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Revision as of 21:27, 6 September 2018

María Villa
Información
Nombre María de los Ángeles Villa
Fecha de nacimiento 11/16/1938
Nacionalidad Colombiana
Ocupación Pintora
Primaria Colegio de las Franciscanas de Bucaramanga.
Bachillerato Colegio de las Franciscanas de Bucaramanga.
País de nacimiento Colombia
Ciudad de nacimiento Guarne, Antioquia
País de fallecimiento Colombia
Profesionales autodidacta
Images


María de los Ángeles Villa nació en Guarne (Antioquia) en 1909. Como muchos de los artistas denominados primitivistas, fue una pintora autodidacta. Comenzó su carrera artística pasados los 50 años y su original estilo le permitió inscribirse en la historia del arte colombiano.

Villa fue hija natural de una campesina viuda. Desde joven se mostró independiente y, como muchas jóvenes que no tenían posibilidades de ir a la escuela, viajó a la ciudad más próxima, Medellín, en busca de un mejor futuro. Desempeñó varios oficios, entre ellos: empleada del servicio doméstico, dependienta de una droguería y, gracias a los ahorros recolectados tras años de trabajo, tendera de un pequeño local del barrio donde vivía.[1]

Nunca fue cercana al arte, ni siquiera reconocía las obras de los artistas encumbrados por la historia y los críticos y no visitaba museos. Solo se aproximó a la pintura gracias a Federico Vargas, un pintor 32 años más joven que ella y quien fue su esposo durante diez años. Vargas pintaba con gran destreza: sus paisajes eran tan perfectos como disponía la academia y resolvía sus retratos con rapidez y gran técnica.

María admiraba el trabajo de su esposo y poco a poco, muchas veces a escondidas, empezó a tratar de copiarlo. Tomaba lienzos y pinturas e imitaba con el pincel los movimientos que Vargas hacía ver tan fáciles. Lo único que lograba, en sus propias palabras, “era hacer mamarrachos”. Así que se disgustaba con ella misma, dejaba todos los materiales de lado y pasados unos días volvía a intentarlo sin ver ningún cambio. Durante uno de sus episodios de impotencia frente a sus cuadros mal logrados, su esposo descubrió sus pinturas y la llenó de halagos. Ella reaccionó con incredulidad ante lo que él le decía acerca de la potencia y libertad de su pintura. Vargas se opuso a que tomara clases de pintura, en cambio, la llevó, por primera vez, a un museo; le habló de la historia del arte y del poderío que veía en su obra, y gestionó algunas exposiciones en Medellín y en Bogotá. Así el nombre de María Villa fue ganando adeptos y sus obras ingresaron, con bajo perfil, a varias colecciones de personajes del mundo del arte y posteriormente a algunas colecciones públicas.

En la pintura de Villa sobresalen dos temáticas: el retrato y la imagen religiosa. Estas muestran lo más profundo de su obra y su sentido más visceral, pues nos remiten a sus creencias marcadas por un rígido cristianismo y por las personas más cercanas (los amigos y los amores). Para muchos su obra se ha sobrestimado al ser producto de un personaje que llama la atención por su historia de vida, pero más allá de esas descalificaciones la obra de Villa tiene una fuerza particular gracias al uso del color, el poder de la pincelada y la furia con la que plasma su firma una y otra vez.[2]

Al respecto de su obra, el crítico Darío Ruiz escribió:

"El error más grave al enfrentarse a la obra de María Villa sería el de mirarla como una pintura primitiva. Porque nada más lejano a ese mundo artificial en el que falsos campesinos, falsos obreros, falsas señoras, falsas muchachitas, pretenden mostrarnos torpemente lo que según ellos es la poesía, la ingenuidad. Pero por un imponderable —y los imponderables precisamente carecen de explicación— María Villa viene desde la pintura en el sentido riguroso y pleno. Y si aplasta a la pintura, si la pone en un límite es porque una inmemorial y extraña sabiduría le dicta ese movimiento de preguntarse por sí misma en un acto donde cada pincelada en un poner en cuestión cada cosa del mundo de un modo feroz."[3]

Villa dejó ver con sus obras y con su propia vida un alma libre, sin prejuicios y con una increíble bondad. En un acto heroico y de profunda valentía, ya en el umbral de su vejez y después de estar casada con Federico Vargas durante diez años, decidió separarse no por falta de afecto, sino porque comprendía que la diferencia de edad con su esposo le privaba a él de continuar su vida de una manera tradicional.

En la Colección de Arte del Banco de la República están presentes 16 pinturas de Villa. Su obra fue muy prolífica, pues pintaba sin cesar, día tras día, como quien desea librarse de los monstruos que viven en su cabeza, aunque guardaba las telas en una caja debajo de su cama. María Villa mantuvo siempre un espíritu primitivista que trascendía lo ingenuo y torpe para llegar a lo emotivo y al gozo casi infantil de descubrir el mundo. Tal vez sus obras más representativas y conocidas son los quince lienzos, con el tema del Viacrucis, que le fueron encargados por la administración del Pueblito Paisa en Medellín en 1986. Murió, en 1991, a los 82 años de edad, y fue siempre fiel a esa expresión vital que podemos ver aún hoy en sus cuadros.

Referencias

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  1. Jorge Orlando Melo, “La vida maravillosa de María Villa”, en El Tiempo, 9 de abril de 1995, consultado abril 26, 2016, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-311662. Volver arriba
  2. Santiago Londoño Vélez, “Arte antioqueño en la colección del Banco de la República”, en Boletín Cultural y Bibliográfico 44, n.º 74 (2014): 36-64.. Volver arriba
  3. Darío Ruiz Gómez, El arte en Antioquia y la década de los setentas (Medellín: Museo de Arte Moderno de Medellín, 1980)