Rosa María Aponte: la Pitufa

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Rosa María Aponte
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Datos generales
Nombre Rosa María Aponte
Fecha de nacimiento 01 de diciembre de 1957
Ocupación Ciclista
País de nacimiento Colombia Bandera de Colombia }}
Ciudad de nacimiento Pasca


Rosa María Aponte, conocida en el mundo ciclístico como la Pitufa, nació el 1 de diciembre de 1957 en Pasca, Cundinamarca. Cuando tenía 6 años se fue a Bogotá con Mariana Castellanos, una mujer acomodada que se ofreció a ayudarle a sus padres, Oliverio Aponte y Custodia Cortés, a educar a sus hijos a cambio de que hicieran los oficios de la casa. Se los llevó uno a uno, cinco mujeres y cuatro varones, hasta que todos pasaron por allí. Con ella Rosa María se aficionó al deporte. Practicaba atletismo, patinaje, baloncesto, pero sobre todo le encantaba tomar prestada la bicicleta de Mariana Castellanos y andar por el barrio.

Biografía

Pionera

Un fin de semana de 1984 la Pitufa estaba en el Simón Bolívar cuando vio a un grupo de mujeres ciclistas. Después de hablarles y de conocer a su entrenador, Efraín Forero, decidió unirse para entrenar con ellas. El Club Indomable Zipa fue uno de los grupos de ciclistas mujeres que más sonó en esos tiempos. La primera bicicleta que llevó Rosa María era prestada, no estaba hecha para carreras y pesaba mucho. A la semana siguiente del primer encuentro empezó a ir a las competencias a las que el grupo estaba inscrito.

Para igualar el nivel de sus compañeras, que llevaban varios meses entrenando, su rutina era estricta. Se levantaba antes de las cuatro de la mañana y corría por el barrio —vivía con Mariana Castellanos en la calle 121—, volvía a las cinco a preparar el desayuno de los niños y alistar todo para que salieran a estudiar. Trabajaba todo el día. En la noche, después de sus oficios, salía a la carretera o se iba al gimnasio hasta la medianoche. La Pitufa medía apenas 1,49 metros, era menuda pero muy fuerte. “Siempre que voy corriendo me dicen: ‘bien chino, muy bien’. Tal vez por mi pelo corto y la fortaleza con la que pedaleo me ven como un hombre. Pero cuando me bajo de la bicicleta se quedan callados. Al rato me dicen, ‘oiga, usted es una mujer, una verraca’” (Rojas, s. f.).