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[[Archivo:La montaña del Sargento, entre la ciudad de Honda y Guaduas.jpeg|miniaturadeimagen|derecha|La montagne du Sergent, entre la ville de Honda et Guaduás (La montaña del Sargento, entre la ciudad de Honda y Guaduas) Acuarela sobre papel. Colección de arte del Banco de la República François Désiré Roulin, 1823]]
  
 
Aunque tuvieron muchas motivaciones para conquistar y poblar un territorio de enorme extensión como el norte de América del Sur, incluido el interés de la evangelización, para los españoles hubo una que las superó a todas: la búsqueda de oro. De todas las rutas de los conquistadores, dos fueron cruciales para la fundación del país moderno: la del nororiente, desde Santa Marta, en el mar Caribe. y la del sur occidente, desde Ecuador.
 
Aunque tuvieron muchas motivaciones para conquistar y poblar un territorio de enorme extensión como el norte de América del Sur, incluido el interés de la evangelización, para los españoles hubo una que las superó a todas: la búsqueda de oro. De todas las rutas de los conquistadores, dos fueron cruciales para la fundación del país moderno: la del nororiente, desde Santa Marta, en el mar Caribe. y la del sur occidente, desde Ecuador.

Revision as of 15:14, 18 May 2021

La conquista del territorio: el poblamiento de Colombia
Datos generales


Colombia ya tenía pobladores hace quince mil años. Los españoles llegaron al país hace alrededor de 500. ¿Qué significan 500 años frente a 15.000? Si representáramos quince mil años con una línea de diez centímetros y situáramos en ella los sucesos de la historia, la llegada de los españoles estaría apenas a tres milímetros del final. Y sin embargo, el impacto de la conquista y la colonización de los siglos XVI a XVIII hizo borrón y cuenta nueva en la relación de los habitantes con el territorio.

Quizás los cambios no consistieron tanto en el tamaño o la densidad de la población en las zonas más pobladas. Un cálculo conservador de la población indígena de todo el país a la llegada de los españoles pone la cifra en unas 800.000 personas. Sorprendentemente, hacia el final del período colonial, 250 años después, la población apenas llegaba a ¡796.000! Así mismo, en el siglo XVI, cuando entraron los conquistadores, la zona más densamente poblada era la parte norte de la cordillera oriental; también lo era al terminar el período colonial.

Los conquistadores españoles penetraron al país por todas partes, incluso por las selvas amazónicas y los llanos orientales, y lo recorrieron n todas direcciones. Sin embargo, sólo se establecieron en ciertos y determinados sitios.

La atracción del oro

La montagne du Sergent, entre la ville de Honda et Guaduás (La montaña del Sargento, entre la ciudad de Honda y Guaduas) Acuarela sobre papel. Colección de arte del Banco de la República François Désiré Roulin, 1823

Aunque tuvieron muchas motivaciones para conquistar y poblar un territorio de enorme extensión como el norte de América del Sur, incluido el interés de la evangelización, para los españoles hubo una que las superó a todas: la búsqueda de oro. De todas las rutas de los conquistadores, dos fueron cruciales para la fundación del país moderno: la del nororiente, desde Santa Marta, en el mar Caribe. y la del sur occidente, desde Ecuador.

La ruta del nororiente fue la inicial de la conquista, y allí fundaron las primeras poblaciones, incluida Santa María la Antigua del Darién, que tiene la fama de haber sido la primera establecida por los españoles en el continente, lo cual se hizo en 1510 por parte de Vasco Núñez de Balboa y Martín Fernández de Enciso. Más tarde fundaron Santa Marta (1525), Cartagena (1533) y Riohacha (1550). Esta ruta fue mucho menos fructífera en cuanto al metal precioso que la del sur occidente, lo cual es paradójico pues los españoles la siguieron inspirados en la leyenda de El Dorado. Hallaron en cambio, a gran altura sobre la cordillera, esmeraldas, sal y, sobre todo planicies fértiles y extensas, habitadas por pueblos amistosos. En una de ellas se fundó Bogotá en 1538, que se convertiría en capital del país.

La ruta del sur occidente fue la más rápida, extensa y exitosa en cuanto al oro. Lo hallaron en abundancia, incluso explotado por los indígenas, en las alturas de Pasto y Almaguer y a todo lo largo del curso del río Cauca, en cercanías de Popayán, entre Anserma y la actual Pereira y en la zona del pueblo de Santa Fe de Antioquia. Allí fundaron los primeros poblados importantes de Colombia después de los de la Costa: Cali (1536), Pasto y Popayán (1537), y Antioquia (1541), esencialmente centros de explotación y comercio de oro en esa época. Estas fundaciones, efectuadas en el curso de sólo cinco años con el oro en mente (1536-1541), fueron el núcleo de la geografía económica, social y política de la nueva nación. Con algunos ajustes en el curso de los siglos, es en esos sitios y en torno a los puertos del Caribe fundados antes, con todas sus ventajas y limitaciones, donde hoy vive la gran mayoría de los colombianos y donde ha transcurrido la mayor parte de su historia moderna.

La explotación de oro duró relativamente poco en los sitios originales y a fines del siglo XVI había disminuido considerablemente. Sin embargo, durante los siguientes 350 años el oro fue el producto de exportación más importante de Colombia, luego de descubrírsele en cantidades apreciables en la zona costera del Pacífico y en regiones apartadas de las montañas y los ríos de la Provincia de Antioquia, en la cordillera central.

Hubo una razón principal por la cual las inmensas vertientes del Orinoco y el Amazonas no fueron pobladas por los españoles: la falta de oro, que sólo se descubrió en el siglo XX en algunos lugares aislados. Sin embargo, la franja pacífica y las montañas de Antioquia estaban llenas de oro, pero estas también permanecieron despobladas. Y al contrario, el oro era escaso en la parte norte de la cordillera Oriental y, no obstante, allí se establecieron las poblaciones más numerosas del país. ¿Por qué? Lo que distingue a esta región de aquellas es, ante todo, el clima, y también la dispersión y belicosidad de los indígenas en las primeras. La falta de oro y el clima hicieron que los españoles dejaran e lado casi el 70% del territorio actual de Colombia, donde se encuentran los ríos más caudalosos y la mayor parte de la diversidad biológica de país.

El impacto del clima

Al hablar del clima como factor geográfico adverso para el poblamiento, no debe pensarse solamente en la temperatura. El elemento determinante es la humedad, en particular la cantidad de lluvia. Las áreas cálidas y secas se encuentran principalmente en la costa Caribe, donde los españoles establecieron sus primeros asentamientos, y en el valle del río Cauca, donde están Cali, primera ciudad importante del interior fundada por los españoles y Popayán, fundada en 1537. Hoy la tercera parte de la población del país vive en tierra caliente, precisamente en esos sitios, a menos de mil metros sobre el nivel del mar y con temperaturas superiores a 24 grados centígrados.


El poblamiento de las montañas

Dos terceras partes de la población de Colombia viven en las cordilleras, que ocupan la tercera parte del territorio del país, pero solo una parte mínima de ella está poblada. La cordillera Occidental sigue hoy casi tan deshabitada como en la época de la conquista. La mayor parte de la población de la cordillera central se encuentra en las faldas que miran hacia el occidente, hacia el río Cauca, mientras que sus faldas orientales, que miran hacia el Magdalena, están mucho menos pobladas. La cordillera Oriental, la más poblada, sólo lo está en realidad en su parte norte. Su parte sur es casi desierta.

El poblamiento del territorio comenzó casi simultáneamente por la tierra caliente, en la costa Caribe y el valle del río Cauca, y la tierra fría, en la región de Pasto y la parte norte de la cordillera Oriental. El poblamiento de la tierra templada tomaría casi cuatro siglos más. La tierra templada, entre 1.000 y 2.000 metros de altura y con temperaturas de 19 a 24 grados centígrados, abarca cerca del 10% del territorio. Su clima es agradable y las tierras fértiles, pero es la zona más quebrada del país. Es la verdadera montaña. Su conquista y colonización fue obra de colonos, campesinos pobres que despejaron montes y descuajaron selvas para fundar nuevas poblaciones y crear parcelas de labor desde la propia época colonial, pero especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, cuando se llevó a cabo lo que se conoce en la historia de Colombia como la “colonización antioqueña”, la conquista de la tierra templada en la franja de la cordillera central que mira hacia el río Cauca. Esta vendría a convertirse después en la zona más importante para el cultivo del café.


Islas rodeadas de tierra por todas partes

Pocas imágenes sintetizan mejor el balance de la historia del poblamiento de Colombia como la de un archipiélago de lugares habitados, separados por montañas, precipicios, selvas y caudalosos ríos. Una parte de la población en la costa Caribe, otra en las alturas del Nudo de los Pastos, otra en el valle del río Cauca, otra en las altiplanicies de la cordillera Oriental.

El Magdalena: la columna vertebral de las comunicaciones en Colombia

Colombia es un país de grandes ríos, pero casi todos ellos se encuentran en las selvas y llanuras poco habitadas. En el país más habitado sólo uno, el Magdalena, tiene la longitud y el caudal suficientes como para servir de vía natural de comunicación entre el interior y el mar. Es un río de 1.540 kilómetros de longitud, con casi novecientos navegables y cerca de 500 afluentes mayores, y se empleó hasta principios del siglo XX como enlace principal entre las provincias, y entre el interior y el mundo exterior. Aún en los primeros tiempos de la aviación, la ruta de los aeroplanos era sobre el río Magdalena. Pero el Magdalena es un río de navegación difícil, casi imposible en períodos secos. Mientras que un viaje por barco de Inglaterra a Santa Marta tomaba a un buque unos diez días, el recorrido desde Santa Marta hasta Bogotá, en lo alto de la cordillera Oriental, tardaba alrededor de un mes, y a veces hasta tres, en las condiciones más atroces. Esas condiciones climáticas hicieron del valle del Magdalena un lugar casi tan deshabitado como las selvas del Amazonas y la franja costera del Pacífico.


Las paradojas del poblamiento de Colombia

Solamente perduraron tres pueblos relativamente cercanos entre sí en los 1.600 kilómetros de la costa del Caribe, a saber, Santa Marta, Cartagena y Riohacha. Y solo uno en los 1.300 kilómetros del Pacífico, Buenaventura, fundada en 1540. No son muchos puertos marítimos para un país de más de un millón de kilómetros cuadrados, pero aun así, quinientos años después sólo hay dos puertos más, Barranquilla, en el Caribe (que “surgió” entre los siglos XVII y XVIII), y Tumaco, en el Pacífico (c. 1794).

En el poblamiento de la región Caribe hubo un episodio extraordinario por su magnitud y las condiciones en que se produjo. En solo cuatro años, entre 1774 y 1778 un solo hombre, Antonio de la Torre y Miranda, teniente coronel de infantería, fundó o refundó la nada despreciable cifra de 44 pueblos, la mayoría de los cuales existen hoy, algunos como capitales de departamento. El propósito de las autoridades españolas era reorganizar una población dispersa, que no se acogía fácilmente a las leyes. Para no hacer la lista tan larga, mencionemos solo unos cuantos: Arjona, San Benito Abad, Sincé, Corozal, Sincelejo, Sahagún, San Jacinto, Magangué, Lorica, Montería, San Pelayo y San Onofre.

Por otra parte, el poblamiento de las tierras altas no fue en absoluto homogéneo. Las características de las cordilleras y los intereses estratégicos de los conquistadores hicieron que las poblaciones quedaran dispersas por un inmenso territorio, separadas entre sí por enormes distancias de territorio fragoso y casi desierto. La capital, Bogotá, quedó situada a casi mil kilómetros del mar Caribe y de la comunicación con el resto del mundo.

Pero la mayor de las paradojas está sin duda en la relación entre el país habitado y el país poco habitado. La búsqueda de oro dio el impulso inicial al poblamiento, y el clima, ante todo la humedad, impuso las limitaciones. El resultado fue un país con cuatro quintas partes planas, húmedas y despobladas y una quinta parte montañosa, seca y densamente poblada.

Pero sucede que en el 80% húmedo y deshabitado del país están las mayores riquezas naturales. Allí está la mayor parte de su diversidad ambiental y biológica y allí están sus grandes ríos. Allí, en la aislada franja del Pacífico, una de las regiones más húmedas del mundo, se halló la mayor parte del oro que convirtió a Colombia en uno de los mayores productores del mundo en la época colonial. Allí se halló la quina, uno de los principales productos de exportación en el siglo XIX, y allí se encontró la mayor parte del petróleo que vendió Colombia al mundo en el siglo XX.

La quinta parte habitada es en su mayor parte fértil y apta para la agricultura, pero se ha utilizado principalmente para pastos, sin que Colombia haya sido nunca gran exportador de ganado o carne. Colombia fue, y continúa siendo, gran exportador de café. Para sorpresa general, a su cultivo se dedicó, en su mayor auge, sólo el uno por ciento del territorio nacional. El país habitado es en su mayor parte la zona de las cordilleras, en las que nacen los grandes ríos, pero a su paso por las partes pobladas son aún demasiado jóvenes y turbulentos, no aptos para la navegación de largo alcance con excepción de uno, el Magdalena, abandonado a su suerte con la construcción de carreteras y el establecimiento de la aviación a principios del siglo XX. Por paradójico que parezca, en uno de los países con más ríos y uno de los más húmedos en el mundo el agua es escasa para la mayoría de la población. El agua y la humedad están principalmente en las zonas menos habitadas.

Todo lo anterior deja varias lecciones y varios temas para reflexionar e interpretar la historia. Muchos atribuyen el subdesarrollo y los conflictos de Colombia al territorio. Demasiadas montañas y demasiado difícil comunicar y unir las zonas pobladas. Pero el problema no está tanto en el territorio mismo, sino en la relación con él de sus habitantes.

Véase también

Créditos

Efraín Sánchez, Historiador e investigador. 2020