gobierno, repitiendo como hecho irrecusable que el virrey tuvo particular interés en el progreso material del virreinato, consiguiendo numerosas realizaciones en beneficio de la comunidad: apertura de caminos, construcción de puentes, el incremento de las misiones, el acueducto para la capital, el fortalecimiento de la Casa de Moneda de Santafé, la organización de las Cajas de la Real Hacienda, el inicio de la estadística del virreinato, el restablecimiento de la cátedra de medicina en el Colegio del Rosario, el establecimiento de la comisión que debía fijar los límites entre la colonia portuguesa y el Nuevo Reino de Granada y otras numerosas obras públicas.

Mas por encima de todas estas obras, Solís, como ninguno otro de los mandatarios de la Colonia, fue amado universalmente por sus súbditos. Uno de los mejores elogios que se hicieron después de que entregó el mando, fue el de los miembros del cabildo civil de Santafé de Bogotá: La prontitud y eficacia de su despacho era tanta, que pasaba de la admiración al pasmo, pues siendo tanto lo que ocurría a su resolución en siete años y tres meses que gobernó este reino, no sabemos que quedase un solo pliego de papel en su mesa de un día para otro. La administración de su justicia e integridad en la distributiva son tan notorias que nos parece ocioso tocarla. Sin embargo, toda la entereza moral y el cúmulo de virtudes que se le pueden atribuir a Sola como mandatario, palidecen frente a la fuerza avasalladora que ha dado en tener en su biografía el episodio de presuntos amoríos con una dama apodada "la Marichuela". No se descarta que el virrey, como joven, soltero y rico que era, hubiese tenido amores e incluso aventuras. Sin embargo, la fuerza documental que podría sustentar este aspecto de su vida es muy débil en comparación con los testimonios abundantes que garantizan la rectitud de su obrar.

En cuanto a los supuestos escándalos del virrey, se conoce una comunicación dirigida al virrey Pedro Messía de la Cerda por el secretario del rey, don Julián de Arriaga, en la cual le dice: Hallándose el rey enterado de los antecedentes ocurridos en esa capital a los principios del gobierno de su antecesor de vuestra excelencia con María Lugarda Ospina, y que bien reparados en el voluntario retiro de ésta a un convento y la posterior ejemplar determinación del virrey, ha salido después de ésta la referida María del convento en que estaba, renovando con su presencia a ese público la memoria de lo pasado, me manda su majestad prevenir a vuestra excelencia no permita a esa mujer que resida en esa capital, a menos de no ser en la reclusión de un convento, pues si no abraza este partido, quiere su majestad la destierre vuestra excelencia a la distancia que le parezca suficiente para el objeto a que se dirige esta providencia. Si los amoríos a que se refiere esta carta sucedieron en los primeros años del gobierno de Solís, no debieron ser tan escandalosos, ya que en noviembre de 1756, cuando se cumplían los tres primeros años de su mandato en el Nuevo Reino, tanto el cabildo santafereño como el mismo arzobispo dirigieron sendos memoriales al rey pidiéndole prorrogase su gobierno otros tres años, por el gran beneficio que había reportado el tiempo de su administración a la ciudad de Santafé y a todo el Virreinato. Los términos de los memoriales son tan encomiásticos, especialmente el del arzobispo, que dejan la impresión de que Solís era gobernante ejemplar.

En cuanto a la decisión del virrey de hacerse franciscano, una vez entregó el mandato a don Pedro Messía de la Cerda, es otra de las incógnitas en que han hecho énfasis todos sus biógrafos, extrañándose de semejante determinación. Sin embargo, el paso dado está en consonancia con su vida, pues los referidos informes y otros testimonios dan a su gobierno los adjetivos de tranquilo, suave y justiciero; reconocen su adhesión al real servicio, su buena política, su fomento de las misiones religiosas, y su misma piedad personal. En cuanto a su devoción por la Orden Franciscana, sabido es que era miembro de la Tercera Orden desde antes de venir al Nuevo Reino de Granada y que después contribuyó con mucha generosidad para la construcción del templo de La Tercera en la capital; para el templo de San Francisco de la misma ciudad regaló las campanas y el reloj; que hizo traer de Inglaterra.

También apoyó decididamente la misión franciscana de los Llanos Orientales, no sólo con ayudas económicas, sino con providencias tendientes a sustentarlas. Finalmente, el argumento decisivo en favor de la auténtica vocación franciscana con la que ingresó a la Orden, es la vida austera, recogida y caritativa con que vivió sus 9 años como religioso, lo que le valió que justamente en el último año de su existencia hubiera sido nombrado guardián del convento de San Francisco de Bogotá. Ya antes, en 1764, con ocasión de la muerte del arzobispo don José Javier de Arauz, el cabildo y ayuntamiento de Santafé, los religiosos de las Ordenes de Santo Domingo, San Agustín y San Juan de Dios, el claustro del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y otras personalidades, dirigieron al rey memoriales para pedirle que se les fiese a fray José de Jesús María (nombre que el virrey tomó en la Orden Franciscana), como sucesor del arzobispo en la silla santafereña. Sin embargo, no se vio exceptuada de amarguras y sinsabores la vida de Solís, a pesar del universal aprecio de que gozó en el tiempo de su mandato. Primero fue la oposición y el desacato de los miembros de la Real Audiencia, movidos por la envidia hacia dos de sus principales colaboradores: Antonio Monroy, su secretario, y José Joaquín de la Rocha, su asesor. Pero los más graves quebrantos se los ocasionó su juez de residencia. En efecto, el juicio que se le siguió al concluir su mandato fue el más largo, estricto y voluminoso de cuantos se ejecutaron durante el gobierno español en América. El expediente que fue remitido al Consejo de Indias, tras un minucioso interrogatorio que duró más de seis meses y que se llevó a cabo en más de cuarenta lugares distintos del virreinato de la Nueva Granada, sobrepasaba los 20000 folios. Lo que llama la atención de semejantes características es que quien actuó como juez fue Miguel de Santisteban, de quien Solís presumía que era su mejor amigo, a quien más favores había brindado durante su gobierno y uno de quienes más cerca habían estado de su gabinete. La sentencia del juez declaró a Solís culpable en 22 cargos, todos relacionados con defraudación o disipación del erario real. Pero cuando Santisteban profirió la sentencia, el 25 de agosto de 1762, Solís ya había hecho su profesión de religioso en la Orden Franciscana. La sentencia, que llenó de estupor al virreinato, fue apelada por los abogados del ex virrey y paralelamente por el mismo fraile, en una magistral y extensa pieza que dirigió al rey Carlos III, y que apenas ha sido conocida en 1990, escrito indispensable para conocer rasgos de la personalidad del virrey-fraile. El Consejo de Indias, máximo tribunal judicial, pronunció sentencia definitiva el 29 de agosto de 1764, exonerando de todos los cargos a Solís y exaltando el amor, celo, eficacia y prontitud>, con que se había consagrado a la administración en los siete años largos de su mandato.

En cuanto a su vida como fraile franciscano se sabe que permaneció loablemente fiel a su vocación durante 9 años y dos meses. De todo ese tiempo el último año lo vivió como sacerdote, pues como se sabe, por insistentes súplicas de sus superiores, vino a recibir el sacramento de la unción sacerdotal en la ciudad de Santa Marta, en el primer semestre de 1769, por hallarse en ese momento vacante la silla arzobispal de Santafé de Bogotá, que le correspondía. Cantó su primera misa el día de la fiesta de San José, 19 de marzo de 1769. Falleció en el convento de San Francisco de Bogotá, del que era su guardián desde el 21 de enero de 1770, el 27 de abril del mismo año, a causa de un fuerte resfriado que contrajo en los días de la Semana Santa. Tenía 54 años, dos meses y tres días de edad. Su cráneo se conserva en la sacristía del templo de San Francisco de Bogotá, sobre el cual está escrita con tinta la siguiente estrofa: Entre las pompas viví,/ del mundo que al fin dejé,/ sólo el sayal que vestí/ me queda, y las galas que/ a Cristo ,en sus pobres dí .

Bibliografía

  • Mantilla, Luís Carlos. La autodefensa del Virrey-Fraile. Bogotá, Editorial Kelly, 1990.
  • Mantilla, Luis Carlos. "La biblioteca del Virrey-Fraile". Thesaurus, Vol. 44 (1989).

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Documentos relacionados en la Biblioteca Virtual

  • Consulte el texto "Virreyes de la Nueva Granada", escrito por Eduardo Barrera para el Boletín Bibliográfico y Cultural del Banco de la República.
  • Consulte el libro "Quién es quién en 1810. Guía de forasteros del Virreinato de Santa Fe para el primer semestre de 181 0"