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Ignacio Gutiérrez Vergara
Información
Nombre Ignacio Gutiérrez Vergara
Fecha de nacimiento 1900-01-3000:00:00
Nacionalidad Colombiana
Ocupación Político, secretario de Hacienda, estadista y periodista
Ciudad de nacimiento Bogotá
País de fallecimiento Colombia
Ciudad de fallecimiento Bogotá
Fecha de fallecimiento 1900-01-03 00:00:00
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Político, estadista y periodista nacido en Bogotá, el 30 de julio de 1806, muerto en la misma ciudad, el 3 de noviembre de 1877. Ignacio Gutiérrez Vergara fue un periodista casi profesional. Redactó en 1831, por nombramiento oficial, El Constitucional de Cundinamarca. Ayudó al arzobispo Manuel José Mosquera en la redacción de El Catolicismo, y fundó La Unidad Católica (1869-1870). Aparte de su colaboración en El Argos y El Observador (1837-1840), escribió luego para El Día, La Civilización, La República, El Bien Público y El Tradicionista. Figuró mucho como estadista en el movimiento político de su época. Sus numerosos trabajos sobre crédito público, y en especial las memorias que publicó como secretario de Hacienda del presidente Mariano Ospina Rodríguez, le asignan un lugar de preferencia entre los obreros concienzudos y útiles a la república.

Presidente designado durante la toma militar de Mosquera

Entonces fue cuando ocurrió el episodio más destacado de su vida. Ocupada Bogotá en julio de 1861 por las fuerzas revolucionarias del general Tomás Cipriano de Mosquera, había aún fundadas esperanzas de que el gobierno legítimo se restableciese. Entonces don Ignacio Gutiérrez Vergara, que había sido ministro del último presidente constitucional, asumió el mando, conforme a la Carta Fundamental de 1858, por ser el de mayor edad entre sus colegas de gabinete, y ejerció el Ejecutivo desde su escondite. En efecto, él se había asilado en la Legación Francesa, el día en que Mosquera entró en la capital. De allí salió disfrazado de artesano en la noche del 30 de julio, para ir a ocultarse en la antigua casa de su abuelo, don Pantaleón Gutiérrez, situada en la vecindad del Puente de Lésmez, a orillas del río San Agustín. Buscándolo el vencedor, hacía desocupar y asediar manzanas enteras para forzarlo a rendirse por hambre; y como alguna vez acertase con la manzana en que se hallaba escondido el representante de la legitimidad, le hizo sufrir privaciones acerbas.

No hubo medio a que el supremo director de la guerra no apelase. Se valió para reducirle, desde los términos amistosos hasta la amenaza de fusilarle, embargándole sus bienes y persiguiendo a sus hijos, menores de doce años. Aún más, acudió al soborno, tentándolo con halagadoras promesas. En cierta ocasión le mandó decir Mosquera que aunque como presidente provisorio había ordenado que lo prendiesen y fusilaran, como amigo y pariente le ofrecía un seguro asilo en su casa. Gutiérrez le contestó: “No dudo de la sinceridad del caballero; pero en un mismo alcázar no pueden vivir dos alcaides”. Todo esto provocaba más y más cada día las iras del dictador, hasta que al fin, asediado de todos modos, juzgó don Ignacio indispensable mudar de escondite, lo cual puso por obra la noche del 18 de enero de 1862; para ello le fue preciso descolgarse por una pared, y al caer tuvo la desgracia de quebrarse una pierna contra las piedras del río.

A pesar de tan grave accidente, se hizo trasladar esa misma noche, extendido en una tabla, a casa de doña Magdalena Caicedo, donde, siete días más tarde, una cobarde delación lo entregó inválido, maniatado, en poder de los vencedores. El 26, fue conducido entre un piquete de soldados al cuartel de San Agustín. Mosquera le ofreció entonces la libertad, si renunciaba a su empeño de considerarse como jefe del poder ejecutivo, amenazándole con la muerte en caso de negarse a ello. Los deberes no se renuncian contestó don Ignacio-, y estoy dispuesto a morir. Dos veces dio el general la orden de fusilar a Gutiérrez Vergara; y en ambas ocasiones recibió éste la nueva con su sonrisa habitual, sin palidecer ni dar la menor muestra de temor. Las amenazas y aparato de ejecutarlo llegaron al extremo de bajarlo hasta el patio del cuartel, en camilla, cuando empezó el ataque de la guerrilla de Guasca contra el convento. Pero los secretarios de Mosquera ignoraron arrancar del patíbulo a aquel bello ejemplar de héroe civil.

Gustavo Otero Muñoz

Bibliografia

Parientes

Citas dentro del texto

Enlaces externos

  • Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.