Colombia, territorio y megadiversidad

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Nada describe mejor a Colombia que decir que es un país de extraordinaria diversidad y extraordinarios contrastes. Su posición en la zona ecuatorial del planeta y la cordillera de los Andes se combinan para dotar al territorio de una variedad física, climática, ambiental y biológica difícil de hallar en el resto del mundo. La diversidad crea los contrastes, y estos quedaron magnificados por la forma como se pobló el país a partir de la conquista española.

En pocos países ha desempeñado el territorio papel tan importante en su historia y en la formación de su sociedad, sus instituciones, su economía y su cultura como en Colombia. La historia de Colombia es la historia de la creación de una nación en un territorio de múltiples facetas, complejo y extenso, generoso y díscolo. Entender el territorio es esencial no solo para entender la historia del país, sino también para hallar las claves de su futuro.

Diversidad y megadiversidad

En términos biológicos, Colombia no solo es diverso; es megadiverso, siendo uno de los 17 países del mundo a los que se ha aplicado este adjetivo. Según algunas fuentes es el segundo país del mundo con mayor biodiversidad. Considérense las siguientes cifras: La superficie terrestre de Colombia corresponde apenas al 0.7% de la del planeta. Pero dentro de esa minúscula proporción de tierra se encuentra casi el 20% de todas las especies de aves del mundo, el 14% de las de anfibios, el 10% de las de mamíferos, el 7% de las de reptiles y entre el 10 y el 15% de todas las especies de plantas del mundo. En términos comparativos, es el primer país del planeta en aves y orquídeas, el segundo en plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce, y el tercero en palmas y reptiles.

¿El tamaño importa?

Que Colombia tenga menos del1% de la superficie terrestre del planeta no significa precisamente que sea un país pequeño. El área continental de Colombia es de 1.141.748 kilómetros cuadrados. De los 192 países que existen en el mundo ocupa el 25° lugar por su tamaño, que equivale aproximadamente a la superficie conjunta de Alemania, Francia y el Reino Unido. Si se piensa que la población de estos tres países alcanza a algo más de 200 millones de personas, y que la de Colombia es de cerca de 50 millones, es decir, la cuarta parte, se concluirá que, en términos relativos, puede pensarse en Colombia como un país extenso. Pero Colombia no es de los gigantes de la tierra ni del continente. Es quince veces más pequeño que el país más grande del mundo, Rusia, casi nueve veces menor que el más grande de América, Canadá, y es el cuarto en extensión en América del Sur, después de Brasil, Argentina y Perú.

¿Un país tropical?

El primer dato y el más significativo del territorio colombiano es que es un país tropical. Es uno de los 14 países del mundo atravesados por la línea ecuatorial, y sus puntos extremos se hallan casi 1.350 kilómetros al norte y 440 kilómetros al sur de dicha línea. Está aproximadamente en el centro de la que los griegos llamaron “zona tórrida”, es decir, “zona ardiente”. Tan ardiente que poco antes del descubrimiento de América todavía se pensaba en Europa que, si una persona se aventuraba a llegar a dicha zona, irremediablemente ardería en llamas. El calor es el rasgo con el que más se identifica a los trópicos, y efectivamente el 80% de Colombia es tierra caliente, con temperaturas medias superiores a 24 grados centígrados. Hasta aquí Colombia se identifica plenamente como un país tropical.

Y aquí viene la primera gran paradoja histórico-geográfica del Colombia: Sucede que siete de cada diez colombianos no tienen que protegerse del calor sino del frío, o viven en áreas templadas. Vivir en un ambiente frío en medio del trópico solo puede significar una cosa: vivir en las montañas. La temperatura desciende aproximadamente un grado por cada 180 metros de altura en los Andes colombianos, y a esto se añade el hecho de que en los trópicos las temperaturas son relativamente constantes según la altura sobre el nivel del mar, de modo que los cambios solo son apreciables entre el día y la noche, pues no existen estaciones.

El país andino

Colombia está en la mitad del continente más largo del mundo, en el borde de la selva húmeda más grande y al final de la cordillera más larga. La cordillera de los Andes es uno de los rasgos físicos más asombrosos de la tierra. Con cerca de 8.000 kilómetros de longitud, es la segunda en altura después del Himalaya, en Asia, y la más alta del hemisferio occidental.

El extraordinario paisaje andino de Ecuador continúa al sur de Colombia con un verdadero hervidero de montañas llamado Nudo de los Pastos. Volcanes por todos lados, profundos precipicios, picos nevados. Allí se desprenden dos grandes cordilleras, la Occidental y la Centro Oriental. La Occidental corre paralela a la costa pacífica y termina en tres prolongaciones menores, las serranías de Abibe, San Jerónimo y Ayapel, que se desprenden del Nudo de Paramillo. La cordillera Centro Oriental pierde a su vez unidad en el Macizo Colombiano, algo más al norte del Nudo de los Pastos, dividiéndose en la cordillera Central y la cordillera Oriental.

Cada una de las tres grandes cordilleras colombianas es un mundo aparte. La Occidental es la más baja, pero también es la más quebrada, más entrecortada, menos habitada, menos cultivada y de cruce más difícil. Es la gran barrera que separa al país más habitado de las llanuras bajas de la costa pacífica y del propio Océano. La cordillera Central, verdadera columna vertebral del sistema andino colombiano, es la más corta pero a la vez la más elevada. Es todo un sistema de macizos volcánicos, muchos de ellos nevados que superan los 5.000 metros de altura. La cordillera Oriental es la más larga y ancha y tiene varios rasgos interesantes. Primero, está libre de volcanes. Segundo, en su parte central tiene una sucesión de llanuras elevadas, los altiplanos, lechos de antiguos lagos con alturas que oscilan entre 2.500 y 2.800 metros sobre el nivel del mar. El mayor y más meridional de todos es la Sabana de Bogotá, donde se estableció la capital del país.

Ríos por todos lados

Colombia es uno de los países con más ríos en el mundo para el tamaño de su territorio, y esto se debe ante todo a su peculiar relieve; a la orientación, cortes y altura de sus montañas. La cordillera de los Andes bien puede ser la principal fuente del agua que arrojan a los mares los ríos de la tierra (sólo el Amazonas provee la quinta parte de toda esa agua), pero lo que sorprende de Colombia no es tanto el caudal de sus ríos como su extraordinario número. Solamente el río Magdalena, uno de los más largos de Colombia, tiene más de 500 afluentes mayores, lo cual ya es la mitad del número de tributarios conocidos del Amazonas, el segundo río más largo y el más caudaloso del mundo.

Por su dirección y las partes donde se vierten, los ríos de Colombia se distribuyen en cuatro vertientes, que son las del Mar Caribe, el Océano Pacífico, el río Amazonas y el río Orinoco. La mayor es la del Caribe, con 360.000 kilómetros cuadrados, y comprende ríos tan importantes como el Magdalena, el río interandino más largo de Suramérica, o tan caudalosos como el Atrato, que con una cuenca relativamente pequeña vierte en el Cribe cerca de 5.000 metros cúbicos de agua por segundo.

Diversidad de regiones

Una lección de geografía elemental que ha aprendido todo colombiano es que el país se divide en cinco regiones naturales que son: Región Caribe, Región Pacífica, Región Andina, Región del Orinoco y Región de la Amazonia. Se supone que cada una de estas regiones tiene características físicas -e incluso sociales y económicas- propias y más o menos uniformes. Pero ¿Qué tan uniformes son las regiones naturales de Colombia? He aquí un ejemplo. Tunja, capital del departamento de Boyacá, se levanta en las faltas que caen sobre una pequeña meseta a 2.775 metros de altura sobre el nivel del mar y su clima es frío, con una temperatura media de 12 grados centígrados. Girardot, en la margen derecha del río Magdalena, está a 289 metros sobre el nivel del mar y su clima es caliente, con una temperatura media de 27 grados centígrados. ¿En qué se parecen? En que ambas ciudades pertenecen a la zona andina. Nada más. Obviamente, no se diría que pertenecen a la misma región natural.

Si lo que define a una región natural son cosas como el clima, el relieve, los ríos y la vegetación, se tiene una idea más aproximada de las regiones naturales de Colombia si se multiplica más o menos por diez el número de las que los colombianos aprendieron en su infancia. A estas áreas se les llama subregiones, y los geógrafos hablan de siete en la región Caribe, cinco en la pacífica, siete en la Orinoquia, doce en la Amazonia y no menos de 20 en la andina. Total: 53, y aún falta por estudiar en más detalle cerca del 80% del país.

Diversidad de climas y ambientes naturales

Asombra pensar que en un país de algo más de un millón cien mil kilómetros cuadrados exista más de medio centenar de regiones naturales, todas distintas. Una de las cosas que las hace distintas es el clima. Entre la temperatura de Tunja y la de Girardot hay una diferencia de 15ºC, más o menos la diferencia entre la primavera y el verano en los países de las zonas temperadas. Esta diferencia, desde luego, se debe a la altura sobre el nivel del mar.

Para distinguir los climas de una altura a otra, la tradición ha inventado una especie de escala que recibe el nombre de “Pisos térmicos”. Por piso no se entienda el suelo, pues la temperatura que se mide no es la de este sino la del aire. En realidad, son como los pisos de un edificio o los peldaños de una escalera, uno encima del otro.

Pisos térmicos de Colombia

  • Nieves perpetuas (menos de 6ºC), más de 4.500 metros de altura. 0,2% del país.
  • Páramos (menos de 6ºC), 3.000 a 4.500 metros de altura. 2% del país
  • Tierra fría (7 a 12ºC), 2.000 a 3.000 metros de altura. 8% del país
  • Tierra templada (19 a 24ºC), 1.000 a 2.000 metros de altura. 10% del país
  • Tierra caliente (más de 24ºC), 0 a 1.000 metros de altura. 80% del país

Pero la temperatura por sí sola no cuenta más que parte de la historia. En tierra caliente, a menos de 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar y con 24ºC en promedio, se encuentran climas tan distintos como el del valle del río Atrato y la península de la Guajira. Nada más distinto que esos dos sitios. La península de la Guajira es árida, tan seca que apenas caen unos 150 milímetros de lluvia al año en promedio. El valle del Atrato, por el contrario, es uno de los sitios más lluviosos del mundo, pues pueden caer más de 12.000 milímetros de lluvia al año. En realidad, en el mundo sólo parece haber un sitio donde llueve más que allí, el Monte Wai-‘ale-‘ale, en Hawaii, donde han llegado a caer 13.000 milímetros en un año.

Pero por sorprendentes que sean esos extremos, poco nos dicen sobre la diversidad climática y ambiental de Colombia. El clima es una de las cosas más complejas que existen según los meteorólogos, y la temperatura y la lluvia son sólo dos de los elementos que lo componen. Otros son la humedad del aire, la nubosidad, la cantidad de sol, los vientos y la presión atmosférica, para no entrar en más detalles. Cada uno de ellos actúa sobre todos los demás y depende de multitud de factores como la posición geográfica del sitio, la forma del relieve, la vegetación, la cercanía a grandes ríos, lagos o al mar, las corrientes marinas, etc.

Tanta complejidad no es exclusiva de Colombia. Lo que verdaderamente asombra del país es la vertiginosa variación climática y ambiental en espacios pequeños. Hay casos como el del valle del río Dagua, de la vertiente pacífica, donde en solo 30 kilómetros se pasa de una región árida, casi desértica, al ambiente increíblemente lluvioso del litoral pacífico. Pero tal vez el caso más prodigioso de variedad climática y ambiental es el de la Sierra Nevada de Santa Marta. Es una gran montaña de forma piramidal, con solo 80 kilómetros cuadrados en su base. En una distancia horizontal de solo 47 kilómetros, la Sierra se eleva de las blancas y ardientes arenas del mar Caribe a las nieves perpetuas de los picos Simón Bolívar y Colón, los más altos de Colombia, con casi 5.800 metros de altura. Es la montaña costera más elevada del mundo. Usando los caminos prehispánicos, un hombre a pie podía pasar en poco tiempo por casi todos los climas y pisos térmicos y proveer a la mesa del cacique con pescado fresco del mar y tubérculos de los páramos.

Esto para no hablar de aquello que los científicos llaman microclimas y microambientes, que en esencia se presentan cuando en un área muy pequeña, incluso de pocos metros, existen condiciones propias y distintas a las de las áreas circundantes. No es raro el caso de que un campesino pobre de los Andes pueda cultivar a la vez naranjas y papas en su pequeña propiedad, gracias a la magia de los microclimas.

La cobertura vegetal original de Colombia. Los árboles no dejaban ver el bosque

Una forma de reconocer la variedad de climas, regiones, ambientes y suelos es mirando la vegetación. Desde luego esta cambia según la altura y la temperatura (pisos térmicos), la composición del suelo, las lluvias, la humedad del ambiente, etc. Pero también cambia con el tiempo y, para utilizar los términos de la economía clásica, con el trabajo y el capital. Aquí es donde entran los habitantes a la escena.

Colombia en la época de la creación, antes de poblarse. Tal vez no sería el Jardín del Edén sino más bien el Bosque del Edén, pues los científicos suponen, por el potencial de los suelos y otros factores, que el 86% del territorio estaba cubierto de árboles. El resto eran sabanas, páramos, desiertos y agua. Entonces llegaron los primeros habitantes, los pueblos prehispánicos, los españoles, la independencia, las guerras civiles, la paz con todos sus horrores, el café, la violencia y el narcotráfico y el territorio colombiano ya no fue el mismo.

Así era la vegetación de Colombia (antes de nosotros)

 Bosques: 982.500 Km2 (86,2%)  Sabanas: 130.500 Km2 (11,4%)  Matorrales y desiertos: 11.000 Km2 (1,6%)  Páramos: 18.000 Km2 (1,6%)  Agua y pantanos: 29.000 Km2 (2,6%)

Colombia: cobertura vegetal original

BOSQUES (86,2%) SABANAS (11,4%) Todo el resto (2,6%)

Véase también


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Créditos

Efraín Sánchez, investigador. 2020