Oficios tradicionales en la cuenca del río Orinoco

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La economía de las poblaciones ribereñas, basada principalmente en la agricultura itinerante de cultivos, acompañada por las prácticas de pesca y caza, esconde una serie de medios de producción para el desarrollo de todas sus actividades. La mayoría de estos medios de producción son elaborados con los propios recursos que el medio provee. Especialmente, estos instrumentos provienen de cortezas y fibras de plantas, entre ellas palmas como la de chiqui chiqui (Leopoldinia piassaba), el moriche (Mauritia flexuosa), entre otros. Con estas hojas de estas palmeras, se crean un sin número de materiales que se utilizan durante todas las actividades sociales y laborales; en el procesamiento de los alimentos, en las embarcaciones e implementos para remar, en las trampas para la pesca y las armas de casería. También, algunas especies maderables como el castaño (Pachira aquatica Aubl), entre otros, son utilizadas en la arquitectura de las viviendas y malokas, así como en la elaboración de bongos (canoas).

Cada uno de estos oficios está marcado por relaciones intergeneracionales y de género. Los primeros años de vida, los niños y niñas están en contacto casi permanente con la madre. Antes de los cinco y seis años, las niñas empiezan a ayudar a la madre o a las hermanas mayores con los oficios habituales como ayudar a cosechar y limpiar el conuco, recolectar agua y leña. A los niños, hombres, de 6 y 7 años se les permite acompañar a su padre o hermanos mayores en los trayectos de caza, pesca y recolección de frutos del bosque.

El oficio en el conuco y la elaboración de herramientas, es un trabajo que se realiza en conjunto. Mujeres y hombres se dividen las tareas por hacer, de manera que la fuerza de trabajo se distribuye de manera equitativa de acuerdo a las habilidades de mujeres y hombres. Por lo general, la tumba y quema, pasos iniciales para la agricultura itinerante, son realizados por los hombres, que se ayudan de herramientas adquiridas por comerciantes como lo son las hachas, machetes, sierras manuales. En las siguientes semanas, las mujeres se encargan de esparcir las semillas, limpiar y cosechar los productos que van siendo depositados en el catumare[1] para poderlos cargar de regreso a casa.

Una vez en casa, las mujeres se dedican a la elaboración de los alimentos en base a la tecnología milenaria de extracción del cianuro contenido en diversas variedades de yuca. Cuando la cosecha es abundante, hombres ayudan a pelar la yuca y/o realizar otra actividad pendiente. Sin embargo, lo habitual es que las mujeres se encarguen de las labores domésticas (preparar alimentos, organizar el hogar, lavar los utensilios y las prendas de vestir).

En sociedades en donde aún se conservan las figuras chamánicas, por lo general masculinas, observamos que los hombres “entran a la cocina”. Es decir, los hombres, aquellos que conforman el sistema chamánico local, son los que elaboran las medicinas que se suelen usar para que se puedan realizar los sucesos mágico-religiosos-terapéuticos.

Retomando la idea de la elaboración de los medios de producción, se encuentra que el oficio de elaboración de los insumos y materiales para los trabajos cotidianos, es realizada tanto por mujeres como hombres. El tejido es entonces una labor familiar y comunitaria. Lo mismo sucede con la fabricación de bongos (canoas) donde los abuelos acompañados por lo general de jóvenes y niños, enseñan el conocimiento y a través de este se refuerza el tejido social en las familias y comunidades.

De la mano con estos oficios tradicionales, se han venido presentando nuevos oficios que han aparecido gracias al contacto que han tenido las comunidades con las poblaciones colonas y los entes institucionales. Este contacto ha redefinido el tejido social de las comunidades. Por tal razón han surgido nuevas necesidades, nuevas labores y nuevos intereses por realizar. Es por esta razón, que es frecuente encontrar que en las poblaciones ribereñas haya una mayor dependencia en adquirir insumos externos (como por ejemplo, alimentos enlatados o antenas de televisión, entre otros). Esto, sumado a los conflictos internos que surgen en la región, en parte, por disputas territoriales de frontera por el control económico de los recursos naturales y sus derivados.

El contacto que lleva más de 90 años con individuos ajenos a la región, como por ejemplo comerciantes, mineros, entre otros, ha permitido integrar ciertos oficios dentro del calificativo de “tradicionales”., pues siendo estas poblaciones ribereñas; recolectoras, agricultoras y cazadoras, han sido trabajadores de los sistemas económicos de explotación como lo es el caso de la explotación de pendare (Caucho), así como la explotación de pieles, en especial de güio (Boa sp.), caimán (Crocodylus intermedius), tigre (Panthera onca) y perro de agua (Pteronura brasiliensis). Y posteriormente explotaciones de la fibra de chiquichiqui (Leopoldinia piassaba). Cada una de estas actividades se desarrolló en una época en específica. Y aunque en la actualidad, existen muchas poblaciones conscientes del daño ambiental y ecológico del la matanza, destrucción y tráfico de estas especies, aún existen poblaciones que se dedican a estas labores.

Existe la necesidad en estos tiempos de cambios climáticos, que para el bienestar de las poblaciones ribereñas y, por ende, las poblaciones urbanas, se lideren procesos agroecológicos donde se subsane las intervenciones antropogénicas a escala local y global, para la regeneración de la capa vegetal que es el principio necesario para el ciclo de la vida natural, industrial y mecánico. Con el paso del tiempo, muchas comunidades ribereñas están sintiendo el efecto del cambio climático, deben recorrer distancias muy largas y, en muchos casos, vivir situaciones adversas para poder subsistir. La Orinoquía y Amazonía, con sus particularidades ecosistémicas necesita de un apoyo humano porque su reserva y poder regenerativo natural se está agotando. Esperemos que con estas reflexiones, se lideren procesos de investigación, académicos y tecnológicos que reviertan los daños.

Véase también

Referencias

  1. Canasto elaborado con dos cogollos de palma que posee una tira (corteza de árbol) para que vaya puesto en la cabeza (en la frente). La utilidad que presta el catumare es la de cargar leña, tubérculos, frutas, carne y pescado. Usualmente la mujer se encarga de movilizar el canasto, mientras el hombre va trazando el camino en el bosque, atento a la presencia de peligros y/o oportunidades de caza mientras se camina por el bosque

Bibliografía

  • Villarreal-Leal H., Álvarez-Rebolledo M., Hi- guera-Díaz M., Aldana-Domínguez J., Bogotá- Gregory J. D., Villa-Navarro F. A., Von Hildebrandt P., Prieto-Cruz A., Maldo- nado-Ocampo J. A., Umaña-Villaveces A.M., S. S. y F. F. (2009). Caracterización de la biodiversidad de la selva de Matavén (sector centro-oriental) Vichada, Colombia. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas de la selva. (A. E. L.-G. Editores, Ed.). Bogotá, Colombia
  • Trujillo, F., J. S. Usma & C. A. Lasso (Editores). 2014. Biodiversidad de la Estrella Fluvial- WWF Colombia, CDA, Fundación Omacha, Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, Colombia. Bogotá D.D

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Créditos

1. Abril de 2022. Investigación y texto Laura Rodríguez para el Proyecto: Río: territorios posibles Banrepcultural