La cuenca del río Orinoco como sustento

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A diferencia de otros ríos de nuestro país, el río Orinoco ha venido siendo navegable desde tiempos ancestrales. Grandes embarcaciones, botes de aluminio, canoas de madera grandes y pequeñas, han desafiado el caudal del río. En estos territorios el río es la carretera, la trocha, el camino que necesita de principios básicos y armoniosos para que no sufra fracturas. Pues bien, siguiendo la analogía con la carretera, el río, en su estado natural y/o poco intervenido, no necesita de maquinaria industrial técnica para que pueda ser navegado.

Ríos como el Orinoco, han sido históricamente marcados desde el siglo XIX, por expediciones principalmente europeas, germánicas y romances, lideradas por colonias políticas, que embarcaban a expedicionistas a aventurar las tierras del nuevo continente. Muchos de estos viajes con propósitos científicos que fomentaron el conocimiento en el primer mundo sobre la medicina y recursos naturales para el desarrollo de tecnologías industriales. Dentro de estos viajes encontramos personajes interesados en la biomedicina y etnobotánica como es el caso de Humboldt[1] y Bonpland (1814-19), Michelena y Rojas (1867) Creveaux (1883) y Chaffanjon (1889).

Por otro lado, también se lideraron misiones religiosas judeocristianas, que datan del siglo XVII (Triana, 1987), que instauraron el dogma cristiano a tal punto de eliminar por completo los sistemas de pensamiento mítico-religioso propios. Otras comunidades, han podido hacer un sincretismo donde las creencias locales se fusionan con las evangélicas o católicas. Dentro de las principales misiones que generaron mayor influencia en la región de la Orinoquía y Amazonía, se destaca la misión de la estadounidense Sophia Muller (Muller, 1988). De la mano con estas expediciones, también encontramos la migración periódica de individuos, trabajadores de compañías mineras transnacionales de explotación principalmente aurífera, “que han hecho no sólo un trabajo depredador de la floresta y los cauces de agua sino que han traído al lugar drogas, alcoholismo y prostitución así como la destrucción etnocida de los líderes comunitarios indígenas” (González, 2001). Así como también comerciantes de especies animales y vegetales, entre ellos pieles de jaguar, palma de chiquichiqui, y posterior bonanza cocalera. Cada una de estas expediciones en mayor o menor medida, han generado un impacto a escala humana (individual), comunitaria (colectiva) y ecosistémica (geográfica) importante. Muchos de estos encuentros han conllevado a modificar las economías y por ende las relaciones sociales locales. Estas modificaciones han generado tensiones históricas que desatan conflictos. Por tal razón, el río ha servido de mecanismo para que sociedades deciden abrir la grieta insurgente (Walsh, 2020) para huir de la violencia física y simbólica que se desprende de los encuentros entre el llamado primer mundo y los pueblos amerindios. La decisión de migrar, ha sido una de las principales razones por las cuales aún existen pueblos indígenas y criollos que conservan relaciones más armónicas con el medio, con el río.

Con el anterior breve sumario de los sucesos económicos y sociales que han ocurrido en una temporalidad específica, también podemos encontrar los siguientes tipos de relaciones que se siguen tejiendo en el río. Muchos de los pueblos acentuados en la cuenca de la Orinoquía, establecen sus relaciones económico-sociales, bajo cierto temporal que es, cíclico y anual.

Pesca: principal actividad extractiva, precursora de las relaciones sociales, económicas y culturales de la región

El sistema ecológico anual es el que ha venido condicionando dichas relaciones; los ciclos de pluviosidad, condicionan los flujos y fluctuaciones del río. Cuando el caudal del río baja, que por lo general es indicador de verano (épocas de poca lluvia), las personas limitan al máximo los trayectos largos, porque los viajes suelen ser peligrosos[2]. En cambio, cuando el caudal del río sube (épocas de invierno), la navegabilidad es mucho más segura.

Las actividades pesqueras responden a ese ciclo ecológico donde, por ejemplo, en los tiempos de subienda donde los peces nadan en su proceso migratorio hacia aguas más calmadas para su reproducción, las comunidades ribereñas, indígenas y colonas, pescan en las orillas del río, en especial las cercanas a los raudales (rápidos) donde hay gran confluencia de peces.

La pesca es una fuente importante de alimento e ingreso económico. Comunidades ribereñas hacen uso gradual del recurso pesquero, que inicialmente es una actividad de subsistencia, luego un instrumento de intercambio y posteriormente un recurso económico (Salinas, Y. & E. Agudelo. 2000).

Como complemento de la dieta a base de proteína y grasas de pescado, las poblaciones ribereñas también se alimentan de productos cultivados por ellos mismos, donde se destaca gran diversidad de especies de hortalizas y tubérculos. Son poblaciones agricultoras del bosque y la sabana, que a diferencia de las prácticas técnicas de agricultura comunes dentro del campesinado colombiano, estos productores desarrollan una serie de prácticas que permiten que, en una temporalidad, la tierra se regenere sin la necesidad de aplicar insumos agroquímicos para obtener su fertilidad.

A grandes rasgos esta regeneración de la tierra consiste en que se sustituya la capa vegetal del bosque original con una nueva, colmada de semillas y “plantas útiles” que se consumen directamente o funcionan como anzuelo para atraer especies animales de caza. En ese sentido, la economía agrícola itinerante, y la importancia de que estos ecosistemas no sean intervenidos por megaproyectos industrializados, constituye una de las razones para que estas poblaciones puedan tener un relevo generacional fundamentado en principios de los derechos humanos DD. HH.

Es entonces el río una fuente de recursos naturales para la supervivencia y economía de la región, pero también es el medio para que se puedan articular todas las relaciones sociales y económicas. Pues en los distintos tramos, el río provee espacios de encuentro comercial, filial, social. Razón por la cual, ríos como el Orinoco deben ser protegidos. Esperemos que se sigan fomentando iniciativas para un manejo sostenible, de manera que el río Orinoco no pierda el volumen de riqueza natural, como lo ha perdido el río Magdalena.

Para finalizar, en las últimas décadas, ha existido un nuevo tipo de economía derivada del turismo. Esto ha permitido que agencias locales, regionales y extranjeras aprovechen el potencial natural y “verde” de la zona. Sin embargo, es necesario que se refuerce el enfoque de ecoturismo y turismo cultural, que se establezcan reglamentos internos en cada uno de los pueblos y comunidades aledañas, respecto al manejo de la población fluctuante de turistas. Esto con el ánimo de evitar molestias a nivel local que pueden ser ocasionadas por ese choque cultural que se crea con personas que son totalmente externas y que poseen vidas opuestas a las locales. Asimismo, dentro del control de las economías del turismo, se deben afianzar valores locales, en especial a lo referente con los niños, niñas y adolescentes para evitar situaciones que suelen ser frecuentes en sitios destacados por recibir turistas como es el caso de la explotación/turismo sexual.

Referencias

  1. Para más información explorar Alejandro deVon Humboldt, viajes por Colombia: https://www.banrepcultural.org/humboldt/orinoco1.htm
  2. Presencia de rocas, troncos, corrientes que pueden hacer naufragar la embarcación.

Bibliografía

1. Banco de la República. (n.d.) Viaje de Humboldt por Colombia y el Orinoco. Alejandro Von Humboldt. Viajes por Colombia. Recuperado de: https://www.banrepcultural.org/humboldt/orinoco1.htm

2. Cabrera, G. Setenta años de misiones protestantes en el Vaupés: 1940-2010, el caso de la Msisión Nuevas Tribus. Boletín Cultural y Bibliográfico. Vol. XLIX, NUM. 89, 2015.

3. Chaffanjon, J. (1986). El Orinoco y el Caura. Caracas: Fundación Cultural Orinoco.

4. Crizón, I. & A. Etter. (2001). Por los territorios de la Marama, la extracción de la fibra de chiqui–chiqui en la Amazonia colombiana. Bogotá: Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo - IDEADE.

5. Crevaux, J. (1883). Voyages dans l’Amérique du Sud. Paris: Liv. Hachette.

6. Humboldt, A. (1991) [1814-19]. 2a edición. Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente. 5 tomos. Caracas: Monte Ávila Editores.

7. Michelena y Rojas, F. (1983) [1867]. Exploración oficial por la primera vez desde el norte de la América del Sur... : bajada del Amazonas hasta el Atlántico ... Viaje a Río de Janeiro ... de 1855 hasta 1859. Caracas : Editorial Gestión.

8. Muller, S. (1988) His voice Shakes the Wilderness. New Tribes Mission, Sanford, FL 32771, USA.

9. González, Ñañéz. (2001). Multilingüismo, Etnias y Culturas Indígenas en el “Noroeste Amazonico” del Estado Amazonas de Venezuela.FERMENTUM Mérida-Venezuela-ISSN0798-3069-AÑO11-No32-SEPTIEMBRE-DICIEMBRE- 2001-360-370

10. Triana G. (1987). Puinave, introducción a la Colombia amerindia. Instituto colombiano de antropología e historia.

11. Salinas, Y. & E. Agudelo. (2000). Peces de Importancia Económica en la Cuenca Amazónica Colombiana. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi. Programa de Ecosistemas Acuáticos. Bogotá. 140 p. ISBN: 9589687806.

Referencias a colecciones del Banco

Referencias a artículos del Banco

  • Apertura de caminos hacia los feroces llanos [1]
  • Geografía Humana de Colombia. Región Orinoquia Tomo III [2]
  • Geografía económica de la Orinoquia [3]